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Fernando José Vaquero Oroquieta
Viernes, 6 de enero de 2017 | Leída 305 veces

Hilarión Capucci: un rostro para la Historia

[Img #10484]A las nuevas generaciones, con toda seguridad, nada dirá el nombre de Hilarión Capucci.


Para quienes estamos cerca de los 60 años de edad, acaso constituya el lejano eco –un tanto impreciso- de las primeras noticias que nos llegaban en aquel entonces del que parecía lejano e incomprensible, y más tarde interminable y agónico, conflicto árabe-israelí.
 

Su mediático rostro, que reflejaba paz y sosiego, contrastaba con la severidad de su ropaje eclesiástico propio de las Iglesias Orientales; similar al de los ortodoxos. Para una mente infantil, ávida de conocimientos y que empezaba a saber de la inmensidad del mundo, Hilarión Capuci constituía todo un reto, casi incomprensible y aparentemente contradictorio: un sirio, obispo católico, pero de rito griego, defensor intransigente del pueblo palestino y finalmente detenido por contrabando de armas en favor de unas de sus organizaciones levantadas contra el Estado de Israel. ¡Menudo puzle!


Algo después, de mano de una de mis hermanas, pude leer el espacio que Oriana Fallaci reservó a Yasser Arafat en su Entrevista con la Historia. A ello le seguirían los magníficos reportajes para TVE de sus corresponsales desplegados en la zona, en los que informaban de las múltiples incidencias, casi nunca felices, allí acaecidas; algún “especial” de Cuadernos para el Diálogo; la cruenta y confusa guerra civil libanesa; diversos golpes de Estado en los países árabes; las sucesivas intervenciones israelíes en Líbano; las múltiples expresiones del terrorismo palestino (marcadas por el Septiembre Negro jordano de 1970) y sus sucesivas facciones; la represión y el expansionismo israelíes… hasta llegar a los desastres desatados por la ocupación occidental de Irak y el vendaval final desde las mal diseñadas y peor entendidas “Primaveras Árabes”.
 

De este modo, toda una generación descubrimos un fascinante Próximo Oriente: con su evocadora historia, sus desbordantes y ensoñadoras ruinas arqueológicas de todas las civilizaciones allí asentadas durante los primeros milenios de la humanidad… y las desconocidas y sorprendentes minorías cristianas presentes desde hace dos mil años y en riesgo hoy de desaparición casi total.
 

El Patriarca greco-católico Gregorio III Laham hizo público en un comunicado la muerte en Roma el día 1 de enero del que fuera Vicario Patriarcal de Jerusalén y Cesarea, nuestro Hilarión Capucci, a los 94 años de edad; al que calificó de «héroe de la causa palestina para la cual hizo campaña durante toda su vida». Formaba parte del Sínodo de los obispos greco-católicos y de la Orden Basiliana de los Melquitas.
 

Hilarión Capucci nació en Alepo (Siria) en 1922. Fue nombrado Vicario Patriarcal de Jerusalén el 30 de julio de 1965. Días después, el 5 de septiembre, fue ordenado obispo de manos de Máximo IV Saigh (o Sayegh), natural de su misma localidad; hoy martirizada. Desde entonces residió en el este de Jerusalén.
Siempre se manifestó contra la ocupación israelí de los territorios palestinos. En 1974 fue detenido en Cisjordania por la policía israelí mientras transportaba armas de contrabando en su vehículo diplomático con destino a la OLP. Fue condenado a 12 años de prisión. Gracias a la intervención vaticana, fue liberado 4 años después, siendo deportado a finales de 1978. Desde entonces residió en Roma, limitando mucho su actividad pública, pero apoyando con firmeza la causa palestina, si bien por medios pacíficos.

 

Así, el 19 de febrero de 1981, en el diario español El País, declaró: «El amor a la patria es, de alguna manera, el amor de Dios. Si amáis a Dios y tenéis conciencia, debéis defender vuestra patria. Lo contrario sería traición; seríais un renegado. Yo quiero ser un hombre y no arrastrar una caricatura de hombre. El hombre no existe sin libertad ni dignidad. ¿Cómo ser libre con la ocupación? ¿Cómo mantenerla dignidad sin patria?»
 

En 2010 participó en la “Flotilla de la Libertad” que intentó romper el bloqueo impuesto por Israel a la Franja de Gaza. Detenido por la policía israelí, en su liberación declaró: «Los judíos son nuestros hermanos. No estamos en contra del judaísmo como religión, nosotros estamos en contra del sionismo. Los judíos son nuestros hermanos, todos somos hijos de Dios».
 

Todavía, y ya muy anciano, el 15 de junio de 2013 participó en Roma en una manifestación en favor de Bashar al-Assad convocada por el Frente Europeo por Siria.
 

Al conocerse su muerte, diversas organizaciones palestinas y libanesas han manifestado su pesar, homenajeándole. Ha sido el caso de la OLP, Fatah, Hamas, Hezbollah y diversos grupos panárabes, quienes han destacado que en su vida no disoció la fe y la política, pagando un precio por ello. Amal, por su parte, ha afirmado que «desde Alepo, pasando por Jerusalén y ya en Roma, Hilarión Capucci ha sido un modelo de resistencia a la injusticia».
 

Seguramente, en sus últimos años, sería un testigo frustrado por la situación de creciente deterioro de toda el área; muy alejada en su debacle actual de los proyectos por los que tomó partido hace décadas, que ha degenerado en una destrucción del tejido comunitario y humano del entorno casi sin precedentes.
Hoy día, los nuevos asentamientos judíos en territorios palestinos y la división insalvable entre “laicos” de Fatah y fundamentalistas de Hamas en sus respectivos espacios, parecen alejar, indefinidamente, tan compleja realidad de la solución laica, multiestatal y con una Jerusalén bajo protección internacional que defendieran Pablo VI, primero, e Hilarión Capuci después; como audaz alternativa al drama allí vivido.

 

En la paz de sus últimos años en Roma y en la fuerza de su oración, Hilarión Capucci habrá encontrado las primicias de sus esperanzas terrenas; como ahora, la respuesta plena que cara a cara se habrá topado finalmente, en el Silencio que no precisa palabra alguna para alcanzar la plena comunicación, con su Creador.

 



 

 
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