Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Un artículo de Luis Escribano
Domingo, 8 de enero de 2017 | Leída 75 veces
“Con casi 200.000 normas vigentes en España (estatales y autonómicas aprobadas desde el año 1978, sin contar las ordenanzas municipales) y unos tributos desmedidos, no puede construirse un país con una economía fuerte y bajo desempleo”

¡Sean políticamente incorrectos!

[Img #10495]Estrenamos año, pero todo parece seguir igual. Sin ir más lejos, en el ámbito gubernamental de Andalucía, incluso huele a naftalina y alcanfor. Que mejor forma, pues, de empezar el año nuevo, que con esta arenga: no se dejen amedrentar por aquellos que intentan silenciar las injusticias o la corrupción; no sólo es un derecho el reclamar lo que es justo, sino un deber de todos los ciudadanos. ¡Hablen alto y claro! ¡Despójense del miedo que les bloquea! ¡Con el debido respeto, sean políticamente incorrectos!
 
 
Anhelo que los ciudadanos se rebelen contra tanta estulticia, contra esta farsa o sainete carente de gracia, contra tantos buhoneros disfrazados de políticos, y sobre todo, que exijan y luchen por la devolución del protagonismo que les ha sido arrebatado por estos. Es insano seguir soportando tanta demagogia vetusta o putrefacta, tanta falacia instalada en tantos partidos políticos, auténticas corporaciones vendedoras de humo e hipocresía.
 
 
Me dirijo a ustedes, estimados compatriotas, quienes deberían ser los verdaderos protagonistas de nuestra sociedad. Lean, escuchen o vean los medio de comunicación y las redes sociales, y observen quiénes ocupan más espacios informativos, quiénes intervienen y ocupan nuestras vidas sin haberles invitado, quiénes nos confiscan los bienes y nuestro dinero sin miramientos, quiénes deciden lo que debemos hacer cada día y a cada hora…quiénes nos han sustraído uno de los valores más preciados que pueda tener un ser humano: la libertad.
 
 
No se dejen seducir por los cantos de sirenas o por la música de tantos flautistas hamelineses que ansían poder, notoriedad o riqueza, y cuando intenten convencerles de lo trascendente que es ser correctos en política, manténganse firmes y hagan todo lo contrario: ¡sean lo más políticamente incorrectos que puedan! No hay otro camino para que reluzca la verdad y la justicia.
 
 
La “corrección” en política sólo interesa a los pusilánimes y cobardes, a quienes no quieren perder votos, a quienes prometen lo contrario de lo que hacen, a quienes temen quedarse sin su cargo público, a quienes se parapetan en el partido político sostenidos con nuestro dinero, a quienes, abusando del poder prestado, utilizan el miedo como arma bloqueante de los ciudadanos, a quienes venden su ética al mejor postor.
 
 
Tengo fe en la creatividad e iniciativa de los ciudadanos libres, en sus posibilidades infinitas de autorregulación, en sus capacidades de organización y de emprender lo que ningún político podrá conseguir nunca con medidas tan intervencionistas e ineficientes como muchas de las que pregonan y ejecutan constantemente. ¿No les resulta deplorable y propio de una hipocresía insultante que tantos políticos nos vendan las ventajas de las autorregulaciones en muchos ámbitos o sectores de la sociedad, como por ejemplo el arbitraje, en las que no intervienen los poderes públicos y los ciudadanos adquieren el protagonismo y, sin embargo, casi toda la política que ejecutan está impregnada de intervencionismo? ¿Se dan cuenta de esa doblez moral y de sus discursos velados?
 
 
No creo que sea necesario recordarles lo que cuesta en España a un ciudadano iniciar cualquier empresa: entre la cantidad descomunal de normas que le afecta y los tributos que debe pagar, el ciudadano descubre no sólo el apetito voraz de esos políticos que se jactan de trabajar para nosotros, sino también la falta de libertades en nuestro país. Y si aún no han tenido ocasión de probar tan amarga experiencia, les invito a ello: intenten poner en marcha varias iniciativas y anoten cuantas normas les afecten, así como los costes de ponerlas en marcha y mantener su funcionamiento.
 
 
Cuando un político o un partido les venda ustedes el logro de haber conseguido significativos incrementos en los presupuestos públicos, y que esos aumentos de gasto público se traducen en mejores prestaciones y servicios, les están engañando sin pudor alguno. Cualquiera que tenga un mínimo de conocimientos en organizaciones, o quienes dirijan una empresa, sabe que el gasto no es ningún indicador de éxito, sino la eficiencia, es decir, conseguir los objetivos marcados –eficacia- con el menor gasto posible –eficiencia-.
 
