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Javier Salaberria
Lunes, 12 de diciembre de 2016
Confesiones de un coronel marroquí

El Ouafi Boulbars: “Nunca abandonaremos el Sáhara porque es y siempre ha sido una parte de Marruecos”

[Img #10304]El Ouafi Boulbars (1956), coronel de paracaidistas del Ejército de Marruecos, participó en 1978 en la Primera misión en la Guerra del Sáhara, en 1990 tomó parte en la Tormenta del Desierto y en 2005 fue portavoz de la fuerza militar de la Misión de las Naciones Unidas para la estabilización de Haití.


En 2013, El Ouafi Boulbars, con dos medallas al valor en combate, una Medalla de la Paz concedida por la ONU y un Premio Nacional y Condecoración como Caballero Alauita (concedido por el rey de Marruecos por los servicios prestados en el Sáhara Occidental), pasó a situación de reserva por motivos de salud. Desde entonces, este hombre de extensa e intensa experiencia castrense, se ha dedicado a escribir y en breve publicará un libro sobre las ‘primaveras árabes’ donde mantiene la tesis de que se sabía lo que iba a suceder pero los gobernantes permanecieron ajenos a los informes de inteligencia y de las organizaciones de derechos humanos. “La situación es peor ahora que antes de ‘las primaveras’ y todo el mundo árabe es un polvorín a punto de estallar. En Marruecos, gracias a su monarquía, se pudo solventar el inminente riesgo de un estallido popular y las reformas han funcionado. Marruecos es la excepción a imitar por otros países árabes”.


En esta entrevista exclusiva que ha mantenido con La Tribuna del País Vasco, El Ouafi Boulbars reflexiona sobre el conflicto del Sáhara Occidental, que aún divide a la comunidad internacional; las relaciones entre España y Marruecos, el papel de la monarquía alauita en la estabilidad del Magreb y sobre lo sucedido con las ‘primaveras árabes’.


El Ouafi no es cualquier militar. Es un hombre culto, educado, moderno y con formación militar cosmopolita. Conocedor de la política interna y externa de su país y de las relaciones Internacionales, participó durante 14 años en la guerra contra el Frente Polisario. Buen conversador, poseedor de un magnífico sentido del humor y excelente anfitrión, habla, además de árabe, inglés, francés y español.


Tal y como recuerdda El Ouafi, la del Sáhara Occidental tampoco es una guerra más. Es una guerra en la que España está implicada políticamente. Es la historia de la batalla campal internacional en el norte de África que empieza en 1975. Dieciséis años después se alcanza el alto el fuego (septiembre 1991), pero el conflicto perdura 40 años y nos alcanza en el presente. Ocasiona miles de muertes –no hay aún cifras oficiales-. El lugar en disputa son las arenas más grandes del mundo, aparentemente sin valor económico, pero ricas en fosfatos, el componente que emplea el mundo entero en sus abonos y pesticidas. Dunas doradas bañadas por unas codiciadas aguas atlánticas llenas de reservas pesqueras desde las que podemos divisar las Islas Canarias si el día está muy despejado”.


La historia comienza con una decisión arriesgada y astuta. Mientras Franco agonizaba –le acababan de quitar el estómago-, el rey marroquí Hassan II –padre del actual monarca-, alentó a ocupar el Sáhara popularmente. Organiza la “Marcha Verde”. El 6 de noviembre de 1975, unos 300.000 marroquíes civiles desarmados concentrados en la ciudad marroquí de Tarfaya, cerca de la frontera, se internan en el Sáhara Occidental. Poco antes (31 de octubre), tropas marroquíes habían cruzado la frontera noroeste del Sáhara Occidental y se habían enfrentado a tropas del Polisario. Llegaron para quedarse. “El Sáhara Occidental ya era de Marruecos antes que España lo colonizase", adiverte Boulbars. “La decisión del Rey fue un movimiento estratégico para reclamar un derecho histórico. Nunca abandonaremos el Sáhara porque es y siempre ha sido una parte de Marruecos”.


¿Por qué el Sáhara no puede ser independiente?
 

