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Yolanda Couceiro Morín
Miércoles, 23 de noviembre de 2016 | Leída 322 veces

Bataclan: Del horror a la sumisión

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Hace poco más de un año tenía lugar el atentado contra el local parisino Bataclan, reivindicado en nombre del Estado Islámico. Para su reapertura se ha organizado una función especial con la presencia de artistas de renombre internacional. Entre ellos, el británico Sting, adepto de la meditación y del orgasmo tántrico, según propia confesión, defensor del burkini, enemigo jurado de los climatoescépticos y de los que no aman la multiculturalidad. También canta.

 

Lo ocurrido en esta esperada reapertura se inscribe en el panorama de nuestra indigna época. Es una prueba más de ese espíritu de capitulación que prevalece en Europa. Apenas limpiada la sangre de las víctimas y repintadas las paredes del local, todo ha vuelto a ser como antes: aquí no ha pasado nada que merezca la pena plantearnos si se está yendo por el buen camino. Al contrario, pareciera que la sangre derramada confirmara a este sistema en la justeza de su dirección. El Islam ha sido absuelto una vez más de otra de las innumerables fechorías cometidas en su nombre a mayor gloria de Alá. Ya sabemos que el verdadero enemigo de nuestras sociedades es el fascismo, el racismo y hasta el nazismo. Los crímenes de estas nefastas ideologías inundan a diario en riadas imparables nuestras calles y plazas, es cosa sabida.

 

Resumiendo: los miembros de la banda norteamericana que actuaba ese fatídico día en el Bataclán no sólo no han sido invitados a la ceremonia de reapertura y al consiguiente homenaje a las víctimas del atentado, sino que han sido literalmente prohibidos de entrada. Los "Eagles of Death Metal" han sido decretados persona non grata en el concierto organizado. ¿El motivo? Las declaraciones que han hecho en diversas ocasiones sus componentes acerca del peligro islámico, o sea su notoria "islamofobia", pecado capital en estos días de sometimiento ovejuno a los dictados de lo política e islámicamente correcto.

 

El dueño del Bataclan, un tal Jules Frutos, ha declarado, ufano, a la prensa: "Han llegado (los miembros del citado grupo), y los he echado. Hay cosas que no se pueden perdonar". Un perfecto producto de la degeneración de este sistema, un servil peón del orden establecido. Este personaje presume de haberle cerrado el paso a dos miembros de los "Eagles of Death Metal" este sábado 12 de noviembre, con ocasión del concierto en la sala parisina, un año después de la masacre que dejó 90 muertos y cientos de heridos (en total fueron unas 140 víctimas mortales en los diversos atentados de ese día). Ya sabemos que el Islam no tiene nada qué ver con todas esas barbaridades, y que se impone como un deber cívico pararle los pies a los propagadores del odio. Otro que tiene bien aprendida la lección.

 

El manager del grupo ha desmentido esa versión, ya que según ha declarado, los cantantes no intentaron entrar en el local, sino que simplemente se acercaron a las puertas del mismo para rendir su personal homenaje a las víctimas. Ese detalle marca la verdadera vileza que es la marca más auténtica de estos personajes del Sistema empeñados en cubrirse cada día que pasa con algo más de lodo al servicio de la voz de sus amos. Por su parte, Jesse Hughes, el líder del grupo, ha sido lapidario: "Este cobarde de Jules Frutos no ha tenido empacho en ensuciar la reapertura de su propio local difundiendo falsos rumores ante la prensa". En efecto, el director del Bataclan, siguiendo las directrices del gobierno socialista, trata de impedir que el relato oficial de los acontecimientos se escape del control político. El Islam es una religión de paz, amor y tolerancia, y no es tolerable cualquier disidencia en ese terreno.

 

Jesse Hughes se había convertido en un "indeseable" (¿tal vez en un "deplorable"?) en el mismo momento en que empezó a relatar lo que él personalmente había presenciado ese día: fallos en el servicio de seguridad de la sala, musulmanes festejando en las calles a los pocos minutos de la masacre, boicot de los musulmanes al minuto de silencio (que silbaron y abuchearon) convocado el día después de los atentados... Además había hecho en diversos momentos sendas llamadas a la toma de conciencia del peligro islámico.

 

Las autoridades francesas han estado presentes en ese acto de reapertura y en el concierto, en el que ha actuado Sting. Éste si es persona grata, ya que ha tenido el acierto de enriquecer sus ocurrencias y excentricidades de artista multimillonario con declaraciones altamente rentables y muy políticamente correctas, al gusto de los que mandan (todavía) en este lado de una realidad en constante movimiento. Nuestro hombre no ha tenido otra idea mejor que empezar su actuación con la invocación de "¡Insh´Allah!", lógica continuación de los gritos de "¡Allahu Akbar!" que abrieron las puertas del infierno. El anunciado homenaje a las víctimas se ha convertido al final en una declaración de amor al Islam. En lugar de una condena al terror islamista se ha llevado a cabo una ceremonia de solidaridad con la ideología que ha provocado la masacre. Los muertos sin duda apreciarán el detalle.

 

La tragedia se cierra en la farsa. El horror se ha convertido en sumisión. El ciclo está completo.

 


 
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