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Equipo de Investigación de La Tribuna del País Vasco
Miércoles, 29 de marzo de 2017
Los aportes genéticos de la enfermedad llegaron a Antioquía desde los municipios guipuzcoanos de Usúrbil y Amézqueta

El ensayo mundial de un fármaco contra el Alzheimer se centra en una familia colombiana que tiene sus ancestros genéticos en el País Vasco

A finales del siglo XVII, como otras muchas, llegó a tierras de América del Sur una pareja vasca decidida a buscar una vida mejor. Más de 300 años después, varios cientos de sus descendientes, que habitan en una zona selvática de Antioquía, en Colombia, viven una pesadilla familiar que puede acabar convirtiéndose en un elemento clave para luchar contra una de las enfermedades más crueles de nuestro tiempo: el Alzheimer.

 

Hubo un tiempo no muy lejano en el que, en el norte de Antioquía, las gentes preferían abstenerse de tocar las heridas de algunos enfermos, de beber determinadas aguas y de acercarse a las hojas de un árbol presuntamente maldido. La tradición oral recordaba que, en el pasado, allí se había producido un altercado, y que el cura local había lanzado una clara advertencia: “Quienes se acerquen a la floresta maldita padecerán ‘la bobera’”.

 

De hecho, el escritor colombiano Gabriel García Márquez, en “Cien años de soledad”, recoge esta tradición y sitúa en su mítica Macondo lo que él describió como “la peste del insomnio”: una “maldición” que se extendió sin freno entre los habitantes de este territorio ficticio, y que el colombiano ganador del Premio Nobel de Literatura, que también acabaría sus días víctima de una variante de este mal neurodegenerativo, describía así: “La india les explicó que lo más terrible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que, cuando el enfermo se acostumbra a sus estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado”.

 

[Img #11098]El neurólogo Francisco Lopera, de la Universidad de Antioquía, que lleva tres décadas estudiando el Alzheimer, fue el primero que descubrió que detrás de aquellas historias y leyendas se agazapaba una extraña forma y difusión de la “enfermedad del olvido” e identificó cómo la familia Cuartas, extendida por toda la región, tenía una tasa extraordinariamente alta de enfermos de Alzheimer a partir de los 40 años, algo muy poco habitual en el mundo.

 

Lopera, junto con un equipo de investigadores, concluyó que se encontraban ante un problema hereditario y, sin perder el tiempo, comenzó una auténtica labor de investigación genealógica y biogenética que le llevó a identificar a María Luisa Chavarriaga Mejía, nacida en Medellín en 1750 y casada con Javier San Pedro Gómez, como la portadora del gen causante de la enfermedad. El médico también demostró que, al menos tres de los hijos de esta mujer, habrían esparcido este código genético a lo largo de varias generaciones.

 

Pero la historia no acaba ahí porque, según ha podido confirmar ahora La Tribuna del País Vasco en el Centro de Estudios Vascos de Antioquía, el padre de María Luisa Chavarriaga fue Salvador Chavarriaga Echangue, también antioqueño, nacido el 11 diciembre de 1724 en Medellin y, como indican sus apellidos, descendiente de dos ramas familiares de vascos: los Chavarriaga, línea que continúa en Antioquía hasta nuestros días y los Echangue, línea ya extinguida en esta región americana.

 

El abuelo de María Luisa Chavarriaga Mejía nació el 29 de septiembre de 1700, también en Medellín, y era hijo del emigrante vasco Martín de Chavarriaga, nacido en la localidad guipuzcoana de Usúrbil. Por su parte, la abuela, llamada Catalina Echagüe Angulo, era hija de otro emigrante guipuzcoano: José Jesús Echague y Andía, nacido en 1655 en el municipio de Amézqueta y fallecido en 1723, en San Jerónimo, Antioquia.

 

De esta forma, estas dos estirpes, los Chavarriaga y los Echangue, fueron los aportes vascos de María Luisa Chavarriaga Mejía, la antepasada más remota de la familia Cuartas, que va a pasar a la historia de la medicina por ser el primer grupo humano en el que se realiza una prueba farmacológica contra el Alzheimer.

 

[Img #11097]El equipo internacional que va a poner en marcha el experimento, liderado por Estados Unidos y del que también forma parte el investigador Francisco Lopera y sus colaboradores, ha decidido emprender un arriesgado pero prometedor tratamiento a los miembros de la familia Cuartas en Yarumal y Angostura, con la esperanza de poder encontrar una cura para un trastorno que sufren 30 millones de personas en todo el mundo, cifra que podría duplicarse para el año 2050. El medicamento, denominado “Crenezumab”, se prueba desde el año 2013 en 5.000 personas de entre 30 y 40 años, radicadas en esta región, y que aún no han desarrollado ningún síntoma de la enfermedad, aunque poseen antecedentes familiares. Si se cumplen los plazos previstos, los primeros resultados preliminares se tendrán a finales de este año 2017.

 

La investigación espera responder a dos preguntas fundamentales. La más importante es si este medicamento es capaz de prevenir la aparición del Alzheimer genético. Aunque la gran mayoría de los casos de este mal no son genéticos, se espera que la fórmula evite los casos comunes, lo que supondría el hallazgo definitivo de una fórmula preventiva universal.

 

Por otro lado, el ensayo clínico también pone a prueba una de las principales hipótesis con las que se trabaja en relación a este desorden neurológico. Se sabe que una proteína llamada beta amiloide se acumula en forma de placas en los cerebros con Alzheimer. Pero también hay personas con las mismas lesiones que fallecen sin perder memoria, ni tener ningún síntoma. El nuevo medicamento, desarrollado por la compañía médica Genentech, funciona limpiando esas placas del cerebro.

 

El Gobierno estadounidense invertirá 16 millones de dólares de los 100 que costará el ensayo clínico de la familia Cuartas. Otros 15 millones proceden de la ONG estadounidense “Banner Health” y el resto quedará en manos de Genentech, la empresa de biotecnología de Roche que es dueña del medicamento.

 

 

 

 

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