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Enrique Arias Vega
Jueves, 8 de diciembre de 2016 | Leída 32 veces

La "pasta" de los futbolistas

[Img #10277]Salvo Hacienda, nadie ignoraba que los cuantiosos ingresos de las estrellas del fútbol se evaporaban en paraísos fiscales. Ahora, por fin, los hombres de Montoro han caído del guindo.


Por supuesto que a la gente no le gusta pagar impuestos. Y menos a quienes más ganan, incluidos los futbolistas de elite. Ya en 2009, Xabi Alonso (ahora bajo la lupa de Hacienda) dejó el Liverpool por el Real Madrid, al saber que la reforma fiscal inglesa le iba a costar millón y pico de euros más al año. Nadie se preguntó entonces por la amable benignidad de nuestro sistema tributario, que llenó el fútbol español de figuras internacionales mientras se vaciaba el británico.
 

Y es que aquí el deporte de la pelota resulta sagrado hasta para Hacienda. No lo es tanto, obviamente, la situación de los proletarios del fútbol, es decir, esa tercera parte de jugadores profesionales que no cobran de sus clubes o lo hacen a destiempo. Pero sí lo son los equipos punteros, que no sólo deben más de 700 millones al fisco, sino que han seguido beneficiándose de todo un inmenso tinglado que va desde quinielas y derechos televisivos, hasta recalificaciones urbanísticas, patrocinios equívocos, préstamos privilegiados y subvenciones oficiales.
 

No nos olvidemos, por ejemplo, de los cientos de millones enterrados por un endeudadísimo Valencia CF en un nuevo estadio que lleva años sin utilizarse, mientras que la Unión Europea tiene denunciado al club, junto a otros equipos españoles, por el dinero recibido "gratia et amore" de unas instituciones públicas que luego dicen no les llega para pagar a las farmacias, los colegios u otras prestaciones sociales.
 

Todo esto, porque el fútbol ha sido intocable hasta ahora mismo. Mientras se cuestiona con dureza lo que cobra un diputado o un directivo de las empresas del IBEX, ni nos inmutamos de los cientos y cientos de millones que llegan a amasar las estrellas futboleras.
 

Pues bien, ya que sus ingresos no parece que se vayan a ajustar al decreciente poder adquisitivo de los aficionados y de los ciudadanos en general, que al menos los deportistas paguen sus impuestos en proporción al rigor con que los demás lo hacemos.  

 



 

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