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Editorial La Tribuna
Domingo, 22 de enero de 2017

La alianza de Marx y Alá: una amenaza global para Occidente

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“La Marcha de las Mujeres” y otros cientos de manifestaciones que lideradas por personajes patéticos como la cantante Madonna o por radicales demagogos e incendiarios como el “cineasta” Michael Moore, reúnen, bien aireadas por los medios de comunicación más rastreros y manipuladores que ha padecido Occidente desde el fin de la II Guerra Mundial, todas las estereotipadas proclamas que la extrema izquierda occidental utiliza desde la caída del Muro de Berlín para llenar su listado de perennes protestas y reclamaciones.

 

Basta observar la imagen terrorífica que encabeza este artículo editorial para entender cómo la “Marcha de las Mujeres” y similares solamente son la punta de lanza de un movimiento global anti-Occidente que se construye sobre varios elementos perversos: el apoyo a la inmigración sin control, fundamentalmente islámica, como forma de desgastar los valores tradicionales sobre los que se levantan los Estados liberales; la utilización de la ideología de género más aberrante como herramienta básica para diluir el papel fundamental que desempeña la familia tradicional en nuestras vidas; la manipulación de las minorías raciales y políticas como instrumentos de ataque contra los gobiernos democráticamente elegidos, y la islamofilia como pancarta disgregadora y destructora del bagaje espiritual e intelectual clásico sobre el que se levantan nuestras sociedades.

 

[Img #10606]Todas estas banderas, utilizadas habitualmente por los partidos, las organizaciones y los movimientos de izquierda y de extrema izquierda occidentales, son las que han llegado para ocupar el hueco creado en el pensamiento pretendidamente "progresista" tras el hundimiento del marxismo con la caída de la antigua URSS. Incluso, hace unas semanas, en otra de las manifestaciones “anti-Trump” que tuvo lugar en Nueva York se pudo contemplar cómo el empleo de la violación femenina como arma terrorista, tan utilizada por los actuales movimientos terroristas islamistas, también se ha introducido en la campaña de protestas contra el nuevo presidente: un manifestante concentrado ante la puerta de entrada a la Torre Trump, situada en la Quinta Avenida de Nueva York, portaba un cartel muy explícito: "Rape Melania". ("Viola a Melania" - nombre de la esposa de Donald Trump -).

 

Hay que estar preparados porque las diferentes marcas del totalitarismo de extrema izquierda, aliado con el totalitarismo político islamista, quieren utilizar sus ataques a Donald Trump como arietes para acabar con los valores occidentales tradicionales. Y para ello, tal y como están demostrando hasta el vómito moral medios de comunicación como “The New York Times”, “The Washington Post”, “BBC”, “El País” o “CNN”, entre otros muchos, generalmente abanderados serviles de todo tipo de causas presuntamente progresistas, no dudarán en manipular, mentir, tergiversar, señalar y difamar para obtener sus objetivos.

 

Hay una alianza global de Marx y Alá, santificada por lo políticamente correcto, impulsada por las elites mundiales socialdemócratas, regada por recursos económicos de oscuros orígenes y acelerada por el poder de las nuevas tecnologías de la comunicación, que se está convirtiendo, se ha convertido ya, en el principal desafío contra las democracias clásicas, contra nuestra tradición judeocristiana y grecorromana y contra los valores éticos y los mejores elementos socioculturales que han permitido a una buena parte del mundo alcanzar los mayores niveles de libertad, tolerancia, progreso y desarrollo de la historia. Y solamente combatiendo con firmeza esta lacra moral, intelectual, política y cultural, podremos alcanzar lo que los votantes americanos de Donald Trump han querido lograr a través de las urnas: que las oportunidades han de extenderse a todo el cuerpo social; que el respeto a las minorías no debe confundirse con ser esclavos de éstas; que la apertura a la inmigración no debe mezclarse con la aceptación ridícula de todo tipo de flujos migratorios incontrolados, y, en definitiva, que el individualismo como valor supremo, la libertad personal y el derecho a la seguridad no debe ceder ante el empuje de los comunitarismos populistas más agresivos, groseros y desnortados.

 


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