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Enrique Arias Vega
Jueves, 22 de diciembre de 2016

Viejos absurdos

[Img #10395]Por razones de edad, gran parte de mi amigos y contertulios son septuagenarios. Y la verdad es que comienzan a aburrirme; pero sobre todo a desconcertarme, dadas sus novísimas y absurdas creencias, opiniones y manifestaciones.


Muchos de ellos antes eran personas sensatas, trabajadoras, con puestos de responsabilidad que ejercían correctamente, Ahora, en cambio, bastantes se han hecho adictos a las redes sociales y se tragan cualquier cosa que éstas les cuenten; desde falsas campañas de solidaridad con trasplantes de órganos incluidos, hasta trucadas estadísticas sobre la situación del país, pasando por infundios o calumnias hacia personas públicas que, por supuesto, ellos no han comprobado en absoluto.


Luego, con la misma estólida desfachatez, a veces las desmienten, sin más, cuando en otro blog, chat o página web leen lo contrario.


No me refiero solamente a que esos amigos hayan sido timados en sus intereses con la adquisición de obligaciones preferentes, emisiones de bonos fraudulentos o inversiones ficticias, que también, sino a que sin percatarse se han convertido en agitadores sociales al servicio de las causas políticas más desestabilizadoras. Algunos de ellos, que en su día fueron directores de empresa, al llegar a la vejez se han hecho votantes y hasta propagandistas de Podemos.


Son lo que podría denominarse un grupo social vulnerable y, por lo que a mí respecta, menos sensato de lo previsto y más ridículo de lo deseable: en vez de vivir más relajadamente que antes y con cierto relativismo y distanciamiento intelectual, que sería lo propio, caen en todos los charcos del pesimismo y viven con una desazón como antes nunca tuvieron.


Por eso, a mí me resulta mucho más estimulante hablar con los jóvenes. Cuando éstos son radicales o protestatarios usan mejores argumentos y disponen de más razones que sus abuelos; incluso, tienen dificultades laborales de las que aquellos carecieron. Por eso, digo, uno aprende más de los jóvenes que de sus mayores.


Tendré, pues, que volver a hablar de estos últimos, ya que los viejos se están convirtiendo en todo un incordio. Al menos, para mí.   

 


 

 
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2 Comentarios
El que pasa por aquí
Fecha: Sábado, 24 de diciembre de 2016 a las 17:14
Amén al comentario de Extemporáneo. Lo suscribo totalmente.
Extemporáneo
Fecha: Sábado, 24 de diciembre de 2016 a las 15:12
Estoy parcialmente de acuerdo con sus apreciaciones, yo diviso un paisaje y un paisanaje similares. Sin embargo, permítame una discordancia: esos jóvenes que ahora tienen ciertas dificultades para la instalación social no han carecido de ciertas confortabilidades hasta que la crisis tan mal gestionada por un gobierno progre empeoró notablemente las cosas....y, en realidad, los más reaccionariamente indignados se parecen bastante a esos abuelitos avinagrados. No aprecio yo la ventaja en la conducta de los jovenzuelos.

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