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Manuel Molares do Val
Sábado, 4 de febrero de 2017 | Leída 52 veces

Infierno eterno para los yihadistas

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Una de cada cuatro causas de la Audiencia Nacional se relaciona ya con yihadistas descubiertos por la policía y la guardia civil, que han evitado nuevos atentados tras los de 1985 y 2004, que suman 211 masacrados.

 

La seguridad del Estado, en máxima alerta, teme que los yihadistas obedezcan de inmediato al Estado Islámico, Al-Qaeda y otras bandas fanáticas, que les han ordenado perentoriamente matar en España.

 

Por eso hay que aprovechar en favor propio uno de los sabios consejos del general Sun Tzu (722-481 a. C.): “Prohíbe los augurios (en tus tropas) para evitarles miedos”.

 

Augurios/temores que deben cultivarse en el enemigo, esos islamistas, anunciándoles que sus cadáveres serán contaminados para cerrarles la entrada al Paraíso de las huríes y al Juicio Final.

 

Los yihadistas, además de fanáticos, son sumamente supersticiosos. Explotar lo que les asusta no afecta a sus derechos humanos, por lo que si los aterrorizamos con el infierno quizás logremos que muchos abandonen el terrorismo antes de asesinar.

 

El yihadista desea tanto llegar al paraíso de sus huríes como teme ir al infierno muriendo impuro.

 

Los católicos también temían esa condena si morían en pecado mortal; pero para muchos teólogos el averno ya no existe, como el limbo, lo que reduce ese miedo.

 

Los terroristas necesitan llegar puros al paraíso. Si sus cadáveres se contaminan arderán en el infierno y, sobre todo, no accederán ante Alá para el Juicio Final.

 

En Crónicas Bárbaras se expusieron ya exitosos casos de campañas así con yihadismos anteriores: es momento de reivindicarlas y repetirlas.

 

Policías y autoridades: adviertan a los terroristas en la Audiencia Nacional que, de morir, irán al fuego eterno embadurnados con lo que más les aterra, sangre y grasa de cerdo. El terror contendrá a muchos.

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