Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Manuel Molares do Val
Domingo, 4 de diciembre de 2016

El fracaso de Fernando Trueba

[Img #10254]“La reina de España”, una película de catorce millones de euros que acaba de estrenar el oscarizado Fernando Trueba, ha resultado una ruina al recaudar sólo 387.000 en 300 cines el fin de semana de su estreno, mientras otras similares colectan millones.

 

Los comentarios progresistas atribuyen el fracaso a “los fachas” que la han boicoteado en las redes sociales.

 

Un castigo a Trueba por haber dicho en septiembre de 2015, al recibir un galardón cinematográfico del Gobierno Rajoy, que no se había sentido español ni cinco minutos de su vida, y que deploraba que los franceses no hubieran ganado la guerra de la Independencia.

 

Una boutade (RAE) contestataria, de doctrina políticamente correcta, mientras cobraba españolísimamente el españolísimo premio.

 

Los comentarios conservadores alaban que la gente haya dejado de pagarle a quienes la humillan: “El país comienza a homologarse con otros que no admiten insultos a la Patria”.

 

Pero por otro lado están los críticos cinematográficos. Progresistas y conservadores son casi unánimes, la película no es buena; es vulgar como tantas otras que, sin embargo, recaudan más.

 

Trueba presenta fascistas malísimos, comunistas buenísimos y una historia que parodia con tópicos cansinos la España de 1960 en la que Samuel Bronston iba a hacer una película sobre la reina Isabel la Católica.

 

Pero si el fracaso de Trueba nace del boicot, quizás se deba a que, efectivamente, parte de la sociedad española que defiende valores tradicionales rechaza ser ridiculizada y tildada de “facha” por progresistas como este director.

 

Es gente que no tolera ya el humor autocrítico característico de la Transición; es gente que, coincidiendo con la autoafirmación cultural creciente en otras democracias, recupera el patriotismo.

 

Pero no es facherío, aunque también haya fachas: es una reacción frente a la revolución cultural del 68, a la corrección política, al relativismo.

 


 

 
Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress