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Lunes, 5 de diciembre de 2016 | Leída 134 veces
“Fue nefasto para América Latina”

Jorge Edwards: “Fidel Castro compartía champán ‘Dom Pérignon’ con Gabriel García Márquez mientras los cubanos atravesaban los momentos más duros de su historia”

Noticia clasificada en: Fidel Castro

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El escritor chileno Jorge Edwards, Premio Cervantes en el año 2000, destacado novelista y uno de los primeros críticos del régimen castrista con su libro “Persona non grata”, recuerda en un una reciente conversación con “El Nuevo Herald” de Miami, cómo pasó tres meses en La Habana en 1971 para abrir la embajada de Chile, el primer país que restableció lazos diplomáticos con el régimen de Fidel Castro, el dictador comunista fallecido hace una semana a los 90 años de edad.

 

“Fidel fue nefasto para América Latina”, dice Jorge Edwards en su entrevista con el periódico norteamericano y añade que “fue un nacionalista cubano antiamericano, que reemplazó una dictadura, la de (Fulgencio) Batista, por la suya” y que se hizo “comunista porque se podía mantener en el poder, no porque creyera nada”.  “Ese tipo de revolución pequeña con un ingrediente militar fuerte lo inaugura Fidel en el siglo XX” y “consolidó su poder a base de un sistema policial extraordinario”, dice el escritor que mantuvo dos largos encuentros con dictador y padre de la "revolución cubana" durante su estancia en La Habana.

 

Edwards, a sus 85 años de edad, recuerda que “Fidel tenía un ego enorme, muy buen comediante, podía ser muy antipático, muy duro, pero podía ser un encantador de serpientes”.

 

La fascinación que generaba el régimen cubano era “como una enfermedad colectiva muy rara”, estima. “Un extranjero puede decir que hagan la revolución en Cuba, pero si la hacen en su país se moriría”, reflexiona Edwards en “El Nuevo Herald”. De hecho, recuerda el autor de “Los convidados de piedra”, muchos intelectuales quedaron subyugados con la "revolución cubana", como el francés Jean-Paul Sartre, el argentino Julio Cortázar (“un ingenuo total”) y el colombiano Gabriel García Márquez (“un mundano e hipócrita”), quien se convirtió en uno de los amigos más fieles de Fidel.

 

Edwards cuenta que en pleno Periodo Especial, una de las épocas más duras que vivió la población cubana después del desmoronamiento de la Unión Soviética, García Márquez aparece en fotos bebiendo champán “Dom Pérignon" con Fidel Castro en una terraza de La Habana. A su juicio, entre los intelectuales de izquierda, “hay ingenuidad, deseo de que surja una revolución sin estalinismo; parece el socialismo nuevo, con libertad”.

 

Edwards recuerda que cuando narró en su libro “Persona non grata” que había micrófonos por todas partes, la izquierda en España le tildó de “paranoico”, pero Guillermo Cabrera Infante, en una carta, le disipó sus temores de locura: “No hay delirio de persecución ahí donde la persecución es un delirio”. “Y es que enfrentar en el mundo cultural la revolución cubana no era fácil”, reconoce.

 


 

 
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