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Ernesto Ladrón de Guevara
Martes, 6 de diciembre de 2016 | Leída 230 veces
Ensayo. Novedad

Iñaki Ezkerra denuncia los totalitarismos blandos

[Img #10263]Iñaki Ezkerra es una de las cabezas más amuebladas e inteligentes del panorama intelectual en España. Es el autor de unos cuantos ensayos entre los que destacan "Estado de excepción" (2001), "ETA pro nobis" (2002), S"abino Arana o  la sentimentalidad totalitaria" (2003) y "Exiliados en democracia" (2009); y de unas cuantas obras de poesía. Por la abundancia de títulos referidos a la aberración nacionalista y sus consecuencias puede calificarse al fundador del Foro Ermua como uno de los especialistas más prominentes en el estudio de los fenómenos totalitarios en España, después de Franco, sin descartar a mi amigo Jesús Laínz, que no se queda a la zaga.

 

Casualmente, en el día en que escribo este artículo, el señor Ortuzar, presidente del PNV, ha acudido junto a sus seguidores a la tumba de Sabino Arana a colocar el correspondiente ramo de flores con ocasión del 113 aniversario de su muerte. El PNV sigue homenajeando y haciendo suyo el legado de su fundador, del creador de una ideología y de un partido poseedores de un carácter antidemocrático que no se queda en la xenofobia y en el discurso contra la inmigración sino que posee unos componentes de signo claramente “totalitario”, como denunció Iñaki Ezkerra en “Sabino Arana o la sentimentalidad totalitaria”: un racismo que no se limita al odio más ofensivo al español y a lo español sino que llega al antisemitismo más explícito; un desprecio sexista que va en contra de la propia Carta Universal de los Derechos Humanos y que sólo puede ser interpretada como la más inaceptable coartada para la violencia contra la mujer; un rechazo visceral y teorizado doctrinalmente al Estado Liberal y al Sufragio Universal; una visión confesional y teocrática del Estado y del Gobierno; una permanente invitación al odio ideológico y a la práctica de la violencia; una enmienda a la totalidad de los sistemas democráticos que nos hemos dado y que constituyen la esencia de la Unión Europea actual. A todo estos aspectos, se añaden otros rasgos que Ezkerra también abordaba en su libro como la aspiración del PNV a controlar la vida de los ciudadanos de una manera total en  la enseñanza, en la utilización del euskera como vehículo y vínculo ideológico, en ideologización y movilización constantes de los ciudadanos, en la militarización de la vida civil y del ocio a través de los batxokis, de las instituciones, de los sindicatos y las empresas que  consigue controlar, de todo órgano de influencia y poder, para construir una sociedad según el modelo de vasco con el que soñaba Sabino Arana: “Antiliberal y antiespañol es lo que todo vizcaíno debe ser.” 

 

Un legado fundacional que posee esas características no merece el homenaje sino la revisión total. Y es de temer un partido que  homenajea a quien escribió sentencias como “la mujer, pues, es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana: por eso fue ella la que primeramente cayó. Pero por eso precisamente de ser inferior en cabeza y en corazón...”  Son de temer unos herederos ideológicos que no sienten repugnancia ni vergüenza ante un cuerpo doctrinal que alumbra frases como la citada o como las siguientes: “El roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón, apartamiento total, en una palabra, del fin de toda humana sociedad. Y muerto y descompuesto así el carácter moral de nuestro pueblo, ¿qué le importa ya de sus caracteres físicos y políticos?” La figura de Sabino Arana reclama un juicio de Historia porque, como señalaba Ezkerra en su libro, ya albergaba una carga de violencia que tendría consecuencias décadas después: “Si nos dieran a elegir entre una Bizkaya poblada de maketos que sólo hablasen Euzkera y una Bizkaya poblada de bizkainos que sólo hablasen el castellano, escogeríamos sin dubitar esta segunda, porque es preferible la sustancia bizkaina con accidentes exóticos que pudieran eliminarse y sustituirse por los naturales, a una sustancia exótica con propiedades bizkainas que nunca podrán cambiarla...”

 

Estas frases son solamente una muestra de un repertorio muy amplio de barbaridades xenófobas y  de cuestiones montaraces de las que cualquier persona sensata se avergonzaría hoy, menos, obviamente, los representantes y los militantes del PNV. Por desgracia, el PSOE va a colaborar en un indisimulado “proceso de autodeterminación” a resultas del “pacto de gobierno” firmado con los nacionalistas, donde se acuerdan la aceptación del término “nación” para el País Vasco y “el derecho a decidir”, entre otras cuestiones. Se me dirá con razón que es mejor eso que un gobierno entre PNV y Bildu-Podemos, pero a mí me parece un drama que una formación política como el PSOE legitime la estrategia secesionista del PNV, partido que nunca retrocede en sus pretensiones y que siempre tiene un tonto útil que le pone el camino liso para la consecución a paso de buey de los objetivos máximos del nacionalismo que son la destrucción de España y el desgajamiento de Euskadi.

 

Pues bien. Iñaki Ezkerra acaba de publicar un ensayo, Los totalitarismos blandos (Editorial La Esfera de los Libros), que lleva un esclarecedor subtítulo -Podemos, nacionalistas y otros enemigos de la democracia- y que es un trabajo concienzudo, riguroso y profundo en los fundamentos de un análisis impecable, sin contemporizar con nadie; es decir, con independencia absoluta de criterio, que es lo que corresponde a un intelectual. Iñaki Ezkerra vuelve a la paradoja o directamente al “oximoron” para titular un libro sobre las herencias totalitarias que amenazan a nuestro sistema democrático y a la España de hoy. Ya lo hizo en el título de su libro sobre Sabino Arana y al poner juntas en el título dos palabras -“sentimentalidad” y “totalitaria”- que parecen contradecirse porque en principio nadie diría que el totalitarismo tiene algo de sentimental. Y, sin embargo, lo tiene. Iñaki Ezkerra nos recordaba que “no todos los sentimientos son nobles ni puros ni buenos” y que el totalitarismo puede ser el sentimentalismo más bajo y rudimentario llevado a la bestialidad y al crimen.

 

En su nuevo libro, Iñaki Ezkerra vuelve a echar mano de la contradicción, esta vez para abordar la herencia totalitaria que late no sólo en los nacionalismos sino en el populismo de Podemos, en el integrismo islámico y en la aplicación del esquema de la dialéctica de clases a una supuesta lucha de sexos que plantea el feminismo radical.  Los llamados por Iñaki “totalitarismos blandos” son más peligrosos que los duros. Acaba de morirse Fidel Castro, y todo el mundo le identifica como un dictador, incluso los propios simpatizantes del Comandante Supremo de los cubanos, pues quienes así piensan son proclives a la llamada “dictadura del proletariado” al más puro estilo leninista del que el finado era un testimonio vivo hasta su defunción. La identificación clara de ese tipo de dictaduras nos permite ponernos a su favor o en su contra, sin medias tintas; sin veladuras. Sin embargo, hay dictaduras sutiles, camufladas y enquistadas dentro de las propias sociedades democráticas que las toleran; dictaduras perifrásticas, envolventes en retóricas amables que se fingen fundamentadas pero que se encuentran vacías en el fondo; frívolas e inconsistentes, que por ser aparentemente inocuas e incluso insulsas, van calando hasta modular la forma de percibir e incluso de pensar de las masas, y son una verdadera mina explosiva para el desenvolvimiento de las democracias y del mismo desarrollo de la seguridad jurídica sin la cual no puede haber verdadera libertad.

 

En el libro de Iñaki Ezkerra se disecciona esos peligrosos fenómenos que han ido apareciendo desde la instauración de un nuevo modelo político entronizado por Zapatero en lo que el filósofo recientemente fallecido Gustavo Bueno llamó “El pensamiento Alicia”, verdadero generador de la ideología de género, y  otras particularidades del pensamiento sustitutorio de lo que eran las ideologías en los momentos de la transición política y que hoy han quedado en una nebulosa del limbo del pensamiento. Es de agradecer que aparezca un libro de estas características que desnude a movimientos populistas como el de Podemos y la pléyade de “antisistemas” por el estilo como los de la CUP, Compromís y otras formas de nacionalismo de campanario en su múltiple y desperdigada expresión.

 

Hay párrafos del libro verdaderamente lapidarios, algunos de los cuales he mencionado a modo de citas en dos de mis artículos en La Tribuna. Pero me quedo con el siguiente, a modo de ejemplo de lo que es el libro:

 

“Esa experiencia histórica del discernimiento entre el mal y el bien político nos impone la tarea de cerrar la puerta a todas las propuestas totalitarias que ya han fracasado y que han dejado un largo reguero de sangre en el pasado de nuestro continente. Una democracia no puede prohibir que alguien la impugne proponiendo asambleas en el ágora, pero sí puede y debe parar los pies a quien haga valer esas asambleas más que los votos; a quien use el tumulto del asambleísmo para crear la ficción del sufragio universal. Como puede y debe perseguir la discriminación racial o la idea de que es lícita la eliminación del adversario, o sea todos los rasgos totalitarios de los que tenemos una larga y sobrada experiencia colectiva. La verdadera cuestión es qué margen de contestación puede  tolerar una democracia y hasta dónde  debe llevarnos el celo que cuestione como un absoluto la propia tolerancia. Pero resulta obvio que la alternativa que nos aleje de la dictadura que se llevó Franco a la tumba no es una democracia bobalicona que entreviste amablemente a los representantes de una Generalitat en rebeldía que emulan a sus antecesores que se alzaron contra la propia República.”

 


 

 
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