Todos los marroquíes estamos convencidos de que el Sáhara nunca será independiente por muchas razones. Hay cinco tribus en el Sáhara que no pueden coexistir pacíficamente a menos que haya un poder que las controle. Nunca fueron independientes porque siempre fueron parte de Marruecos desde los primeros tiempos, excepto cuando fueron una colonia española. Con una población pequeña en una región inestable, nunca podrá encontrar la paz y la seguridad. Lo que sucede es que Argelia quiere usar el Sáhara para tener salida al Atlántico y así dominar África. Es el enemigo histórico de Marruecos. Y usa a los saharauis para debilitarnos.


¿De dónde viene esta rivalidad histórica con Argelia?
 

Para Argelia, nosotros somos una enemistad casi patológica. En los años sesenta del pasado siglo, cuando Argelia tuvo su independencia, Marruecos exigió los territorios que le pertenecían cerca de Tinduf, pero ellos se opusieron. No se sabe quién disparó primero. Pero Argelia fue derrotada. Hubo errores de ambos lados. Pero los suyos fueron muchos más.
 

¿Por qué se hizo militar?
 

Primero, porque seguí mis convicciones religiosas, porque amo a mi país y defiendo el sistema monárquico. Por otro lado, siempre fui aventurero y me gustaba el desafío y el peligro. Fui a la escuela militar a los 18 años de edad. Pasé tres años en la academia militar de Marruecos y un año en la escuela militar en Montpelier, en Francia. Llegué al Sáhara a los 22 años. Quería saber si era capaz de ser un buen oficial. Llegué como subteniente.
 

¿Y lo comprobó pronto?
 

Muy pronto. El primer día, mi unidad donde tenía a cargo a 30 hombres, debía trasladar un convoy de comida. Cuando regresamos, fuimos emboscados. Yo hablaba por la radio cuando vi cómo mi operador caía al suelo. Me quedé literalmente con el micrófono en la mano. Lo vi caer en silencio, en cámara lenta. Nunca lo voy a olvidar en mi vida. Un disparo le atravesó el corazón. Ese fue mi bautismo de fuego. Mis superiores me felicitaron por cómo resolví esa emboscada. Mi miedo a saber si era capaz o no había desaparecido.
 

¿Cómo se describiría como mando militar?
 

El mejor oficial no es aquel que saca el arma y dispara. Es el que encuentra la solución más rápida en medio de una batalla. En lo personal, tenía una relación especial con mis soldados. Me sentía un padre para ellos. Cuando me despedí, tras luchar junto a ellos 40 años, porque una enfermedad me obligó a retirarme, les dije: “Siento irme de aquí con vida. Y no como tantos de los nuestros que murieron”. Todos lloramos.


¿Qué es lo más difícil de combatir en el desierto?
 

Como no hay montañas ni árboles, el que más ventaja tiene es aquel cuyos proyectiles llegan más lejos. Los del Polisario conocían mejor el desierto. Los marroquíes somos conocidos por nuestra resistencia. Pagamos un precio muy alto por ganar esta guerra. Luchamos solos contra una alianza que incluía a Argelia, Libia, Vietnam, Alemania del Este, y Cuba. De los 250.000  soldados de los que dispone el ejército marroquí, el 70% fueron destinados a luchar en esta guerra. El punto más débil de Polisario era la escasa cantidad de soldados. Pero Argelia y Libia contrataban mercenarios para cubrir ese déficit. Es fácil crear una guerra. Lo difícil es pararla.
 

Muchas naciones criticaron duramente la decisión de Marruecos de construir un muro en el desierto. Lo llaman “el muro de la vergüenza”.
 

No es una vergüenza, es una medida de seguridad. El muro empezó a construirse en los años  ochenta y se hizo en seis fases. Al principio se levantó como una protección natural para las ciudades atacadas por el Polisario. Poco a poco se fueron uniendo las piezas y de ese modo se evitaban las incursiones del Frente Polisario. No se diseñó como frontera sino como defensa estratégica de la población del Sahara.  
 

¿Cuál era la mayor amenaza en el desierto para un soldado?
 

El mayor problema que teníamos en la guerra eran las minas terrestres. Porque el Frente Polisario dejaba minas escondidas en los caminos que sabía debíamos atravesar. Y había que ir muy despacio, por eso éramos un blanco fácil para las emboscadas. Cuando era capitán, debíamos atravesar una zona que sabíamos estaba minada. Mi superior me llamó y me ordenó que el vehículo donde llevábamos las municiones, que era el más resistente, fuera delante de la caravana para así soportar una detonación si fuera preciso. Si pisaba una bomba, tal vez el conductor de ese camión podía sobrevivir por su tamaño. Pero decidí adelantarme con mi vehículo e ir por delante. No quería sacrificar a uno de mis soldados. A los pocos metros, escuché detrás de mí una explosión y el camión de las municiones volaba por los aires. Los neumáticos de mi vehículo, más pequeño, pasaron cerca de una mina pero el camión con dobles neumáticos detonó la mina que estaba destinada para mi. El conductor sobrevivió de milagro. El destino de Dios está escrito para todos.
 

¿Por qué los medios en Europa suelen tomar partido por los independentistas y no por Marruecos?
 

Los medios son sensacionalistas y dramatizan todo. Toman el mapa de Marruecos y le quitan el Sahara. Cuando ya está decidido que es de Marruecos. Los medios toman posición antes que la ONU. Es una locura. Siempre parece que la causa por la independencia es una causa justa, pero no hablan de la manipulación que Argelia hace del Polisario.
 

Semanas atrás, el secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali fue procesado por genocidio. Está investigado por torturar y asesinar a los refugiados disidentes. ¿Qué evaluación hace de esto?
 

Brahim Ghali ya era conocido por ser un torturador y un criminal antes de de convertirse en ministro de defensa y luego en presidente de la autodenominada República Árabe Saharaui Democrática. Esto da una idea sobre cómo son los miembros de la Junta del Polisario. Un líder que supuestamente debía ayudar a los saharauis deportados contra su voluntad al campo de refugiados en Tindouf, en Argelia, se descubrió que mataba a sus oponentes y a aquellos que querían volver a Marruecos.
 

La mayoría cree que el conflicto en el Sáhara no está terminado. ¿Usted qué opina?
 

Cada dos por tres, el Polisario amenaza retomar la guerra. Pero solos no podrían resistir ni un solo día. Por eso, necesitan la alianza con Argelia. Hoy en día hay 30.000 refugiados del Sáhara en Argelia. Pero 80.000 saharauis viven pacíficamente en Marruecos. Y ellos están mucho mejor. Cuando llegan sus parientes a visitarlos a Marruecos, no quieren volver. Los saharauis no aceptan votar un referéndum. Marruecos sólo les pide que conserven la bandera y el sello postal. Ellos pueden elegir sus autoridades. Les invito a que visiten El Aaiún, la capital del Sahara Occidental, y vea cómo tratamos a los saharauis y cómo se insertan en la sociedad. Es otra ciudad. España no dejó nada allí. Cuando llegamos, era zona de nadie. Nosotros construimos una ciudad desde cero. El rey de Marruecos no es como otros reyes. No es un rey de cartón. Está en todas con su gente y escucha a la gente.
 

EXPERTO EN CRISIS
 

El Ouafi estudió la carrera de literatura inglesa –“me gusta el inglés”, dice- y luego completó un seminario de crisis y gestión de seguridad en la OTAN. Fue parte de la delegación marroquí de la ONU en los Emirato Árabes, fuerza militar de prevención, cuando Saddam Hussein invadió Kuwait. Y luego pasó un año y medio como portavoz militar de la ONU en Haití antes de que el terremoto se llevara 316.000 vidas en un temblor. Ya en el retiro, invirtió cuatro años para escribir un libro, “La primavera árabe”, que explica al mundo por qué aquellas revueltas pudieron haberse evitado.


En su libro dice que las revueltas eran previsibles. ¿Por qué nadie lo advirtió entonces?
 

Sólo había que leer los informes de las organizaciones de Derechos Humanos en los años previos a la Primavera Árabe para darse cuenta de lo que venía. En el 2009, en Egipto ya había torturas, editores de periódicos procesados, prohibieron la televisión por satélite. En Libia, había desaparecidos y arrestaban a manifestantes que reclamaban en paz. En Yemen,  ese año hubo más de 100 arrestos arbitrarios, y prohibían a los periodistas visitar zonas de conflicto. Los asesores de los gobiernos tenían esta información, pero se la guardaron confiando en que todo seguiría igual. Y eso no es lo que sucedió.
 

¿Por qué la Primavera Árabe terminó tan mal?
 

La primavera árabe no fue una revolución religiosa. No fue una revolución política. La gente pedía democracia, justicia y dignidad. Los ciudadanos estaban unidos. Tenía todos los ingredientes para ser una revolución exitosa. En mi opinión, si un presidente comete un error, la gente debe esperar y asumir la responsabilidad por haberlo votado. Y llegado el momento, cambiarlo con el voto. Eso es una república. No echar a un gobierno de ese modo. Por otro lado, las potencias occidentales primero alentaron a que los países árabes eligieran sus autoridades democráticamente, pero luego introdujeron sus intereses. Y ahí empezaron los problemas.
 

¿Cómo puede un país controlar algo que parece incontrolable como el terrorismo?
 

La lucha contra el terrorismo no es una guerra tradicional. Para combatir esta nueva amenaza, las superpotencias deben asociarse con todos aquellos países donde hay más atentados terrroistas. Le cuento una estadística. En Marruecos, el 90% de los intentos de atentados fueron denunciados por civiles y así se pudieron evitar. La comunidad civil juega un rol vital en la lucha contra el terrorismo. No hay plan de seguridad eficaz sin que la gente común esté comprometida en involucrarse por el país. No importa la tecnología y los soldados que ponga en las calles. No dará resultado.
 

¿Cómo se tomó su familia que fuera a la guerra?
 

Si uno decide ir a la guerra, debe ser un hombre. Para preservar a mi madre de la preocupación y evitarle así un disgusto, nunca le dije que estaba combatiendo en el Sahara. Le decía que estaba en Agadir, un pueblo en el norte.
 

¿Le ocultó a su madre durante 14 años que estaba en la guerra?
 

Así es. Y fue una gran decisión. Mire: el Sáhara se llevó lo mejor de mí. Mi energía. Mi juventud. Aún así, con lo que hice y con lo que logramos, soy feliz.
 

ESPAÑA: PARIENTES Y VECINOS
 

¿España debe mejorar sus relaciones con Marruecos?
 

España cometió un gran error con la intervención en la Isla de Laila (Perejil). Ese islote rocoso fue intervenido por el ejército marroquí para perseguir a narcotraficantes, pero España, en vez de pedir explicaciones, mandó una unidad de fuerzas especiales para “reconquistar” un trozo de roca que es marroquí y que está al alcance de las cabras marroquíes a menos de un kilómetro de la costa marroquí. Lo mismo ocurrió en Nador con la ampliación del puerto. Es un punto clave para el control del narcotráfico, pero España envió buques de guerra para controlar los límites marítimos en una clara provocación como a la que está acostumbrada a sufrir por Gran Bretaña en Gibraltar.
 

Por otro lado, Ceuta y Melilla, como Gibraltar, son ciudades que no quieren volver a ser lo que fueron en sus orígenes porque la situación económica de estos enclaves es privilegiada debido a su singularidad. Si hiciéramos un referéndum lo perderían las potencias reclamantes.
 

A lo largo de la entrevista, el coronel marroquí se muestra interesado por conocer la versión española de estos asuntos. Sobre todo la imagen que de Marruecos hay en España. “Hay que trabajar mejor esa imagen en un país con el que tenemos tantos intereses comunes. No hay otro camino que el entendimiento como vecinos que comparten no sólo frontera sino una intensa historia común con mestizajes culturales”.
 

“¿Cómo podemos hacer para mejorar las relaciones entre España y Marruecos?”, se pregunta el veterano coronel, y él mismo desgrana algunas ideas. “Quizás todo empezaría por oficializar la posibilidad de obtener doble nacionalidad, que es un hecho consumado, pero es alegal. Mejorar la administración de los flujos fronterizos de Ceuta y Melilla. Mejorar la comunicación institucional de Marruecos en España, destacando más aspectos positivos y no sólo los puntos de conflicto. Es un país que ha mejorado mucho en todos los aspectos y un serio competidor económico para España. Reforzar la colaboración policial y militar entre ambos países, y saberlo vender y comunicar a la opinión pública, en tema de drogas, inmigración y terrorismo, sobre todo. Comunicar bien a la opinión pública de España lo importante que es Marruecos para la seguridad y bienestar de los españoles, e insistir en que unas buenas relaciones con el país vecino empiezan por confiar y tener una política de transparencia mutua. Mejorar e incentivar las empresas económicas mixtas hispano-marroquíes. Defender los intereses de las inversiones españolas en Marruecos y protegerlas de la especulación y de la corrupción. Crear vínculos a través de la puesta en relieve del patrimonio histórico común (Al Andalus). Ofrecer a los saharauis la posibilidad de ejercer su doble nacionalidad eligiendo dónde desean vivir: en España, como ciudadanos españoles, o en Marruecos, como ciudadanos marroquíes, bien en la provincia autónoma del Sáhara o bien en el resto de Marruecos, dotando al Sáhara de una amplia autonomía (siguiendo el modelo autonómico español)”.
 

Antes de terminar la conversación, El Ouafi Boulbars se muestra convencido de que, con respecto al contencioso de Cataluña, Marruecos nunca alentará a grupos independentistas en el interior de España como no quiere que España aliente las pretensiones del Polisario. Además, afirma, “los marroquíes residentes en España deben mantenerse al margen de este tema”.
 

En relación al auge del islamismo en Marruecos, Boulbars explica que tanto Justicia y Desarrollo, actualmente en el poder, como Justicia y Caridad (movimiento social no legalizado en Marruecos), tienen mucha fuerza social y que como organizaciones caritativas hacen un buen trabajo, pero son “unos tontos políticamente hablando y no tienen ni idea de cómo gobernar un país”. No son peligrosos ni violentos, pero son unos ignorantes políticos que creen que con dos conceptos abstractos del Islam pueden resolver todos los problemas de una sociedad contemporánea. El Islam no debe mezclarse con la vida política de un estado moderno como Marruecos. Los islamistas en el poder son honrados y bien intencionados, pero ignorantes, y cree que fracasarán. “Afortunadamente el país lo gobierna realmente el Rey y sus consejeros y no estos políticos simplones e ignorantes”, concluye.

 



 

 
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3 Comentarios
Javier Salaberria
Fecha: Lunes, 19 de diciembre de 2016 a las 08:16
Sr.Federico: Lo que expresa el entrevistado es su punto de vista, que no es ni el del periodista ni, por supuesto, el de La Tribuna del País Vasco. Tengo amigos saharauis y también serán entrevistados. Y habría que conocer la opinión española (si es que sólo hay una) y la de la ONU. Pero estas últimas son más conocidas en general. La intención de la entrevista no era hacer periodismo fiscal, muy popular hoy en día, en el que el periodista es tan o más protagonista que el “interrogado”, sino dejar que el entrevistado se expresara con total libertad, sin que el entrevistador y sus opiniones tuvieran protagonismo alguno. Porque necesitamos entender las opiniones contrarias a las nuestras (entender no es suscribir). Coherentemente con lo dicho, agradezco la crítica que usted hace.
Federico
Fecha: Sábado, 17 de diciembre de 2016 a las 17:50
La entrevista permite conocer bastante bien la mentalidad de los miembros del Ejército marroquí más próximos al Sultán y al Majzen, que es quien verdaderamente manda en Marruecos (nótese el desprecio tanto a los partidos políticos como a la esperanza democratizado de las primaveras árabes). Pero respecto al Sáhara contiene falsedades que e entrevistador parece ignorar o asumir, pues incluso aparecen en la entradilla. La provocación de la Marcha Verde y lo incluso anterior y oculta ocupacion militar fueron actos ilegales contrarios al derecho internacional y a lo doctrina de lo ONU (organización a la que nunca aluden ni entrevistado ni entrevistador). Y se anuncian el mismo día en que el Tribunal de La Haya decretó en un dictamen (que había sido solicitado por el propio Marruecos) que el Sáhara Occidental NUNCA HABÍA PERTENECIDO a Marruecos antes de la colonización española. ¿Ha ocultado el entrevistador estos datos por mala fe o por desconocimiento?
sahrawi
Fecha: Jueves, 15 de diciembre de 2016 a las 03:33
Tchorradas de un soldado derrotado.asi son los soldados del rey.

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