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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 27 de marzo de 2017

El futuro de España se juega en Navarra

No sé si resulta sorprendente o admirable la persistencia a prueba de bombas de los proindependentistas vascos en su pertinaz empeño por hacerse con el control y dominio de Navarra para la unificación de su Euskal Herria deseada.

 

Un amigo me preguntaba una de estas semanas pasadas por qué escribo tanto sobre Navarra si yo no vivo allí. Mi respuesta fue clara: porque con Navarra nos jugamos el futuro de España, que es como hablar del futuro de nuestra casa.  Es decir, la cuestión es, por ejemplo, si dejamos que se corrompan sus pilares y peligre la estabilidad de sus muros o , por el contrario, apuntalamos un edificio en ruinas y lo reconstruimos. Y, por tanto,  sin España unida, es decir unificada en su diversidad, nada va a ser igual que hasta ahora, lo que es como  afirmar que lo vamos a pasar muy mal.

 

Hace falta ser muy ingenuo o ignorante para desconocer los peligros que nos acechan. Europa en sí mismo es un polvorín. Si no solidificamos su unidad política y la cooperación volveremos a repetir la historia del siglo XX que fue el fruto de un siglo XIX regido por el romanticismo nacionalista, por la irracionalidad y la guerra entre países que comparten un territorio dividido desde las invasiones godas, unas fuentes comunes de civilización y una historia plagada de etapas gloriosas y también de enfrentamientos ridículos, siempre suscitados desde el reduccionismo, el disparate y la sinrazón. Y eso tiene un nombre, que se llama en España, al igual que en Europa, nacionalismo excluyente, carente de valores y de un mínimo humanismo que justifique sus objetivos desde una visión constructiva y positiva.

 

El Gobierno de Barcos, la presidente de una Comunidad Foral Navarra que va por la vía de ser fagocitada por las ansias provasquistas, está dando nuevos giros de la tuerca que asfixia a la mayoría de los navarros que quieren seguir disfrutando de sus fueros en España y no recorrer la ruta hacia la descomposición económica y la ruina social con la que se inauguró esta legislatura.

 

El euskera es la herramienta fundamental para esas políticas nacionalistas, al no haber otras razones de peso. Desde Federico Krutwig en su famosa obra “Vasconia”, el entramado que justificaría la nación vasca, con los territorios de los siete herrialdes, se basaría en el euskera, como lengua nacional. Por tanto, la idea de raza fue sustituida por la de la lengua, que junto a un constructo ideológico donde se mezcla lo sentimental y lo mitológico, serviría para producir la argamasa suficiente para edificar la idea nacional. Sin el euskera no sería posible lograr la cosmovisión nacionalista. Es por eso que es fundamental para este objetivo la euskaldunización, por las buenas o por las malas, de forma convincente o forzada.

 

Este sería el mapa de Euskal Herria según Krutwig:

 

[Img #11087]

 

En su libro “La cuestión vasca” se pergeñan los principales fundamentos que invocarían la acción subversiva y la insurrección que dio lugar a ETA-V Asamblea en cuya formación participó activamente como ideólogo, en sincronía con el Partido Comunista, y recogiendo el legado de Lenin que preconizaba la formación de grupos armados o taldes para lograr la “emancipación de los pueblos oprimidos”.  Es bajo ese signo en el que insertan las políticas que se desarrollan para la formación de la Euskal Herria tan soñada y pretendida por el conglomerado nacionalista y los herederos del leninismo en busca de la fragmentación de naciones de evolución milenaria como es España.

 

En este contexto, el gobierno proindependentista navarro desarrolla una estrategia de amplio espectro para extender el euskera a todos los ámbitos de la vida política, social y cultural de Navarra, cuya finalidad es cambiar la idiosincrasia y el entramado cognitivo de la ciudadanía navarra. No ha  culminado su proceso de implantación, con pretensiones de generalizarse al sistema educativo navarro, y ya se está poniendo en marcha la aplicación de los perfiles lingüísticos y la exigencia del euskera para acceder a los puestos de trabajo en la administración pública. Todo esto, precipitadamente, como si tuvieran prisa de dejar atado todo esto por si pierden el poder, cosa previsible. Están vaciando así de contenido la Ley del Vascuence que zonifica el territorio navarro según sea la implantación del euskera en los ámbitos sociales y culturales. Es decir, zona vascohablante, zona mixta y zona no vascohablante, a los efectos de las políticas lingüísticas tanto en el ámbito de la enseñanza como en el de las políticas culturales y de función pública. Por la vía de los hechos están superando esas barreras de respeto a la realidad social y cultural de cada zona para unificar en todo el territorio navarro las políticas lingüísticas, al igual que lo hicieron en su momento en Alava y otras zonas de Vizcaya de abolengo característicamente castellano-hablante.

 

Como bien decía Esparza, el portavoz de UPN en el Parlamento Navarro, se discrimina así al 87%  de la población navarra a la que  se le impide acceder en la práctica a los puestos de trabajo perfilados con exigencia del euskera.   Y se prima al 13% restante que se coloca por la puerta falsa en dichas funciones, relegando a quienes tienen mayor cualificación profesional, más méritos y una solvencia superior para el desempeño de dichos trabajos de carácter público. Con ello se realiza solapadamente una malversación de fondos públicos, puesto que con un criterio recto y justo, el dinero recaudado para el servicio a los ciudadanos tiene como finalidad a éstos y la atención con la máxima eficacia a los mismos, y no las políticas partidistas o las pretensiones que van en otra dirección que no sea la del servicio público.

 

Ya lo vimos en Alava, y lo sufrimos, sobre todo aquellos que tuvieron que irse a otros lugares de España para no tener problemas ni complicaciones a la hora de poder trabajar desarrollando su vocación de servicio, bien lo fuera en la sanidad, en la educación, o en la administración. Y el resultado está a la vista. Hay generaciones de nuevos ciudadanos incorporados al voto y al ejercicio de la ciudadanía cuya cosmovisión antropológica nada tiene que ver con las realidades preexistentes a las políticas de adoctrinamiento y formación del espíritu nacional de los nuevos falangistas, en este caso de boina y tamboril.

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1 Comentario
Caius
Fecha: Lunes, 27 de marzo de 2017 a las 20:52
Don Ernesto, muchas gracias desde Navarra. Las cosas son así: es frente de batalla, y si con Navarra pasa lo que pasó con Álava España está perdida. ¡Venga usted pronto a explicarlo aquí!

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