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Pascual Tamburri
Domingo, 27 de noviembre de 2016 | Leída 169 veces

Otegi y Bildu, socios de Barkos, creen que detener a un criminal es un acto de guerra  

Guerra, guerra. Si la policía detiene a un delincuente es porque “quiere guerra”. Si es el jefe de una banda de asesinos, la culpa es de la policía que no quiere “paz”. Si el precio de la paz es aplaudir el crimen, no la queremos.

[Img #10193]La policía francesa detuvo el día 4, con información y apoyo de la Guardia Civil, al actual líder de la banda abertzale ETA, Mikel Irastorza. Irastorza sustituyó en 2015 al frente de la organización criminal a David Pla e Iratxe Sorzabal, que fueron detenidos. Irastorza estaba escondido en Francia, como supuestamente los etarras que quedan ahora mismo armados, y junto a él se detuvo a la pareja que lo alojaba. Pero ETA existe, y el terrorismo existe, como vemos en Alsasua mal que le pese al Gobierno de Bildu, Geroa Bai y Podemos.

 

La organización terrorista de ultraizquierda ha quedado una vez más decapitada. Además, hace poco se capturó un zulo con 145 armas de la banda. Si los sucesivos Gobiernos españoles se hubiesen empleado a fondo contra ellos en los últimos años, la banda habría reconocido aún más claramente la realidad: han sido derrotados policialmente, y no hay tregua que valga. Sus únicas bazas existen porque se les tolera capitalizar el miedo y controlar una parte de la sociedad vasca y navarra. Y a esa lógica -lógica de terror y coacción- responde el ambiente creado en Alsasua, que tanto gusta a Uxue Barkos.

 

ETA tiene ahora mismo mucha más capacidad propagandística (gracias a los que no se han atrevido a disolver sus brazos políticos, mediáticos, culturales y sindicales) que medios para matar. Esto no es una “guerra”, y no lo es porque uno de los bandos no deja de ser un conjunto de asesinos además ya derrotado frente a dos Estados, con sus leyes, sus tribunales y sus fuerzas policiales.

 

Mikel Irastorza no es por tanto un “prisionero de guerra”, sino un criminal común que no debe obtener ningún beneficio por los objetivos políticos de sus delitos y los de su banda. Juan Ignacio Zoido se ha estrenado con una buena noticia en el Ministerio del Interior, y en cambio el líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi, condenado por pertenencia a la banda terrorista, ha opinado que cuestiones como la detención de Mikel Irastorza, demuestran que en España "hay un Gobierno al que no le interesa la paz". Será eso: que la paz sólo puede ser dándoles a ellos lo que intentaron conseguir matando. ¿O se refieren al Gobierno alsasuarra de Navarra?

 

El líder batasuno dice que "hay un gobierno que sigue en la lógica de guerra, al que no le interesa la paz y que trata permanentemente de obstaculizar los avances que se puedan producir en pacificación y convivencia en Euskadi". Como si la paz tuviese que venir o pudiese venir premiando a los terroristas, suavizando sus castigos o no digamos concediéndoles en todo o en parte sus objetivos.

 

¿Lógica de guerra? Ojalá la hubiese habido, porque el Estado habría usado toda su potencia para liquidar a la banda y a sus apoyos y se habría conseguido mucho antes. Pero no ha habido guerra, pues unos fueron simples criminales y bandidos y los otros compitieron con las manos atadas y sin poder utilizar todos los medios. Aun así, ETA fue derrotada sin “lógica de guerra”, y sólo en las partes de la sociedad bajo dominio abertzale se vive una “lógica de guerra” que genera aún más dolor.

 

Bildu y Otegi quieren sacar el máximo provecho de su derrota policial y del amplio espacio de poder social que se les deja tener -sólo porque el Estado español no ha llevado hasta sus últimas consecuencias el Estado de Derecho. Policialmente ETA está de rodillas, y lo que va a tener muy dudosa gracia es que sus acólitos “civiles” logren en alguna medida sus objetivos sólo porque no ha habido valor para reducirlos a la nada absoluta. Por supuesto, los abertzales estarían aún más acorralados si los partidos “constitucionalistas” no tuviesen complejos. En pura lógica, al no haber habido ninguna “guerra”, no debería haber ningún “tratado de paz”, sino simplemente una aplicación implacable de las leyes. Cualquier concesión que se salga de eso corre el riesgo de defraudar a los que han puesto el trabajo, la sangre y el dolor para vencer, sin por ello conseguir nada de los criminales, enemigos de la unidad nacional. De la única nación que hay aquí, por ahora. ¿Van ustedes a dar la razón a Otegi o a sus víctimas? El Gobierno indigno de Navarra ya lo hace, manifestándose con y por criminales en Alsasua.

 


 

 
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