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Pablo Mosquera
Domingo, 11 de diciembre de 2016 | Leída 35 veces

La profesión de los políticos

Malo, malo… Cuando alguien que tras hacer méritos en la fontanería del partido, logra ir en lista y salir elegido representante del pueblo, bajo "autorítas" de la cúpula con siglas, ya sabemos cuál es su misión. 1). Obedecer sin rechistar al mandarín de turno. 2). Apuñalar, si fuera o fuese preciso, a quien le dispute la mamandurria. 3). Estar siempre, en el lugar oportuno, con el líder oportuno, en la trinchera oportuna, para la reyerta partidaria.


Tal hecho, que antecede, tiene que ver con la procedencia del aspirante a político. Así, érase una vez un joven que tras empezar la carrera universitaria, la dejó, para dedicarse a la política. Cuando le preguntaron por la profesión, no lo dudó: concejal de Vitoria. A medida que se acercaba el fin del ciclo, entró en éxtasis. Se terminaba la bicoca y no era nadie fuera del despacho en el Ayuntamiento. Y decidió ser político profesional. Para ello, sobraban las ideologías. Había que estar subido en el tíovivo, aunque fuera en el rabo del cerdito. Y así lo hizo. Aprovechó unas vacaciones veraniegas y suscribió un pacto con el súper alcalde para la ciudad de las cuatro torres. Alguien le dijo. "Te acabas de cargar el partido de Álava". Pero, ¡qué más da!. Había alcanzado el despacho preciso para llevar a cabo gestiones precisas que le catapultaron hasta la cúspide, con piso, contactos con grandes empresas nacionales, decisiones sobre contratas y palmito de hombre pudiente. ¿Cómo contaba su historia?. Muy propia del sector. "He recibido una herencia de una tía lejana".


Cualquier parecido con presuntas realidades, mera coincidencia. Pero, coincidirán con mi persona, que tal cuento para no dormir es harto frecuente en el asfalto de cualquier capital con Ayuntamiento, Diputación, Parlamento.  Y es que trato de poner los cimientos para una discusión-debate propio del mundo antiguo. Aristóteles, discípulo de Platón, maestro de Alejandro, fue el padre de la lógica, llegando hasta el propio Kant. Pero lo que más me importa hoy es su concepto de la ética. "Toda actividad humana tiende hacia un fin". "El bien supremo es la felicidad, y tal es la sabiduría".


[Img #10292]En este mundo capitalista, competitivo, globalizado, deslocalizado, tanto tienes, tanto vales...Y así, los políticos constituyen una "casta" a la que suman privilegios y actitudes para mejor proveer, sin que cuente demasiado la aptitud del sujeto endomingado. Sólo así se explica que determinados "artistas" hayan llegado a ser o estar, como auténticos dioses en el Olimpo del poder popular. A partir de ahí, siempre existen dos peligros. Que se lo lleguen a creer. Que les entren las prisas por afanar y cubrirse los riñones, del frío que se les avecina, el día que terminen su periplo en la Arcadia.


Ganó las elecciones el PNV. Sus dirigentes se han hecho más pragmáticos. Me encantó leer la entrevista al Lendakari, en la que afirmaba que en el mundo actual la independencia resulta imposible. Tiene razón y además por ser imposible, resulta oportuno reconocerlo públicamente. Máxime cuando el PNV debe buscar su espacio en el nuevo panorama político vasco.


Por la izquierda y con viejas aspiraciones secesionistas, los chicos de Bildu. Por la izquierda sociológica, la manija en todo el Estado, es para PODEMOS. Por la derecha es dónde están más debilitados. El PP vasco ha perdido fuelle, y su discurso huele a rancio. No tienen líder. El que está, parece más pendiente de regresar a Madrid. Debe estar preocupado, ya que sus amigos de la calle Dato le han olvidado y sonríen cada vez que comentan como tuvo que caer en la trampa de ser candidato a Lendakari. Menos mal que uno de ellos, un vice-algo, metió la pata con sus declaraciones sobre Rita y ahora piden su ejecución.


Por el centro izquierda, casi derecha, casi nada, los socialistas vascos, buscan amparo y refugio. Máxime cuando su lideresa formaba parte de la corte del ejecutado secretario general. Y así, se explica, entrar en el Gobierno Vasco a precio de saldo, a cambio de las almenas protectoras ante la amenaza que viene del sur y que administran los gestores provisionales -hasta la victoria final- de la calle Ferraz.


Al PNV, le ha venido muy bien la debilidad del PP vasco, la necesidad del PP nacional de apoyos en las Cortes, la necesidad del PSE de ser algo y alguien, ante el cambio de la manija para la izquierda, que gravita sobre los profesores de la Complutense. Lo que no vale es quedarse en tierra de nadie... hay que ser algo, y como poco, necesario para sumar.


Lo que antecede vuelve a poner al PNV en la centralidad de la política vasca. La partida que se juega en Madrid les ha devuelto aquel esplendor de antaño, cuando todos se peleaban por estar a su lado. Y al PNV le conviene disfrazarse -por lo menos- de obediente al orden legal, y en todo caso, recuperar dos hechos necesarios para sus aspiraciones socio-económicas. El Concierto Económico no se toca. El Estatuto de Guernica es un pacto con la Corona, sobre el que caben avances, nunca retrocesos competenciales.


Lo peor lo están pasando los chicos del PP. Se habían acostumbrado a tocar poder en Euskadi. A ser diputados generales, a ser alcaldes. A disponer de una abundante nómina de cargos en las instituciones públicas vascas. Pero ahora se les terminó, hasta en Alava. Ni siquiera son las herederos de Unidad Alavesa, que deben recordar, ganó las elecciones en Vitoria, tanto en 1991 y 1994. No lo olvido, ya que la lista, a Juntas Generales y al Parlamento Vasco, la encabezaba un gallego de A Mariña Mindoniense, cuestión que no entendían los de "Vitoria de toda la vida" tomando Riojas en la calle Dato.


No se habían enterado de, al menos, dos novedades. Los que llegamos de fuera, trajimos curriculum profesional. Los que habíamos venido de fuera, llegábamos con una formación cultural muy superior a los que sólo disponían de apellidos ilustres, por compuestos y patronímicos. Además, nunca tuvimos la intención de vivir para y de la política. Nuestra presencia en tal actividad, siempre tuvo visos de provisional. Y así me remito a dos pruebas. ¿Qué dijimos siempre sobre nuestro futuro? ¿Qué pasó cuando voluntariamente dejamos la política?. Y es que, volviendo al comienzo del artículo. Teníamos una profesión mucho más importante que la de ser políticos...    
 



    

 
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