Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Pascual Tamburri
Sábado, 3 de diciembre de 2016 | Leída 137 veces

Más copas, más cerveza, menos vino. ¿Navarra se traiciona ayudando a Montoro?

La confusión progre entre sus drogas y las bebidas de nuestra tradición lleva a un menor consumo de vino pero no a una sociedad más sana. Este cambio cultural tiene partes positivas, y muchas más negativas.

[Img #10244]En 2015, los navarros bebieron una media de 73 copas de alta graduación. Cada navarro invirtió de media unos 131 euros al año en estas bebidas hiperalcohólicas. Y esto quiere decir varias cosas. Una, evidente, que los navarros bebemos mucho alcohol destilado; otra, que conviene no olvidar, que ese alcohol resulta aquí notablemente más barato que en otros países de Europa, mientras Montoro lo permita. La tercera, que debería preocuparnos más que alegrarnos, es que estamos bebiendo cada vez más alcohol de grandes graduaciones y menos alcoholes tradicionales, especialmente vino.


No doy más importancia de la debida a los datos que dice tener la Escuela de Negocios y Protocolo, Constanza Business & Protocol School. Los españoles, en conjunto, sumamos un 2,4% del gasto mundial en bebidas de alta graduación, o sea 5.989 millones de euros. Lo que ni es tanto como parece (si tenemos en cuenta el consumo ligado al turismo) ni es en sí mismo tan malo. Lo genuinamente malo, por sus implicaciones más culturales que higiénicas, es el cambio que hemos experimentado, con los navarros en cabeza, en las últimas tres o cuatro décadas.


En Navarra se consume menos vino que hace dos generaciones. De hecho, también se produce menos vino que antes de la Transición. Y aunque los modos de producirlo han cambiado (desde una producción familiar o cooperativa de graneles a la pretensión de vender sobre todo vinos de alta gama de bodegas privadas… o extranjeras), lo más notable está a la vista de todos: los navarros ya no bebemos vino todos los días, como parte de nuestras comidas y de nuestro ocio. El vino ha pasado a ser, a la vez que se modernizaba -para bien y para mal, seamos sinceros ahora aue el presidente de la D.OO, David Palacios, acaba de ser “ascendido”- su producción local y que se multiplicaba su importación desde otras latitudes, un líquido de lujo o casi. Una bebida que ha pasado de lo diario a lo excepcional, en cantidad y en precio final. Una bebida que, por ese camino, ya no es bebida de jóvenes, ni de ocio juvenil. Una bebida que culturalmente está dejando de ser lo que fue… ¿a cambio de qué?


Nuestra Denominación de Origen presume en 2016 de haber vendido un 7,72% más en los primeros seis meses del año. Bueno, veremos. Desde luego son buenos vinos (unos menos que otros) a muy buen precio (para el distribuidor, al menos). Pero ni la DO, ni el vino de Navarra en general con las naturales excepciones tienen claro algo muy necesario, que es dónde queremos ir. Si queremos convertir el vino navarro en vino de lujo en ciertos mercados, desde luego no lo estamos haciendo muy bien, y además con eso estamos abandonando a nuestros clientes tradicionales. Y si pensamos en nuestro mercado tradicional no estamos teniendo en cuenta sus demandas (una bebida agradable, a la vez elegante y fácil de beber, sin zarandajas de químico o de aficionado, por la que pueden pagar bien si no es “lo de siempre”). Es una locura que los blancos (de Alsacia o de mucho más cerca) que son mucho más fáciles de producir, hayan ocupado el mercado, cobren más y se puedan beber en barras en las que un clarete nuestro ni se conoce o cuando se conoce suena a “viejo”.


Lo curioso es que se consume más vino en el mundo, pero que los navarros, sin saber dónde desplegar las velas, no estamos siguiendo, ni en producción ni en consumo, ese rumbo. ¿Más cerveza? Ciertamente, si no ofrecemos un vino fresco, sin acidez, fácil de beber en barra y en grupo, con poco grado. ¿Más hiperalcohólicos de dudosa salubridad? Claro, si a los jóvenes les llega la imagen de un vino caro, viejo y/o sólo apto para “iniciados” en sus secretos. ¿Más vinos de otros lugares? Por supuesto, si allí sí consiguen producir y vender lo que el consumidor potencial querría. ¿Verdaderas drogas venidas de todos los rincones del mundo? Si tenemos unos gobernantes necios o acomplejados, para los que el vino o la cerveza son ‘drogas’ como la basura que ellos consuman y animen a consumir, la culpa es nuestra por elegirlos y tolerarlos… y el precio lo pagará la siguiente generación engañada por esas ideas progres y fétidas.


Es lo que hay, aunque duela leerlo según a quién. Es Navarra la región que experimenta un mayor crecimiento en ventas de cerveza desde 2014. Felicidades a nuestros (pocos) productores de lúpulo y a nuestra siempre rica cebada, pero no es la cuestión. No vamos a detener el cambio cultural, pero sí podemos intentar comprenderlo para que el vino aquí producido ocupe su puesto natural y salve en lo posible las tradiciones a él ligadas. Si realmente no queremos, sería más barato directamente suprimir todos los instrumentos administrativos de intervención en el vino y dejarnos al menos a cada uno libre de producir y de consumir lo que vea mejor.

 


 

 
Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress