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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 6 de marzo de 2017 | Leída 223 veces

El nacionalismo como psicopatología social

Noticia clasificada en: Nacionalismo vasco Nacionalismos

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El principal problema del siglo XX fue el de los nacionalismos, que provocaron dos guerras mundiales, además del comunismo que en números absolutos produjo más víctimas que el régimen nazi.


Hoy, cuando nuestras sociedades deberían haber aprendido de los errores pasados, conociendo la historia en sus entresijos de causas y efectos, seguimos empeñados en cerrar puertas y ventanas e impedir que el aire fresco circule.
Los nacionalismos necesitan para sobrevivir diferenciarse del resto, encontrar señas de identidad propias, aunque sean inventadas, y no reconocer nunca lo que une sino lo que distingue, buscando enemigos exteriores aunque no existan y creando la semilla del odio. Sin el victimismo permanente y sin “hechos diferenciales” los nacionalismos mueren, y para ello se necesita crear una mitología, una historia propia y silenciar aquello que desde el plano cultural, de civilización o de legado histórico le identifica con un legado común. Para ello requiere del control  y adoctrinamiento en la escuela. Pero, además de eso está la propaganda, que puede ser explícita o subliminal.

 

Lo que resulta sorprendente es el pasotismo social, cuando no la connivencia con realidades que por sí mismo son esperpénticas por no decir signos evidentes de psicopatología política. La democracia no es hacer barra libre para que cada uno elija al primer fantoche que se cruce por el camino; un sistema democrático debería tener unas normas deontológicas mínimas y unos requisitos de comportamiento cívico elementales, para poder, simplemente, convivir.  La democracia no es hacer lo que a cada cual le dé la gana, implica ciertos ingredientes básicos que permitan vivir en sociedad con unos valores mínimos de partida, que son el respeto a los demás, la aceptación del diferente y el acatamiento de las leyes. Cuando la intolerancia impera germinan los comportamientos fascistas.
 

En esta ocasión voy a mencionar dos ejemplos por si no fuera suficiente lo que venimos acumulando tras varias décadas de recorrido tras la Transición del 78; que no es poco.
 

Aunque no tengan ni idea de euskera merece ver este botón de muestra del instrumento de propaganda para la construcción nacional que es la EITB en su primer canal.  Visualicen este vídeo, verdadero ejemplo de estupidez, de sectarismo y de inducción al odio. Verán como se hace un escarnio a la idea de España y de lo español, llegando al insulto. Si esto fuera hecho por un canal privado podría ser considerado un atropello a la más elemental sensibilidad hacia los que no tienen la misma identidad o sentimiento que las atormentadas mentes del abertzalismo más carpetovetónico. Sería una forma de expresión cutre a la que probablemente tendrían derecho. Pero esta televisión está sostenida con los impuestos de todos los contribuyentes vascos, incluidos aquellos que nos sentimos españoles y que en nada nos identificamos con esa forma de vivir la realidad vasca. Esta gente cataloga como “paletos” a quienes son españoles y viven de Pancorbo para abajo. Si se miraran al espejo, a lo mejor, con un poco de humildad e inteligencia, se callarían porque si hay algo pueblerino, cavernícola y retrógado es su forma de estar ante el mundo y la estrechez de sus mentes de avispa.
 

Si me da asco la España cañí, porque no me siento representado por esa forma casposa de ser español, más repugnancia me da aún esta vertiente de lo euskaldun de boina enroscada que es lo mismo en su esencia; que no es capaz por su endogamia de caracol en su concha,  inmadura, de despojarse de la pobreza intelectual, de la pereza en la búsqueda de horizontes, de las telarañas de rincón cutre, sucio y oscuro.
 

Vayamos a otro ejemplo.
 

[Img #10921]Resulta sorprendente que haya pasado desapercibido ante los inquisitivos ojos de los periodistas de nuestros medios de comunicación vascos este cartel, verdadero ejemplo de lo que es la manipulación mental de la población y el mal uso de los recursos públicos. Representa una forma más de manipulación de los servicios públicos esenciales al servicio de la construcción nacional. (Nota de la Redacción: La Tribuna del País Vasco  publicó hace tres años una información sobre este tema)

Observen el mural instalado en una de las fachadas principales, más vistas desde la calle, del Hospital Santiago Apostol de Vitoria.
 

Pertenece  a la campaña  “Lagundu egiguzu hobetzen: AUKERATU ZURE HIZKUNTZA!”  Es decir, “Ayúdanos a mejorar: Elige tu lengua”
 

Tratándose de un servicio hospitalario, ayudar a mejorar no es hablar euskera, pues al fin y al cabo, conforme a la Constitución todo ciudadano español tiene el deber de conocer el español sino avanzar en la mejora del servicio médico y del trato hospitalario. No es el objeto del servicio público de salud el que unos médicos o enfermeros se comuniquen en una u otra lengua con sus pacientes, sino que sean efectivos en la aplicación de las técnicas diagnósticas, quirúrgicas y tecnológicas más avanzadas y sean los mejores; que curen a la gente, que alarguen nuestra vida y que resuelvan los problemas sanitarios que a diario se les presentan. Eso sí es mejorar, no lo es que hablen en euskera.
 

Y sobre todo, es un despropósito que se considere mejorar el “euskaraz” en un contexto social y cultural donde la absoluta mayoría de la población es castellanohablante, sobre todo habida cuenta de que estamos hablando de gente que va al hospital por necesidades perentorias debidas a un tropiezo más o menos grave de salud, y que de lo que menos se preocupa es de si le hablan en euskera, en castellano o en esperanto. Es de una falta de sensibilidad que apabulla, solo entendible bajo el prisma de un nacionalismo excéntrico y venido a menos, preocupado porque la realidad se impone, y ésta nos dice que el uso social del euskera es el que es, y ni de lejos se corresponde con los multimillonarios esfuerzos presupuestarios que dan la espalda a las prioridades económicas y sociales, que no han dado el fruto proporcional que se esperaba, y que dejan al descubierto las partes pudendas -en este caso impúdicas- de los regidores nacionalistas y de sus serviles acóliltos.

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