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Pablo Mosquera
Lunes, 21 de noviembre de 2016 | Leída 36 veces

¿Cuál es el problema: la política o los políticos?

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España tiene tres problemas que requieren arremangarse a los que son representantes de la soberanía popular: pobreza; asimetría; ingresos. Son la consecuencia de al menos dos hechos: modelo económico y partitocracia.


El modelo económico nos lleva a un escenario de gravísimo endeudamiento. Es brutal pensar que somos los ciudadanos de un país que debe una cantidad equivalente al 100% del PIB. Lo que antecede traduce la dependencia absoluta de los prestamistas, el gasto de los presupuestos está, en gran medida, comprometido para hacer frente a los intereses del capital y a la devolución del mismo.
 

Para salir del atolladero el modelo económico debería ser tal que generara riqueza y creara empleo estable para promover ingresos fiscales y cotizaciones a la Seguridad Social, todo ello, en una contención del gasto público, eligiendo muy bien las prioridades de tal.
 

Esta semana nos hemos encontrado con algo sabido por reiterado. En cuanto pasan las elecciones, Rajoy vuelve a mentir. Delante de la canciller alemana ha dicho que debe subir los impuestos. Volvemos al estribillo de aquella canción infantil ¡"vamos a contar mentiras"!
Al mismo tiempo, le ha encargado a su vicepresidenta que negocie con Cataluña. Esto quiere decir que Cataluña va a volver a ser la máquina delantera de un convoy en dirección a la asimetría del Estado de las autonomías. Cataluña, en el mejor de los casos, pide más recursos económicos y más autogobierno, ya no como un fragmento de Estado, mejor como un Estado asociado. En el peor de los casos, una consulta vinculante sobre el derecho a ser una nación con su propio Estado.

 

Otra noticia espeluznante. Una mujer ha muerto intoxicada por el humo de un incendio provocado por la vela que alumbraba su pobreza energética. ¿Cómo es posible que en España, un país desarrollado, miembro del primer mundo, convivan gentes como Amancio Ortega, la familia Botín, Florentino Pérez, o los directivos de las compañías del IBEX, con una legión de parias que van morando entre los comedores sociales de Caritas?
 

Entonces, haciendo un cóctel con todo lo que no nos gusta, ¿la política que se practica en España es la que los españoles señalan, con capacidad, para enfrentar problemas y aplicar soluciones?. ¿Está la política al tanto de un modelo de gestión del poder público que no tiene ni fuerza, ni imaginación, para cambiar de rumbo, evitando la deriva hacia el fracaso?       
 

Pero, todo indica que tal fracaso se debe a los que hacen la política, que, o no les afecta o les tiene sin cuidado, más allá de la casta en la que han conseguido instalarse. Si fuera así, no hay duda, la solución a los problemas de España no vendrá desde la política, y el sistema democrático del que dependemos está capturado por unos políticos incapaces de saber, querer, poder...
 

España es un país muy envejecido. Buena noticia al haber logrado alcanzar con éxito cualitativo y cuantitativo las mejores cifras de esperanza media para la vida. Pero tal escenario demográfico comporta más pensionistas y menos contribuyentes al sostenimiento de los recursos para la Seguridad sScial. Y así, desde hace tiempo, tenemos otra gravísima sombra sobre nuestras cabezas. Después de haber pagado más de cuarenta años las cuotas a la Seguridad Social, para garantizarnos una jubilación digna y proporcional al esfuerzo contributivo obligatorio, tenemos motivos para temernos el “crac” del sistema de pensiones públicas.
 

¿A quién puede afectar?. A los de siempre. A los mismos que hemos estado pagando el IRPF, a los mismos que nos han recortado los salarios, a los mismos que nos han subido los impuestos de los carburantes. Lo que se ha venido a llamar las clases medias del país.

 

Ahora somos clases pasivas con derecho a disfrutar del ahorro popular que hemos generado con cada nómina. Y nos asustan diciendo que sólo hay dinero para un año.
Pero, ¿cómo es posible tal despropósito con tintes de estafa?. ¿Cómo es posible que un Gobierno, con una ingente mayoría absoluta, no sólo lo haya promovido con su reforma laboral, es que no ha querido enterarse del gravísimo desajuste?

 

Pero tal problema no se ha vivido de la misma forma en todos los extractos sociales. Han seguido las pre-jubilaciones de la banca. Los grandes líderes de las compañías han cobrado insultantes cantidades como rescate de fondos para sus pensiones. En determinadas asambleas parlamentarias, sus señorías  se han asegurado trato de usía, de tal suerte que con escasa cotización al régimen general se han asignado las pensiones más altas del sistema y sin los tiempos de cotización que se aplican al resto de la clase trabajadora.
Tercera noticia que sorprende al personal. La gestora del PSOE decide castigar a los parlamentarios que han hecho uso del derecho constitucional a la libertad de voto, por colisión de tal derecho con el deber impuesto desde reglamentos que ignoran los contenidos de la Carta magna. Una vez más, queda patente que el representante de la soberanía popular se debe antes al partido que a la circunscripción electoral que le votó. Así se consolida la perversión de la democracia, mediante la partitocracia.

 

La política debe ser el arte de gobernar. Gobernar es resolver los problemas de las gentes. Los partidos políticos son meros intermediarios entre el poder popular y el poder que se gestiona en las instituciones públicas. Los políticos deben "obediencia" al pueblo. Para ser útil como político se requieren dos condiciones: cultura y decencia.       

 


 

 
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