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La Verdad Ofende
Viernes, 17 de marzo de 2017 | Leída 561 veces

El disidente

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La peripecia vital de vivir bajo una tiranía que narra “La vida de los otros” solía terminar, tras una vida de tortura y humillación, en los entonces desconocidos “Gulag”, un infierno revelado por Solzhenitsyn, del que sobrevivió gracias a su pluma, tras recibir un Premio Nobel y ser expulsado de la Unión Soviética en 1974, cuando en España el régimen autoritario agonizaba.

 

Con las heridas aun frescas del Gulag, el 20 de marzo de 1976, Aleksandr Sotzhenitsyn visitó Madrid y expuso en el programa “Directísimo” de Jose Mª Iñigo, que yo vi en directo, una verdad que se pretende silenciar y por la que pronto muchos seremos procesados:
 

 

“Ningún español está atado a su lugar de residencia. Es libre de vivir aquí o de marcharse a otra parte de España. Nuestro hombre soviético no puede hacer eso, estamos atados a nuestro lugar de residencia por el llamado “registro policial”. En nuestro país, son las autoridades locales las que dicen si tengo derecho a marcharme de este lugar o no”.

 

“Me entero de que los españoles pueden salir libremente al extranjero. En la Unión Soviética, bajo una fortísima presión de la opinión mundial, sueltan, aunque con muchas dificultades, a una parte de los judíos. Los demás judíos y las demás etnias no pueden salir de ninguna manera. En nuestro país nos encontramos como en una cárcel”.

 

“Voy por Madrid y otras ciudades –ya he estado en más de doce- y veo en los kioscos que se venden las principales publicaciones europeas. No doy crédito a mis ojos: si en nuestra Unión Soviética exhibieran un periódico de éstos por un minuto, la Policía se lanzaría inmediatamente a arrancarlo. En vuestro país se venden tranquilamente”.

 

“Aquí funcionan las fotocopiadoras. Cualquiera puede acercarse, pagar cinco pesetas y obtener una copia de cualquier documento. En nuestro país es inalcanzable a cualquier ciudadano. La persona que utilizara una fotocopiadora para sí misma sería condenada por actividades contrarrevolucionarias”.
 

 

Por esta entrevista, el Premio Nobel fue recriminado (en libertad) del modo más cruel por la progresía española. Empezaba lo que hoy es ya realidad. Juan Benet entonces dijo: “Yo creo firmemente que mientras existan gentes como Aleksandr Solzhenitsyn perdurarán y deben perdurar los campos de concentración”.
 

 

En las redes sociales, los llamados “comandos morados” marxistas Podemitas acosan impunemente a tuiteros y periodistas, y la Asociacion de la Prensa de Madrid ha tenido que protestar; raperos amenazan de muerte a abogados en Mallorca, mientras se asaltan debates en los centros del saber, las universidades públicas pagadas por todos, que han sido tomadas por una mafia de imberbes marxistas en todo el país.
 

 

Frente a este asalto a la libertad, se encuentran los los "disidentes" como Fernando Altuna. Nos ha dejado tras 36 ejemplares años de coraje y tesón, ninguneado por ser incomodo al reclamar el esclarecimiento del asesinato marxista de su padre por los jefes del Gulag eusko (ETA), hoy libres, sin colaborar con la justicia ni arrepentirse, como exige la prostituida ley. Homenajeados y con dinero público, el Gobierno Vasco inició el blanqueamiento de los chicos de ETA, cuyos aliados gobiernan Navarra hacia el “Anschluss”, del reino que esos señoríos vecinos jamás fueron y anhelan ser por asimilacion.
 

 

Altuna despreció con dignidad y coraje “el odio por la sonrisa” y “el talión por la justicia”. Por ello fue insultado y vilipendiado con rencor durante 36 años. Con 47 años, le ha matado ETA, sin duda, pero también un Estado cainita, que al renunciar a hacer justicia por cobardía y apaciguamiento nos aboca al conflicto civil.

 

Mientras el “macho alfa” Iglesias, “el jefe”, demanda al periodista Hermann Tertsch - viejo comunista cuando era heroico serlo aquí - por contar las verdades del barquero, los crímenes ya juzgados de su cobarde abuelo, asesino de retaguardia, y las de su terrorista papá, criado bajo esa imperfecta paz que restituyó Franco, traído por el marxismo que la asaltó hasta cinco veces entre 1930-36, esa libertad que Solzhenitsyn nos vino a narrar.
 

 

La verdad en España ya es disidente, y “la memoria histórica”, la verdad oficial que te condenará, bajo la égida del socialdemócrata Rajoy y su delfín Cifuentes, que sonríen complacidos, convertidos laboriosamente por Arriola en el apaciguante mal menor “electoral” que no detendrá lo inevitable. Orwell no sospechó que la verdad sería suicida y no revolucionaria.
 

 
“Os dieron a elegir entre el deshonor o la guerra, elegisteis el deshonor y tendréis guerra”. 
Winston Churchill.

 

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