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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 12 de diciembre de 2016

Cuando es obligado dar la cara a favor de la Guardia Civil

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Nací en un pueblecito muy cercano a Alsasua, en un lugar que para mí es idílico desde el punto de vista de los paisajes, pero, sobre todo, de mis vivencias de niño. Mi padre fue guardia civil, cuestión esta de la que me enorgullezco. El sentimiento de gratitud y de orgullo que tengo hacia mi desaparecido padre nace de la bondad que le adornaba, la tremenda paciencia que tenía, lo que sufría con las deslealtades de quienes eran los suyos, y, al mismo tiempo, el profundo amor que proyectaba a los que le rodeaban. También me enorgullezco por su condición de Guardia Civil. He leído un cuaderno de atestados que guardé tras su fallecimiento y la humanidad, rigor y espíritu de servicio que ahí quedaron reflejados me lo confirman.

 

Mi abuelo materno fue republicano. Tras la Guerra Civil fueron a por él para -supongo- eliminarle. Pero un alcalde que había en el pueblo, que era falangista, dio la cara por él y gracias a esa acción mi abuelo pudo sobrevivir. Ese falangista era, también, un hombre bueno y valoraba a mi abuelo más por sus valores que por sus ideas, y no permitió que se hiciera nada contra él, simplemente porque sabía de sobra que mi abuelo no había hecho daño a nadie. Simplemente tenía esas ideas, sin más.

 

Mi padre, al contrario de mi abuelo, estaba en el bando de los que se sublevaron contra los desmanes de los que intentaron la subversión del orden republicano desde el mismo sistema para cumplir los planes leninistas de la Unión Soviética en España.

 

Pero entre mi padre y mi abuelo cuajó una profunda amistad, incluso más allá de lo que eran las relaciones familiares,  y mi padre, que era católico practicante y creyente, lloró amargamente cuando murió mi abuelo que era ateo, o quizás agnóstico. Nunca asistía a las misas dominicales; cuestión que yo, como niño, no entendía pues captaba la profundidad de su humanidad.

 

Esa lección nacida del ejemplo que me impregnó más tarde me hizo comprender el valor de la tolerancia, de la empatía y de la comprensión y respeto al que piensa diferente o es distinto.

 

Dando un salto en el tiempo: casi al lado del pueblo que me vio nacer y que tanto amo, están sucediendo acontecimientos absurdos, incomprensibles e inhumanos que mi razón y mi sentimiento no logran de descifrar o entender.

 

Alsasua. Día 15 de octubre de 2016.  Un teniente y un sargento de la Guardia Civil, de paisano y fuera de servicio, se encontraban con sus parejas, tomando unas consumiciones. A las 13,15 horas, Jokin Unamuno Goikoetxea, acompañado de una menor, se dirigió  al sargento diciéndole que no tenía derecho a estar allí, en el bar, a lo que le respondió el teniente que le dejaran en paz. En ese momento, entraron de 20 a 25 personas rodeando a los guardias civiles y sus parejas, insultándoles y amenazándoles.  Los agentes y sus parejas intentaron abandonar el bar y fuera se encontraron con otro grupo de unos 15 o 20 individuos que les agredieron e insultaron hasta que la policía foral apareció por allí.

 

Las personas que presuntamente agredieron a los guardias civiles se contemplan como imputados en el auto del 21 de noviembre del Tribunal Central de Instrucción nº 3 de Madrid. Voy a referirme a ellos sin citar nombres, pues tengo el principio de que mientras que haya sentencia penal firme son presuntos:

 

El citado Jokin Unamuno, que fue el que inició los incidentes y agresor de los guardias civiles con golpes.


Individuo 2, que golpeó con puñetazos y patadas a los dos agentes y a una de las parejas.
 

Individuo 3, que golpeó “brutalmente” tanto dentro del bar como en la calle al teniente y al sargento.

