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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 16 de enero de 2017 | Leída 233 veces

¿Dolores Ibarruri y Sabino Arana se merecen una calle en Bilbao?

Trato de ver los problemas con la máxima objetividad, sabiendo que ésta tiene mucho de subjetivo en relación a los filtros mentales, experiencias previas, circunstancias y entorno en el que uno vive.

 

Sin embargo, intuyo que por una parte de mis conciudadanos se valoran mis diagnósticos de los problemas como si fueran realizados por un testigo de parte, no por un observador que actúa como el entomólogo con los insectos. Mi pasado político me debilita y distorsiona la percepción de una parte de los receptores de mi mensaje, pese a que trato de soportar mis afirmaciones sobre hechos concretos y evidentes.

 

Ese fenómeno del “efecto halo” se puede aplicar a la polémica suscitada esta semana pasada con el tema de la memoria histórica y el cambio de los nombres de las calles en Bilbao. La izquierda y los nacionalistas tratan de borrar cualquier testimonio de la historia que no responda a sus paradigmas. Su percepción de la historia adolece de rigor y de ecuanimidad, cuando no de justicia, pues eliminar todo lo que recuerda a nuestro pasado es borrar nuestra historia, no hacer un relato objetivo, que eso es ni más ni menos la memoria histórica, salvo que en lugar de llamarla memoria la llamemos “desquite histórico”. Por la vía de la nefasta memoria histórica nos quedaríamos sin patrimonio documental y monumental, pues habría que derribar casi todo en función de la forma de ver las cosas de cada cual. Eso no es historia, es manipulación y expolio de la historia.

 

Ha ocurrido que un concejal del PP de Bilbao, legítimamente, ha exigido, por la misma vía que la de eliminar cualquier referencia franquista o prefranquista, por muy dudosa que sea, eliminar del callejero a Sabino Arana y a Dolores Ibarruri.  A mí no me molestan esos nombres en el callejero, como no me molestan los de José Antonio Primo de Rivera o José Calvo Sotelo.


Son personajes históricos que han marcado el periodo de la Guerra Civil o sus prolegómenos, salvo en el caso de Arana, con los que podemos estar de acuerdo o no. Pero, que yo sepa, a Sabino Arana y a Dolores Ibarruri no les asesinaron y a Primo de Rivera y a Calvo Sotelo, sí. Y lo que es más grave, lo hicieron asesinos protegidos por el poder, con la complicidad de éste. Y lo que es más grave aún, con el previo anuncio de ese asesinato por parte de “La Pasionaria” allí donde se representaba la soberanía nacional en la República.

 

[Img #10559]Sabino Arana era un racista carpetovetónico y xenófobo que tenía odio a todo lo foráneo, como se demuestra su amplio repertorio de exabruptos y exageraciones verbales, como éstas a modo de ejemplo: “El roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón, apartamiento total, en una palabra, del fin de toda humana sociedad. Y muerto y descompuesto así el carácter moral de nuestro pueblo, ¿qué le importa ya de sus caracteres físicos y políticos?” “Si nos dieran a elegir entre una Bizkaya poblada de maketos que sólo hablasen Euzkera y una Bizkaya poblada de bizkainos que sólo hablasen el castellano, escogeríamos sin dubitar esta segunda, porque es preferible la sustancia bizkaina con accidentes exóticos que pudieran eliminarse y sustituirse por los naturales, a una sustancia exótica con propiedades bizkainas que nunca podrán cambiarla...” “El bizkaíno es digno, a veces con exceso, y si cae en la indigencia, capaz de dejarse morir de hambre antes que pedir limosna (...); el español es vago hasta el colmo, y aunque se encuentre sano, prefiere vivir a cuenta del prójimo antes que trabajar.”   

 

Y así podríamos seguir incluyendo citas hasta el aburrimiento. Aunque cada una de sus infelices ideas no nos dejara en absoluto impasibles. El "Mein Kampf" de Hitler nos parecería un plagio. Por tanto, no acierto a entender, al igual que le ocurre al concejal del PP, cual es el mérito del personaje para figurar en una calle, como no sea el haber sido fundador del Partido Nacionalista Vasco. Yo, sinceramente, si tuviera un fundador así o me cambiaba de partido o desistiría de ensalzar al progenitor de la criatura. Pero, el PNV, todo lo contrario, ha reaccionado con indignación, como si se hubiera cometido un ultraje a su dignidad. Allá ellos. Ahora bien, que no se extrañen de que al proponer el cambio del nombre de algunas calles alguien les recuerde esto.

 

[Img #10558]En lo que se refiere a Dolores Ibarruri debemos recordar que era una leninista y estalinista referencial y que fue copartícipe de las checas y purgas que se realizaron en la Unión Soviética, como bien nos recuerda Stephen Koch en su libro "El fin de la inocencia", de obligada lectura para saber las atrocidades cometidas en el mundo comunista. Por ejemplo esta cita:


“Mientras tanto, se avecinaba el Terror. Vista desde fuera del prisma totalitario, la lógica del Terror parece impenetrable. ¿Por qué?  Un régimen desea cambiar un equipo de dirigentes por otro más satisfactorio. Pues muy bien,  ¿por qué no cesarlos? ¿Reemplazarlos? ¿Hacerlos caer en desgracia si es necesario? Sin duda, a Stalin le hubiera sido muy fácil alejar del poder a sus camaradas en desgracia. ¿Por qué matarlos y en el proceso empezar una oleada de matanzas hasta alcanzar millones de víctimas en toda la sociedad? ¿Por qué? El terror rojo compite con el holocausto nazi como ejemplos magistrales de una malignidad sin motivo aparente.”

 

Yo, iluso de mí, quiero saber cuáles son los méritos de Dolores Ibarruri para dar nombre a una calle. Igual lo es el haber potenciado las checas en España, o haber contribuido al asesinato a sangre fría de muchos curas, frailes y monjas solamente por el hecho de serlo.


“Puede afirmarse que solo en Madrid funcionaron más de doscientas veintiséis checas, plenamente comprobadas, inspiradas en el modelo soviético; pero con la esencial diferencia de presentar cada una de ellas carácter autónomo, actuando según su capricho y gozando del apoyo de las Autoridades oficiales rojas, a cuyo efecto fueron dotados de carnets de agentes de la Autoridad numerosos chequistas, sin que las «checas» estuviesen por su parte jerárquicamente subordinadas a dichas Autoridades ni obligadas a dar cuenta a las mismas de su actuación ni de la suerte corrida por sus detenidos, sin perjuicio todo ello del mutuo auxilio que se prestaban estas «checas» entre sí, especialmente las pertenecientes a un mismo partido u organización sindical. De este extraordinario número de «checas» diseminadas por toda la capital madrileña puede inferirse la situación de ésta durante el movimiento y la seguridad personal de sus vecinos.
 

La complacencia del Gobierno del Frente Popular respecto de la actividad criminal de las «checas» oficiales y no oficiales resulta indiscutible ante la realidad de los hechos, y se vio confirmada por el premio concedido a los chequistas profesionales, que a los pocos meses ingresaron en masa en la Policía del Estado. Las hipócritas advertencias prohibitivas dirigidas por el Gobierno a las «checas» no oficiales, y publicadas alguna vez en la Prensa a efectos de propaganda en el Extranjero, eran puramente platónicas, y su propia reiteración de fe de su ineficacia y de su absoluta falta de sinceridad. Los marxistas y anarquistas sentían preferencia por los templos y conventos para establecer en ellos sus «checas», pudiéndose citar en Madrid como casos concretos que el Convento de Salesas Reales de la calle de San Bernardo, nº 72, el Convento de la Plaza de las Comendadoras, la iglesia de Santa Cristina y otros muchos templos madrileños fueron convertidos en «checas» por el Partido Comunista, independientemente de los edificios religiosos dedicados a la misma finalidad por otras organizaciones del Frente Popular.”

 

Solamente es una de muchas referencias de las barbaridades cometidas por aquellos comunistas, anarquistas o socialistas marxistas. No entiendo cómo sigue presidiendo la entrada al Ministerio de Trabajo una efigie de Largo Caballero, verdadero inspirador e instigador de la Revolución de Octubre y otras fechorías cometidas por los prosoviéticos desde la República contra el orden constitucional. Resulta sarcástico que fuerzas llamadas de centro no hayan tomado la iniciativa de retirar ese monumento a la barbaridad. Si abogamos por eliminar restos del pasado fallido hagámoslo en toda su extensión y así completaremos la memoria histórica, en lugar de la memez histérica.  

 

Pero de Rajoy y sus muchachos, como Alfonso Alonso, no cabe esperar nada en ese sentido. Bastante tienen con sus complejos y temores o aspiraciones de poder puro y duro, si no, no se hubieran vendido nuevamente por un plato de lentejas a las exigencias del PNV, y posiblemente también a las del PSOE, obligando a su compañero de la corporación municipal bilbaína a retirar su propuesta.

 

 

 

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1 Comentario
Fernando Vaquero
Fecha: Martes, 17 de enero de 2017 a las 09:32
Un artículo atravesado del respeto y el sentido común; cualidades un tanto ausentes en quienes lamentablemente tienen la sartén por el mango. Pero al menos, que se nos ayude a abrir ojos y mentes, entender la realidad y el que sirva, tome medidas.
Gracias, Ernesto.

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