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Pablo Mosquera
Domingo, 5 de febrero de 2017

Aquellos políticos de ayer

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No teman. No perderé nuestro tiempo en señalar a ese "trampero-aventurero" que recuerda a los pobres desesperados en busca de fortuna a la conquista del Oeste-Far West, y hoy, presidente de los Estado Unidos de América, con un bolígrafo y poder, -¡qué peligro!- desde el Despacho Oval, con esas cortinas tan horteras a juego con el estropajo de su cabellera.


Quiero compartir con mis lectores una reflexión. No es fácil vencer a la partitocracia. No es fácil lograr que los mejores acudan, desde la sociedad civil, al servicio público, ya que deben sortear las zancadillas y puñaladas de los miserables. No es fácil encontrar un dirigente que goce de las cualidades exigidas por Platón: cultura y decencia. Pero tuve la fortuna de convivir con algunos, en el buen sentido de la palabra buenos.


Entre los socialistas vascos, me quedo con dos. Ramón Jáuregui y Fernando Buesa.

 

Con el primero compartí durante diez años aquella Mesa de Ajuria Enea, y sobre todo, los momentos más impactantes de mi vida. Los acontecimientos de la rebelión popular en Ermua, contra el fascismo vasco.

 

Con el segundo, conformamos el acuerdo de 1999, para hacer del territorio foral de Álava la frontera al nacionalismo vasco. Y así, tener el primer gobierno de Euskadi, fruto del acuerdo PP-PSE-UA. del que formé parte y que presidía Ramón Rabanera.


Los dos socialistas eran hombres de palabra. Con sus titulaciones universitarias, sus trayectorias en la vida civil, su capacidad y conocimiento para gestionar lo público, con honradez y sin exclusiones. Ramón fue un magnífico vicepresidente y consejero del Gobierno Vasco. Fernando fue un magnífico diputado general de Álava y un eficiente consejero del Gobierno Vasco. Con ambos llegué a tener una feliz sintonía. Desgraciadamente, a Fernando, lo asesinaros a cuatrocientos metros de mi casa en Vitoria. A Ramón, lo hartaron y se marchó a Madrid, dónde las nuevas generaciones de los socialistas tardaron demasiado en valorar sus cualidades. Todavía hoy, sería el mejor candidato para relanzar al maltrecho partido socialista.


 

En la ciudad de Vitoria, que se define tras aquellas exposiciones por la restauración de la Catedral de Santa María, como "entre clérigos y soldados", se dieron tres fenómenos muy a tener en cuenta: el mayor crecimiento vegetativo en muy poco tiempo; la primera huelga revolucionaria tras la muerte del dictador -3 de marzo 1976-; la mayor concentración de políticos por habitantes, al coincidir el Ayuntamiento de la capital de Euskadi - Juntas Generales de Álava - Gobierno Foral- Parlamento Vasco - Gobierno Vasco. Todo ello, en pocos años del siglo XX.
Se produce un fenómeno sociológico muy interesante. En pocos años, la singularidad de la clase dirigente pasa por Iglesia, milicia, empresarios, profesiones liberales, políticos. Tiene su centro en la singular calle Dato, que se extiende desde la Plaza de España hasta la estación de la RENFE. En ella se puede ver luciendo palmito a tales clases dirigentes. En ella, los fines de semana, los nuevos habitantes de los barrios, creados por el desarrollo industrial, paseaban con sus mejores galas.


Los políticos de la recién estrenada democracia solían tomar el aperitivo en la barra del Círculo. Allí podía escucharse a Jesús Viana Santa Cruz. Apellido ilustre. Hombre de la Transición. Dirigente de la UCD. Mano derecha del presidente Suarez. Gran comendador para sacar adelante el Estatuto de Autonomía, la Ley de Territorios Históricos, los pactos necesarios con el PNV para la colaboración entre la nueva democracia y la vieja tradición carlista. Pudo ser ministro en el Gobierno que gestionaron el dueto Suarez-Abril Martorell, pero nadie se atrevía a conceder tal honor a una persona sin título universitario, aunque por unos "momentos" se le adjudicara el de licenciado en Derecho.  


Otro caso muy singular. José Ángel Cuerda. El mejor alcalde de la democracia para la ciudad de Vitoria. No sólo desarrolló un urbanismo sostenible que hizo de cada barrio un lugar con autosuficiencia, centros sociales, zonas verdes, calles peatonales, equipamientos deportivos, bibliotecas, guarderías. Es que se ocupó de convertir a la ciudad de Vitoria en un escaparate dónde se reflejaban los derechos de la ciudadanía. Cuerda, por praxis, no era de ningún partido político. Venía de la democracia cristiana, estuvo con el partido de Garaicoechea y con el PNV, pero era, en palabras suyas: "el crítico de los críticos". Transformó las calles en una galería de arte, las mejores esculturas de autores contemporáneos, practicó la tolerancia y la solidaridad, haciendo de Vitoria una ciudad abierta, para vivir, para estudiar en su Campus, para pasear su anillo verde, para acudir a su Festival de Jazz.


Al lado de estos hombres, cultos y decentes, siempre hubo algún "aprovechado". Lo peor que pudo suceder fue como se pusieron a "maniobrar" los especuladores del suelo. Vitoria llegó a ser una de las capitales de España más caras con viviendas más caras. Los constructores y promotores del ladrillo se forraron,  puestos de acuerdo con políticos poco escrupulosos -profesionales- gracias al intercambio de información por toda suerte de "dádivas". Desgraciadamente, no se libró ningún partido político. Y lo digo, ya que en una conversación mantenida con un alto cargo de la Caja Vital, al preguntarle por políticos de Unidad Alavesa "pringados", me contestó: "Todos los partidos, incluso HB, y de UA, dos". A uno -siempre cuenta- le benefició una herencia... Al otro, lo echó del Consejo, con cajas destempladas, el siguiente presidente de la Caja Vital.


Ahora acaban de sustituir al Delegado del Gobierno en Euskadi -Urquijo, sin el de-. Tuvo un antecesor, socialista, brillante. José Antonio Aguiriano. Licenciado en Derecho y experto de la Organización Internacional del Trabajo. Hombre muy preparado y capaz. Se portó como un caballero. Cuando las amenazas sobre mi persona se hicieron casi insoportables, tanto él como el Gobernador Civil de Álava me prestaron toda su ayuda, dotándome de escoltas y coche blindado. No así, Enrique Villar, que en palabras suyas "le tapo las suciedades al Ministro del Interior". Se refería a un tal Oreja...


Uno sigue sin comprender dos hechos lamentables. La falta de méritos profesionales exigibles a cargos públicos y las puertas giratorias que colocan a los cesantes en aparentes empresas privadas, con magníficas gratificaciones. El último caso el del ex Director General de la Guardia Civil. ¿Alguien se ha preguntado, que méritos tiene este "elegante" ciudadano- se duda sobre si concluyó el bachillerato- más allá de los pasos que ha dado en política?. Supongo y me temo que, con Urquijo, harán otro tanto.


Puedo afirmar que según mi propia experiencia los que no son nada, y lucen palmito entre cenáculos sociales, dependientes de la política, son propensos a la traición y corrupción. A la postre, tienen que hacerse con un patrimonio para seguir viviendo como rajás, más allá de la política...    
 

 
   

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