 

Individuo 4, que igualmente participó con agresiones físicas, e incluso propinó puñetazos en la cabeza tanto al teniente como al sargento, persistiendo insistentemente en las agresiones al teniente una vez separados los dos agentes.

 

Individuo 5, que se cebó especialmente con el sargento, dándole patadas en la espalda una vez que cayó al suelo en la calzada.

 

Individuo 6, que preguntó dentro del bar al teniente si era un “madero” y agredió al mismo con puñetazos y patadas, siguiendo después cuando se encontraba tirado en el suelo. Este personaje fue uno de los más decididos a la hora de amenazar con claros gestos agresivos al teniente antes de comenzar las agresiones físicas. Y se ensañó con el sargento dándole patadas cuando estaba tirado en el suelo, pateándole con profusión. Atacó al teniente dándole puñetazos  dentro del bar y a los dos  fuera del bar.
 

Individuo 7, que también participó en el reparto de puñetazos a los dos agentes y a una de las parejas.
 

Individuo 8, se burlaba de los guardias civiles y dificultó la detención de Jokin.
 

Individuo 9, que amenazó notoriamente a los guardias y le dijo a una de sus parejas que “esto es lo que vais a tener cada vez que bajéis”

 

Todas éstas son imputaciones contenidas en el referido auto de las agresiones físicas y verbales a los dos guardias civiles y sus parejas, fruto de las cuales el teniente tuvo que ser ingresado por traumatismos cuyo resultado fue un labio partido con pérdida de sustancia y rotura desplazada  de tobillo que requirió intervención quirúrgica, sin contar las contusiones y hematomas, así como las producidas  al sargento y sus parejas que también tuvieron que ser atendidas por los servicios médicos.

 

Estos datos están recogidos en el auto referido, por lo que están testimoniados y documentados.

 

Pero para el Gobierno Navarro estos hechos carecen de interés, solamente le preocupa la detención de los imputados y la acción de la justicia contra ellos, solidarizándose con la parte agresora y no considerando la maldad de los presuntos delincuentes que agredieron a la autoridad; que cometieron atentados contra la integridad física de las cuatro víctimas, dos de ellos trabajadores de la seguridad ciudadana y agentes de las fuerzas de seguridad del Estado para hacer cumplir la ley y perseguir el delito; y se unen al coro de los que quieren desterrar al benemérito Cuerpo de Alsasua y por ende, se entiende, de Navarra. Lo mismo podemos decir de Podemos, partido antisistema que al parecer también se integra entre los que no aceptan a la Guardia Civil como policía integral que está al servicio del orden y de la justicia, y que por tanto se pone en el lado de los que pretenden desarticular los pilares que sostienen al Estado de Derecho. Por no hablar, claro de Bildu  y nacionalistas nada amantes del Instituto armado. En consecuencia,  los que queremos que sobreviva el orden constitucional y España como nación unitaria sabemos que por eso mismo debemos defender con nuestro testimonio cívico a la Guardia Civil, pues en el supuesto de que ésta tuviera que desaparecer de partes que componen el territorio nacional el quebranto para la vida y seguridad de los españoles que vivimos en esos territorios quedaría en franco peligro.

 

Por tanto, digo que las actitudes contemporizadoras con este desmán y desvarío, sobre todo de aquellos que tienen el deber constitucional de defender el Estado de Derecho, la seguridad, y las leyes vigentes, suponen complicidad o cobardía. Y es obligado dar la cara a favor de la Guardia Civil, aunque solamente sea por deber cívico o responsabilidad ciudadana en aras a la pervivencia del sistema democrático que nace de la voluntad general.

 



    
    

   

 
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1 Comentario
Ramiro
Fecha: Lunes, 12 de diciembre de 2016 a las 11:53
Hablando claramente, se trata de unos hideputas, terroritas, que confio y espero les caigan varios años de cárcel, y tegan que cumplir integramente sus penas, así aprenderán a comportarse como personas civilizadas, y no como animales.

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