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David R.
Sábado, 11 de febrero de 2017 | Leída 135 veces

Contra los zurumbáticos, aplicación del Artículo 155 de la Constitución

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Siento vergüenza de lo que está ocurriendo en Cataluña, y lo digo como lo que soy, catalán, español y europeo. Muchos independentistas son unos zurumbáticos, y además, algunos de ellos son unas ladrones y todos ellos no tienen vergüenza.

 

El independentismo catalán constituye una mafia extremadamente corrupta y peligrosa, que no solo ha conseguido llenar sus bolsillos con el dinero de todos, si no también convencer a una generación entera utilizando para ello un manipulado sistema educativo, de cuestiones como que España les está robando, haciendo olvidar que ellos son españoles, y que la mala gestión de la Generalidad ha llevado a la deuda pública catalana a ser calificada por todas las agencias del mundo con la difícilmente superable categoría de "bono basura", la misma calificación que tienen los países más pobres del tercer mundo, como Somalia, calificación tan negativa que ya nadie la financia, excepto España: 80.000 millones de € de todos los españoles que se han evaporado en gastos como la financiación de su proyecto. Mañana, Cataluña consigue la independencia y lo primero que ocurre es que entra en quiebra.

 

Creo que es urgente la utilización del instrumento que la Constitución dota al poder ejecutivo, al legislativo y al poder judicial para casos en los que "una Comunidad  Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España". Constitución que, por cierto, fue aprobada en Cataluña en referéndum perfectamente democrático por una de las mayorías más importantes de todos los territorios.

 

La tomadura de pelo es de dimensiones históricas, y el discurso de los ladrones independentistas es tan perverso que enfrenta el derecho y la voluntad popular, recordando los postulados de los dictadores más peligrosos que encontramos en la historia europea de los últimos siglos.

 

 

 

El pueblo tiene que mandar, para lo cual tiene que votar, pero previamente yo decido quién es el pueblo, y en Cataluña hay 7.000.000 de habitantes y más de la mitad no están por la labor de dejar de ser ciudadanos y miembros de pleno derecho de la Unión Europea, ni dejar de ser españoles, ni de retroceder varias décadas de progreso democrático y económico, ni quieren que se sigan cerrando quirófanos, y que lo que sí quieren es poder rotular su negocio en castellano sin que el ayuntamiento de turno les imponga una multa.

 

Cuando la justicia actúa ocurre que sus protagonistas, los jueces y los fiscales, lo hacen en contra de la democracia, porque evidentemente se trata de una justicia politizada, ¡qué barbaridad!; organizo una manifestación en la puerta de los juzgados y los Mozos de Escuadra no actúan, porque se juegan el puesto de trabajo (vaya mandos), y llego medio tarde a mi citación judicial porque me da la gana, porque me llamo Arturo Mas, y soy el delfín del súper-corrupto confeso Jordi Pujol, y he venido a desdecirme, porque yo no soy el responsable del ilegal referéndum, lo fueron los 40.000 voluntarios que lo materializaron, además, como yo soy tonto no sabía que era ilegal, y si el Tribunal Constitucional lo advirtió yo no me enteré, estaría ocupado viendo un partido del Barcelona o preparando el siguiente paso.

 

En el siglo XIX el caciquismo era una forma particular en que se manifestaba el clientelismo político en las sociedades rurales con poco nivel de desarrollo e instrucción. Se caracterizaba por la continua influencia de una oligarquía local, conformada por unos líderes o caciques, que desarrollaban actividades políticas y administrativas sin estar dotada de investidura jurídica ninguna.

 

En Cataluña ese secular caciquismo pervive, perfeccionado y actualizado, habiéndose instalado como un tumor maligno en las instituciones de la comunidad autónoma, de las provincias, de las comarcas, de los Ayuntamientos, de las empresas, del sistema educativo y en general, de la sociedad,y  modernizado empleando las nuevas tecnologías y las competencias que el Estatuto de las Constitución española de 1978 les provee. Aplicación del Art. 155, ya. Basta de aguantar caros y peligrosos despropósitos y desvaríos, cuanto más se tarde en intervenir, la acción de estos zurumbáticos será peor para todos.

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