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Pablo Mosquera
Domingo, 12 de febrero de 2017

Sofisma epidémico en Cataluña

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Una mentira repetida mil veces puede convertirse en una verdad. Sobre todo cuando la capacidad de análisis, en las víctimas del engaño, está reducida, sea por miedo, indiferencia, bajo nivel cultural, emociones o publicidad engañosa.  


Sofisma: argumento falso o capcioso que se pretende hacer pasar por verdadero. Muy frecuente en política. Logra el éxito en la medida en que los "clientes" del engaño son incapaces de rebatirlo o la presión que se ejerce sobre ellos termina por encubrirlo como subcultura de uso habitual y políticamente correcto.


Epidémico. Una enfermedad, incluso social, que se extiende de forma exponencial entre los miembros de una comunidad.


Con estos tres instrumentos de análisis me centro en lo acontecido en el día en que un ex-presidente de la Generalitat se ha visto sentado en el banquillo de la sede judicial correspondiente a su categoría y lugar de los hechos imputados, haciendo uso de un discurso calculado, tanto para su defensa como para avivar el fuego del incendio independentista.


Es mentira que la soberanía de los ciudadanos catalanes resida en el Parlamento regional. Lo es por declaración expresa, para disipar cualquier duda, del Tribunal Constitucional. Es mentira que la democracia permita el incumplimiento de la Ley, por esa falsa colisión con un supuesto derecho a decidir. Es mentira que Cataluña sea una nación con derecho a constituirse en Estado. Es mentira que Cataluña tenga derechos históricos que pongan en entredicho su pertenencia a España por antecedentes como país independiente con instituciones de autogobierno, que logra gracias al Estado Constitucional de las Autonomías -Cataluña no es Navarra-. Es mentira que las exigencias del poder judicial a los altos cargos de la Generalitat constituyan un ataque a Cataluña, ya que la ley debe alcanzar a todos por igual, y resulta excesivo tratar de autoproclamarse institución cuando se ejerce un cargo público. Es mentira que los altos cargos de un gobierno sean la genuina representación de un pueblo.  


El sofisma reside en explicar, publicitar e interpretar que Cataluña es una nación sin Estado, con la soberanía del pueblo catalán residente en el Parlamento de Cataluña, con derechos históricos para decidir o pactar con el Estado español, de igual a igual, procesos que desde el autogobierno conduzcan a la independencia y así constituir un Estado en la UE.


Es intolerable que hayan decidido desobedecer la Ley y las sentencias del más alto Tribunal de Justicia en el Estado español, del que son representantes legales, precisamente, los desobedientes. Es mentira que no supieran lo que estaban haciendo.


¿Cuáles son las razones para emprender un proceso hacia la independencia a sabiendas de estar haciéndose trampas en el solitario?. Los errores del tripartito. Los errores en la gestión de la reforma del Estatuto de Autonomía. La debilidad del Estado español, inmerso en una grave crisis económica, sospechosa de corrupción, mayoría absoluta cuyo uso ha desconectado a los poderes públicos del tejido social, dando lugar a la desvertebración social y a la indignación popular. Ha servido para tapar una deuda gigante, fruto de la gestión del tripartito. Ha servido para desviar la atención del régimen nacional-pujolista.  


Dicho lo que antecede, el espectáculo ofrecido por los encausados -Mas y compañía- tuvo los tintes de parafernalia callejera, cobardía ante el Tribunal, soflamas a inventario de un guión, en el que la culpa terminará siendo de "los voluntarios del 9-N", o esos funcionarios amenazados, y que próximamente tendrán que responder del trasladado, a sedes partidarias, de información sujeta a la Ley de Protección de Datos Personales, para uso en el proceso secesionista, que sólo con saberlo, ya ha creado una enorme intranquilidad en los españoles residentes en Cataluña.  


Un dirigente socio político que se escuda en las declaraciones realizadas en sede judicial, como las efectuadas por el ex honorable Mas, le descalifican para ejercer cargos de responsabilidad, dada la idiocia con la que actuó.


Pero llega el momento de pedir cuentas. Los ciudadanos residentes en Cataluña se preguntan: ¿qué información están utilizando desde órganos pro independencia, que pertenece a sus derechos fundamentales?. ¿Qué pueden esperar de una situación dónde se manifiestan por activa y pasiva toda suerte de actos desobedientes con la ley? ¿Alguien puede estar convencido que el proceso se va a detener, cuando unos empujan a los demás, en una carrera hacia el abismo? ¿Son de fiar los miembros de las fuerzas de seguridad que operan en Cataluña bajo el mando de la Generalitat?


Por mucho menos, en Euskadi, los miembros de la Mesa del Parlamento Vasco  fueron inhabilitados. Por mucho menos, al ex Lehendakari Ibarretxe se le advirtió seriamente sobre la respuesta del Estado a sus pretensiones secesionistas.
La epidemia de la enfermedad social la conozco. La falta de seguridad se ha instalado desde hace tiempo en Cataluña. Se manifiesta, por la impunidad con la que actuan, esos cargos políticos, en las Instituciones públicas de Cataluña, provocando una corriente de contagio en pos del proceso, un síndrome de Estocolmo en muchos ciudadanos, una espiral de silencio en los que no están conformes, pero temen verse en medio de la refriega.  


Si esto no se para ya, al menos personas comprometidas como yo mismo, que me jugué la vida en el País Vasco, por la recuperación de la democracia, por las libertades de los españoles con residencia en Euskadi, por las chulerías, acosos, desobediencias e incumplimiento de la Ley, me sentiré estafado, huérfano de la seguridad precisa para ejercer la ciudadanía en igualdad de condiciones, sea cual sea, el territorio de la nación.


¡Ah!. No confundan. Es verdad que en aquella Euskadi, ETA era la vanguardia del proceso. Pero en Cataluña, los españoles que no se suman a la "doctrina", corren el riesgo de ser "aislados" de sus derechos civiles. Y es que hay dos formas de eliminar al disidente. La criminal, y la civil. Las dos resultan intolerables, desde hace mucho tiempo...    

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