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Ascensión Corcuera Ruiz
Lunes, 9 de enero de 2017 | Leída 248 veces
El Gobierno nacionalista vasco guarda silencio

Apoyan al etarra Eneko Gogeaskoetxea en el mismo lugar donde éste asesinó al ertzaina Txema Agirre

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La organizaciónn proetarra Etxerat, que reúne a familiares de terroristas de ETA encarcelados, ha celebrado recientemente una manifestación en la explanada del Museo Guggenheim de Bilbao para exigir “el acercamiento de los presos a Euskadi”.

 

Esta iniciativa en favor de los terroristas de ETA ha provocado un importante malestar en algunos sectores de la Ertzaintza, según el sindicato policial Erne, ya que el acto en apoyo de los terroristas tuvo lugar en el mismo lugar en el que, en 1997, el etarra Eneko Gogeaskoetxea asesinó al ertzaina José María (Txema) Aguirre Larraona. “Celebraron la manifestación precisamente en la plaza que lleva el nombre de Txema Aguirre. Nos parece una humillación para la familia de nuestro compañero asesinado y un menosprecio para la Ertzaintza en general”, se explica desde el sindicato mayoritario de la Policia Autonómica vasca, mientras el Gobierno vasco y la dirección de la Ertzaintza guardan silencio.

 

El 13 de octubre de 1997, el agente de la Ertzaina Txema Agirre custodiaba junto con otros compañeros las inmediaciones del Museo Guggenheim de Bilbao apenas unas horas antes de su inauguración oficial, que iba a contar con la presencia de quienes entonces eran lehendakari del Gobierno vasco, José Antonio Ardanza, presidente del Gobierno español, José María Aznar, y Rey de España, Juan Carlos I.

 

El agente observó una furgoneta de jardinería sospechosa que pretendía depositar unas macetas con explosivos en las inmediaciones del museo. Tras comprobar la falsedad de la matrícula del vehículo, el agente se dispuso a identificar a sus ocupantes. En ese instante, el etarra Eneko Gogeaskoetxea le disparó a bocajarro provocándole graves heridas que unas horas más tarde le ocasionarían la muerte.

 

Hace algunos años, en un artículo publicado en diferentes medios de comunicación bajo el título de “Víctimas del terrorismo contra la impunidad”, Maite Mollinedo, esposa de Txema Agirre, ya advertía de que “nos resulta muy preocupante la frivolidad con la que desde múltiples ámbitos sociales se contempla ya un posible escenario de paz. Al parecer, en la Arcadia feliz en la que se convertirá Euskadi en cuanto desaparezca la banda terrorista ETA todos estaremos unidos, y el diálogo, la tolerancia, el respeto al otro y la pluralidad enriquecedora se expandirán sin cortapisas”. Y se preguntaba: “¿Qué van a hacer las instituciones para conseguir que miles de vascos que durante décadas han estado impulsando, comprendiendo, apoyando, jaleando y justificando a los criminales se conviertan, de la noche a la mañana, en modélicos ciudadanos demócratas?, ¿qué mecanismos se van a poner en marcha desde el Gobierno Vasco o desde el Ejecutivo central para corregir las múltiples carencias democráticas, los comportamientos fascistas, las actitudes xenófobas y las conductas proetarras que diariamente se producen en nuestra tierra?".

 


 

 


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