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Yolanda Couceiro Morín
Lunes, 19 de diciembre de 2016 | Leída 532 veces
Análisis

En Siria se acabó la fiesta para los terroristas y sus patrocinadores

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Con la liberación de Alepo, el sueño de los criminales charlatanes de la "revolución siria" se ha convertido en pesadilla. Después de años de proclamaciones altisonantes acerca de la "victoria inminente" de los insurgentes, esta aventura se está convirtiendo en un desastre. Esta supuesta revolución se derrumba a marchas forzadas, aplastada bajo las ruinas que hanprovocado. Después de las bravuconerías ha llegado la hora de la desbandada. Los yihadistas acabarán todos muertos o prisioneros. Alepo iba a convertirse en la "capital de la revolución siria". Craso error. Es el cementerio de una sedición patrocinada por Arabia Saudí y compañía. Los mercenarios wahabitas no tienen ya más opción que morir o rendirse.

 

Con el toque de difuntos de una insurrección guiada desde el exterior, la debacle de Alepo descubre una enorme superchería. Han sido necesarios seis años terribles para que esta tragedia provocada y mantenida por una avalancha de petrodólares se muestre tal cual es. No era una revolución, sino una operación fallida de cambio de régimen planificada por Washington y sus aliados. Esta operación se ha llevado a cabo utilizando organizaciones terroristas cuya matriz, Al Qaeda, ya era una coproducción saudí/estadounidense en los años 80. El Frente Al Nusra, el Estado Islámico y los demás grupos criminales fueron puestos a su vez al servicio de una estrategia del caos que buscaba pulverizar los Estados de la región en favor de entidades étnicas y confesionales, cuya fragmentación garantizaría la docilidad.

 

El resultado ha sido esta farsa sangrienta, ahora sepultada bajo los escombros de esta ciudad martirizada por una guerra sin piedad provocada por el apetito de una dominación imperial aliada al fanatismo esponsorizado de unos bárbaros cretinizados.

 

Hemos visto como los dirigentes occidentales que simulan combatir a los terroristas les suministran armas al mismo tiempo. Hemos visto a potencias extranjeras imponiendo un embargo de medicamentos a poblaciones civiles culpables de no combatir a su gobierno. Hemos visto a familias reales sanguinarias y pervertidas dando lecciones de democracia al tiempo que apoyaban al terror. Hemos visto a intelectuales occidentales exigiendo, como si de un imperativo moral se tratara, el bombardeo de un país que no ha hecho nada a ningún otro. Debemos reconocer que el drama sirio ha generado una impresionante exhibición de vilezas.

 

Durante estos años, los bardos de esta revolución de pacotilla nos han repetido machaconamente que una "gloriosa insurrección" iba a derrocar a la "odiosa tiranía". Día tras día han escondido detrás de una pantalla de humo humanitario el odio que les provocaba este Estado sirio cuya única culpa era la de permanecer en pie frente a la coalición depredadora de las potencias occidentales y las petromonarquías corrompidas. Sin ninguna vergüenza han cubierto de sus vociferantes mentiras las atrocidades cometidas por unas bandas criminales cuya ambición satánica era la de imponer la sharia wahabita y aniquilar las minorías confesionales.

 

Los cómplices intelectuales de este salvajismo han intoxicado la opinión pública al servicio de los objetivos del Imperio y sus acólitos. Estos mitómanos han escupido sobre Siria, su pueblo, su ejército y su gobierno. No han parado de calumniarlos, apoyados por unos periodistas incultos y parciales. Todos estos presuntos progresistas han negado la evidencia de unos mercenarios financiados por las monarquías petróleras y se han puesto servilmente bajo las órdenes del oscurantismo wahabita, que a su vez sirve a las grandes naciones con vocación imperialista. Nos han dado lecciones de humanismo mientras que le trenzaban coronas de flores a las milicias asesinas y sectarias que destruían Siria. Han discriminado entre buenas y malas víctimas, enarbolando los derechos humanos de un lado y armando a los yihadistas del otro.

 

Para desacreditar al gobierno sirio (y a su principal aliado, Rusia) han querido poner al servicio de su putrefacta causa la suerte de los civiles asediados en Alepo, pero omitiendo decir que el 80% de esos civiles se encuentran en los barrios protegidos por el gobierno y que los demás están retenidos por esos "gloriosos revolucionarios" yihadistas como escudos humanos. Nos han querido hacer creer que la aviación rusa bombardea los hospitales de Alepo olvidando decir que la mayoría de los hospitales de la ciudad se encuentran en el oeste de Alepo (bajo control gubernamental) y sufren el fuego incesante y mortífero de los morteros de los islamistas.

 

La reconquista de la segunda ciudad de Siria por el ejército nacional le devuelve la esperanza al pueblo sirio, que a partir de ahora puede ver el final del túnel después de tantos sufrimientos. Esta victoriosa ofensiva contra los terroristas aporta una gran corriente de aire fresco que aleja la pestilencia esparcida en la atmósfera durante estos seis años de propaganda a gran escala.

 

Esta propaganda ha envilecido el gobierno sirio atribuyéndole la responsabilidad de crímenes cometidos por sus enemigos. También ha demonizado a Rusia, cuya intervención militar en Siria, al contrario que la de los países de la OTAN, respeta el derecho internacional y golpea sin cesar a los terroristas de todo pelo y siglas. Hemos visto, paralelamente a la tragedia siria, cómo el odio contra Rusia se ha desatado con una violencia inusitada, cada vez que ésta ha hecho retroceder a los terroristas. Cuanto más castigan las fuerzas rusas a los yihadistas, más se indignan nuestros charlatanes occidentales y ponen el grito en el cielo.

 

La tragedia siria es un termómetro de la salud moral de nuestro mundo. Los gobiernos y sus lacayos mediáticos se han revolcado en el fango, mintiendo sin cesar. Pero el viento ha cambiado de dirección. Con Putin en Rusia y ahora Trump en los EEUU (que ha anunciado un giro en la política de su país en este tema), con el ejército sirio enviando a los mercenarios de Riad al basurero de la historia, y a menudo a dos metros bajo tierra, los valedores de los yihadistas, los charlatanes de los derechos humanos, pueden perder a su protector norteamericano. Los peones medio-orientales del Imperio están siendo destrozado por ese ejército sirio que hasta ayer despreciaban. Definitivamente, la fiesta se acabó para estos terroristas y sus patrocinadores.

 


 

 
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3 Comentarios
La Tribuna del País Vasco
Fecha: Jueves, 22 de diciembre de 2016 a las 15:22
Estimado JT: Este periódico, hace cinco años, no existía, así que difícilmente podía tener alguna posición sobre algo. Y ya de paso, aclaramos que el posicionamiento ideológico de este periódico se define única y exclusivamente por sus editoriales y sus artículos-editoriales.

Atentamente
JT
Fecha: Jueves, 22 de diciembre de 2016 a las 13:44
Nuestro país y sus políticos, nuestros medios de comunicación, muchos colegas tuyos de profesión no quedan ninguno nada bien después de todos estos años de mentiras...¿cuál era la posición de este mismo diario hace cinco años? ¿Dónde estabais todos, en Babia?
Íñigo Caballero
Fecha: Lunes, 19 de diciembre de 2016 a las 19:28
Gracias a Yolanda por esta revelación de que Qatar, Araba Saudita, Turquía y Estados Unidos crearon ALQAEDA, el Estado Islámico para destrozar países que no obedecían sus designios.
Otra farsa más de esa falsa democracia que es USA y su maravilloso premio Nobel de la Paz, Obama, un asesino vestido con piel de oveja.
Saludos y mucho ánimo

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