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Teresa Díaz Bada. Psicóloga Clínica. San Sebastián
Lunes, 20 de marzo de 2017 | Leída 41 veces
Día de la felicidad

Pero, ¿qué es la felicidad?

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Decir que hay una sola felicidad y que hay una receta infalible para alcanzarla, sería, desde el principio, equivocarnos. No hay recetas infalibles, de la misma manera que no hay una sola felicidad, ni es completa nunca. Tenemos diversos momentos de felicidad a lo largo de nuestra vida, de la misma manera que tenemos momentos de pesadumbre y tristeza.
 
 
Sin embargo, ansiar estar bien y sentirnos felices es algo que debemos practicar mentalmente todos los días y encontrar esos caminos que nos hacen sentir mejor y que dependen siempre de nosotros mismos.
 
 
Los psicólogos solemos decir, yo al menos lo explico habitualmente en mi consulta de psicología clínica, lo siguiente:
 
 
Hay que valorar todo lo que tenemos, las personas y las personas buenas que nosotros mismos intentamos ser cada día. Hay que valorar a los que nos rodean, las personas buenas que nos acompañan en nuestra vida y valorarnos también a nosotros mismos, nuestras actitudes positivas.
 
 
No hace falta que enfermemos para darnos cuenta de lo bien que estábamos sanos, ni que perdamos a quien queremos para darnos cuenta de cuánto le quisimos. Ser conscientes de que vivimos y de que cada día es un presente, un regalo, valorando lo bueno y buscándolo, es un ingrediente necesario de la felicidad.
 
 
Tenemos que asumir con serenidad aquello que no podemos cambiar ¿Cómo? Dejando de mortificarnos sintiéndonos seres inválidos y despreciables, saliendo de la autocompasión y tomando una postura activa de lucha y de fuerza. Tenacidad y no dejarse, serán las claves para seguir adelante.
 
 
Vivir con una actitud abierta a los demás. Claro que algunas persona nos engañarán y nos harán daño, pero es preferible eso, a vivir aislado y cerrado a los demás.
 
 
Creer firmemente en valores profundos y honestos, como hacer el bien y ser sincero. No pasa nada porque otros consigan grandes cosas por caminos torticeros o engaños.
 
 
Sentirse superior a ellos, por los valores profundos que guían nuestra vida, es un ingrediente básico de la felicidad.
 
 
Estar siempre dispuesto a escuchar al otro, a revisar nuestras ideas, a ser indulgente con el que se equivoca. Pero afianzarse en las propias ideas y en nuestros valores creyendo firmemente en ellos. 
 
 
Tener en definitiva nuestro propio criterio.
 
 
Procurar sonreír, tener una palabra amable con los demás.
 
 
Acordarse de que todos tenemos nuestra ración de sufrimientos y sinsabores en la vida, incluso aquellos que presumen de que no, o que parecen ser siempre felices.
 
 
Ser compasivo con los que nada tienen y con aquellos que, en su ignorancia, presumen de cosas banales.
 
 
Sentirse cada día mejor persona, es un sendero largo y tranquilo, que conduce siempre a la felicidad.
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