Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 21 de noviembre de 2016 | Leída 224 veces

Independentismo valenciano pancatalanista

Interrumpo esta semana la serie de artículos que he iniciado en La Tribuna del País Vasco para recuperar una memoria que no gusta a los “memoristas” guerracivilistas. Continuaré en próximas semanas con asuntos de suma importancia para aquellos que creemos en la decencia, en la libertad y en la democracia constitucional.


Esta semana toca Valencia, que no se caracteriza en los últimos tiempos por las naranjas sino por aquellos que, aprovechándose del hartazgo de los levantinos por la corrupción del PP, están un tanto levantiscos, en clave de revolución podemita con fuertes ingredientes de pancatalalanismo cultural y de destrozo del legado colectivo.  Sí, digo catalanismo pues están intentando colar la lengua de los catalanes, reemplazando la autóctona, y no digamos la que es común de todos los españoles. Pero no se queda el asunto ahí…
 

El Consejero de Educación del Gobierno valenciano apoyó la última Diada, y aboga por respaldar “la realidad política de los países catalanes” que, según Marzá, incluyen al que fue Reino de Valencia que, como es sabido, fue creado por Jaime I el Conquistador y duró desde el siglo XIII hasta inicios del XVIII. Pero expliquémosles a estos iletrados, incluido el consejero, que Barcelona fue un condado; Valencia, reino, y Aragón la Corona que los englobó a todos. Es más que evidente que nunca existió la Corona catalana-aragonesa, sino Corona de Aragón; de lo que se deduce que carece de legitimidad histórica lo de “Países catalanes”.
 

Los tuits del señor Marzá, ya borrados, eran partidarios de la independencia de Cataluña, en consonancia con la entrevista que le hicieron recientemente en Radio Terra, donde defendió, en relación a la Díada, que “sin Valencia no hay independencia” y que para ello es necesario la “desobediencia” -se entiende a las leyes y al Estado de Derecho-.
 

Si a alguien le cabe alguna duda de que Compromis, miembro del tinglado podemita, es un partido nacionalista, más vale que se haga cargo de la realidad, antes de que le entren hasta la cocina. De ahí el celo adoctrinador y el empeño cerril de desplazar el castellano —español— de las aulas, que está llevando con un celo implacable.
 

Cuando en una comunidad —la que sea— ponen en marcha los mecanismos de sustitución de la lengua de todos los españoles por otra que califican como “propia” —no existen lenguas propias de territorios, sino de personas— pónganse a temblar. Después manipularán la historia, desarrollarán todo tipo de argucias para diluir el currículo en un magma de ignorancia de todo atisbo humanístico, pondrán asignaturas intrascendentes para abolir el pensamiento, el sentido crítico, y la verdad sobre el origen de las cosas y el sentido antropológico real de  pertenencia; y se opondrán a cualquier norma que tenga como objeto la homologación y la exigencia que cabe esperar en la formación intelectual de nuestros hijos y nietos.  Eso es lo que está pasando hoy en Valencia. Pero no nos engañemos: no es solamente en Valencia. Como ocurre en Navarra, por poner un ejemplo, se están acelerando los procesos para ponérselo difícil a aquellos que vengan después.  Pruebas hay de sobra, pero solamente voy a citar los titulares del Diario de Navarra del pasado viernes, día18 de este mes: “UPN y PSN denuncian un ‘rebrote’ de pintadas e ikurriñas en las calles”, “El PSN pide que se eliminen los símbolos de todo tipo de mobiliario”, “UPN denuncia las pintadas aparecidas contra el cierre del Gaztetxe”.
 

No es la primera vez que los nacionalistas han tratado de trocear España, e incluso ofrecer a los británicos un corredor en la Península para conectar el Atlántico con el Mediterráneo, a fin de lograr el apoyo de la inteligencia inglesa.
 

El 10 de noviembre de 1938, Luis de Arana Goiri, enviaba a Londres un Memorándum de nueve páginas a la atención del Vizconde de Halifax:
 

"Que Inglaterra en colaboración con Francia, por tratarse de territorios vecinos a ésta, se declaren protectores para la formación, y luego con el título efectivo, de los dos estados políticos o Repúblicas que habían de formarse del Pirineo al Río Ebro; la una Vasca, bajo la denominación de Euzkadi y el protectorado efectivo de Inglaterra, y la otra latina, catalano-aragonesa, bajo el protectorado de Francia, ambas repúblicas completamente independientes una de otra; consiguiendo así nosotros, los patriotas nacionalistas vascos, el bien que anhelamos para nuestra patria Euzkadi Peninsular, conseguiría también para sí misma Inglaterra la posesión de la vía terrestre más corta de acceso al Mediterráneo comenzando en el Golfo de Bizkaya (sic) en Bilbao y terminando a los 400 kms aproximadamente, en línea recta, en un puerto que a Inglaterra conviniera en el Mar Mediterráneo próximo a las Islas Baleares. Su colaboradora Francia conseguiría por este hecho para sí misma con su protección a esa república latina catalano-aragonesa la supresión de toda una extensísima frontera pirenaica peligrosa y adversa para ella con una España probablemente adicta a Italia y Alemania. ¿No hay así compensación al sacrificio que Inglaterra y Francia se impondrían aceptando esta proposición? ¿No hay concurrencia de bienes para unos y otros?"
 

Desgraciadamente, los partidos constitucionalistas desde la transición política están dejando campar a sus anchas a los nacionalistas y esto es debido a su falta de visión político-estratégica a largo plazo; solo les ha movido la pretensión ruin y alicorta de tenerlos contentos para que les dejen formar gobierno.
 

Cuando el hartazgo y la consciencia de los ciudadanos engañados lleven a eliminar cualquier rastro de la presencia de esta ralea en las instituciones y vida pública, para recuperar lo que no se tenía que haber perdido,  puede que sea tarde; y la democracia, tal como la conocemos hoy, ya no exista.  Eso, si no sucede, como está ocurriendo ya, que el cambio de la cosmovisión de las gentes ha tenido tal profundidad en la comedura de “coco” que no haya vuelta de hoja, pues lo que eran ciudadanos libres se hayan convertido en clones y reproductores, al son de consignas,  de teorías carentes de cualquier criterio fundado en hechos objetivos y de pensamiento autónomo.


Ya lo dice Iñaki Ezkerra en su excelente libro "Los totalitarismos blandos", que comentaré próximamente: “Decimos de estos nuevos totalitarismos que son blandos porque adolecen de todos los simulacros morales y todas las estructuras mentales de la posmodernidad. ‘Lo blando’ no es sinónimo  de ‘inocuo’, como no lo es tampoco ‘lo débil’  que, por naturaleza, tiende más que  ‘lo fuerte’ a protegerse. Como no lo es ‘lo líquido’, un concepto  que hemos banalizado y al que le hemos perdido el respeto a base de invocar a Bauman. Lo líquido tiene una capacidad de filtración, de calar y de colarse que no tiene lo sólido. En los controles policiales que hay en los aeropuertos, los líquidos son siempre observados con la mayor prevención. Son lo primero que se incauta cuando sobrepasa unas minúsculas dosis. Los líquidos y los objetos punzantes.”  
 

A ver si se enteran.

 


 

 
Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress