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Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco
Lunes, 13 de febrero de 2017 | Leída 54 veces
180 años de su muerte

Mariano José de Larra, más vivo que nunca

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Si la calidad y la intensidad de una obra artística se mide por su grado de resistencia al paso del tiempo, el periodista y escritor español Mariano José de Larra y Sánchez de Castro, nacido en Madrid el 24 de marzo de 1809 y muerto en la misma ciudad hace 180 años, el 13 de febrero de 1837, es, sin lugar a dudas, dueño de uno de los bagajes creadores más interesantes del panorama literario en lengua castellana.

 

Larra, uno de los más importantes exponentes, junto con José de Espronceda y Gustavo Adolfo Bécquer, del romanticismo español, sigue estando muy vivo entre nosotros porque la España que él describió, amó, sufrió y trató de situar en la senda de la modernidad sigue presentando de forma agravada, dos siglos después, algunos de los males que este autor tan bien identificó y describió.

 

Larra publicó en la prensa española, en apenas ocho años, más de 200 artículos excelentes con los que asentó las bases de un nuevo ensayismo literario y con los que dotó de un valor incipiente al género periodístico. Pero, además, con estos textos, muchos de ellos auténticas perlas literarias agrupadas, por ejemplo, en el volumen “Vuelva usted mañana”, Mariano José de Larra demostró sus inmensas cualidades para la sátira, para la ironía, para la denuncia y para la crítica, convirtiéndose en un hombre muy temido, sobre todo, por su irreductible independencia, algo que tanto se añora en el periodismo actual. No lo duden, hoy, Mariano José de Larra sería un bloguero entregado, incansable, permanentemente indignado e ideológicamente cruel como pocos. Y también luciría con un sonrisa tenue en la boca el calificativo de “facha" o de "ultraderechista” que ya le habrían puesto los más ignorantes y fanáticos del lugar.

 

Bajo los pseudónimos de “Fígaro”, “Duende”, “Bachiller” o el “El pobrecito hablador”, Larra convirtió el articulismo en una obra de arte y, mientras tanto, hizo que su vida fuera un tumultuoso, convulso y caótico recorrido por veintisiete años de existencia trepidante y romántica que acabaría con el tiro en la sien que se propinó el escritor cuando supo que Dolores Armijo, la mujer culta, elegante, poeta, sofisticada y vitalista que se había convertido en la protagonista de todos sus desvelos tras un primer matrimonio fallido, había decidido que era imposible que reanudaran sus relaciones.

 

Era lunes de Carnaval y, en su entierro, José Zorrilla, que luego sería famoso autor de “Tenorio”, leería una emocionante “Elegía” con la que se daría a conocer.

 

Tras su fallecimiento, la figura de Mariano José de Larra cayó rápidamente en el olvido, quizás porque demasiadas personas odiaban su radical y elegante mordacidad, su sinceridad, su acidez, su rotundidad, su capacidad de invectiva y su poderosa personalidad. Tuvo que llegar el año 1908 para que algunos destacados representantes de la “Generación del 98”, como Azorín, Miguel de Unamuno o Pío Baroja, rescataran su nombre llevando una corona de flores a su tumba. Aquel homenaje significó su redescubrimiento y la identificación del grupo con el pensamiento de Larra y con su preocupación por España.

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