 
Sin embargo, hay “políticos” y partidos que se enorgullecen de haber conseguido esos aumentos en las partidas presupuestarias, pregonándolo a diestro y siniestro, conociendo –o no- y sin dar ninguna trascendencia a su segura ineficacia e ineficiencia, teniendo en cuenta quién, cómo y para qué se efectuará el gasto. He tenido la ocasión de analizar en Andalucía indicadores –cuando los hay- definidos en la planificación –cuando existe- para medir los logros, y son deplorables. Pero les da igual, pues casi nadie se preocupa de evaluarlos adecuadamente.
 
 
Les aseguro que la Junta de Andalucía, por poner un ejemplo que conozco muy bien, es una organización muy ineficiente. Su personal está absolutamente desmoralizado, al comprobar que, desde que ingresan en la mayor “empresa” de Andalucía, el mérito, la capacidad, la igualdad de oportunidades y la transparencia están ausentes en su funcionamiento, y que casi siempre promociona el que se vende a las desviaciones del poder. Y curiosamente, son los recursos humanos una de las variables que más peso suele tener en todos los modelos de calidad de las organizaciones públicas (por ejemplo, EFQM).
 
 
En cuanto a las duplicidades de órganos y funciones, a la corrupción imperante en la administración andaluza, disponen de pruebas suficientes en estas páginas de El Demócrata Liberal. Sin embargo, ¿qué poder público o partido político está luchando con mano de hierro contra ello, proponiendo las medidas oportunas para acabar con tanto clientelismo, nepotismo y demás tipos de corrupción?
 
 
Tengan en cuenta que un mayor gasto público supone incrementar los ingresos, es decir, los impuestos, tasas y demás cánones que pagamos los contribuyentes, y que los políticos siempre ansían aumentar esos importes porque se traduce en poder, al ser ellos quienes deciden en qué gastarlo, hurtándoles a los ciudadanos su protagonismo y su libertad de acción. No es lo mismo que el dinero circule en base a las libres iniciativas de los ciudadanos que a iniciativas dirigidas desde el poder político.
 
 
Una sociedad que dependa en exceso de lo que ordenen, digan o hagan sus políticos acaba necesariamente enfermando, y el ciudadano acaba siendo un ser “dependiente”, como el hijo que teme aventurarse fuera de la casa de sus padres y/o se ha acomodado a ella, o del enfermo que para subsistir necesita de otra persona.
 
 
Cuando la propaganda política repite tanto que nuestros males se deben a los recortes del gasto, por algo es: están jugando con la ignorancia de muchos ciudadanos, sus sentimientos, su dependencia... Les insisto en lo dicho: gastar menos no necesariamente conlleva peores prestaciones si se pusiera el dedo en el verdadero problema de las Administraciones, que no es otro que su pésima organización y, por ende, su ineficiente funcionamiento. El nepotismo, la corrupción, las elefantiásicas e ineficientes Administraciones y el intervencionismo excesivo son algunas de las grandes causas de que nuestra economía no sea boyante y el empleo mejore. ¿Y por qué no se corrije todo eso? ¿A quiénes interesa que todo siga igual o peor incluso?
 
 
Si ustedes se creen tanta mentira es porque quieren, porque se benefician de ella o porque admiten resignadamente su statu quo. No hay más.
 
 
Por tanto, no dejen que los incompetentes que pululan en la política sigan tomándoles el pelo, y exijan que abandonen sus políticas intervencionistas y de tanto gasto público, que nos dejen respirar, que los ciudadanos sabemos que hacer con nuestro dinero, que sabemos organizarnos para mejorar nuestras vidas, que con casi 200.000 normas vigentes en España (estatales y autonómicas aprobadas desde el año 1978, sin contar las ordenanzas municipales) y unos tributos desmedidos, no puede construirse un país con una economía fuerte y un bajo desempleo, base para crear riqueza y mejorar el nivel de vida de los españoles. Y si algún político dice lo contrario, miente como un bellaco.
 
 
Por todo ello, no hay mejor forma de comenzar este año nuevo que exigiendo la anhelada libertad y actuando para conseguirla. Los deseos sin acción no se cumplen. Y no hacen falta grandes proezas: en sus pequeñas parcelas de vida, hay sucesivos lugares y momentos para luchar por lo que es suyo. En Andalucía no conocemos aún el color que tiene la libertad. Como dice Nox&Vel en su rap sobre el susanismo: ¡andaluces, no abandonen!
 

 

En 2017, y más allá del infinito, ¡sean todo lo políticamente incorrectos que puedan llegar a ser!

 


 

 
Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress