Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Pablo Mosquera
Domingo, 9 de abril de 2017 | Leída 52 veces

Artesanos de la paz

[Img #11178]

 

¡Ocurrente el término parlamentario! Me quedo con las frases de Consuelo Ordoñez. Dignidad, justicia, verdad. Me sumo con todo gusto a la firma del manifiesto que encabezan la hermana de mi inolvidable amigo, Savater y Maite. No puede haber impunidad a cambio de un acto en el que ETA dice que entregará las armas que controla, algo así como un tercio. Quedan muchos crímenes por esclarecer. Queda la historia por escribir, no sólo de los comandos, también las complicidades, los usos para avanzar en el proceso de construcción nacional, los refugiados del terrorismo que abandonaron sus hogares ante las amenazas, los que nos vimos obligados a vivir como judíos perseguidos por los del laburo, los que usaron el término "español" como insulto, condena o advertencia de que no éramos de raza vasca.  


Todavía resuenan en mis oídos aquellos gritos de los socios radicales del Deportivo Alavés. "¡ETA mátalo. Mosquera, pimpampum!". Todavía recuerdo los doce años que viví gracias a las escoltas. Todavía recuerdo a mis amigos, familiares, paisanos, cada vez que capturaban a un comando de aquellos "gudaris" y aparecía la información detallada sobre mis pasos. Todavía siento el peso de las pancartas en las concentraciones por alguna de las "heroicas atrocidades" de la vanguardia para alcanzar los derechos históricos de Euskal Herria a golpe de explosivos o de tiros en la nuca. 

   
Los que no han sufrido tales hechos no están en la misma disposición que las víctimas. Los que se jactaban de cómo la juventud "alegre y combativa", creada en el sistema público de enseñanza, hacía de la lucha armada su brabucona utopía para alcanzar la inmortalidad del héroe. Mientras algunos filósofos del proceso trataban el asunto como socialización del sufrimiento. Mientras hasta el idioma era una herramienta para distinguir patriotas de perros -txakurras-. Me gustaría saber quién les vendía las armas. Me gustaría saber quiénes colaboraban voluntariamente con el pago del impuesto revolucionario. Me gustaría saber los apellidos vascos de aquellas pesquerías en Venezuela dónde daban amparo y trabajo a los abertzales. Me gustaría saber quiénes, ciudadanos de aspecto normal, me señalaron, como gallego, como español, como objetivo para evitar mis discursos o mis artículos.  


La palabra artesano representa algo consustancial con la tradición. Y no puedo admitir que la paz haya llegado cuando, por fin, las naciones y los dirigentes mundiales descubrieron que había otros terroristas más importantes. ¿Qué clase de tradición humanista es tal?.  Los que ahora le han declarado la guerra a la cultura occidental, fueron ocupando su espacio. Sólo que éstos últimos, matan y mueren. Tienen una idea religiosa similar a los cruzados del siglo XI cuando emprendieron la reconquista de los llamados "Santos Lugares". Quizá por esto último, la Iglesia vasca, adoptó las posturas que iban de la neutralidad a la promoción del conflicto. En este sentido, puedo, debo y aseguro por conocimiento directo, que "un tal Blázquez" fue el primer obispo comprometido con las víctimas del terrorismo nacionalista radical. Su colaboración e iniciativa fueron de enorme importancia. Lo digo con conocimiento de causa, personal, al servicio de mi país...  


Hubo un tiempo en que hasta las más altas instancias del Estado, aspiraban a sentarse con representantes de ETA para buscar una salida al conflicto-contencioso-lucha. Hubo un tiempo en que ejercer la ciudadanía española en Euskadi, era una provocación castigada con amenaza. Hubo un tiempo en que personas de Vitoria, cuando me veían avanzar por una acera, de inmediato se cruzaban a la otra, no fueran a confundirlo en la refriega. Hubo un tiempo en que los vascos en sus vacaciones por Galicia, Cantabria, Cataluña, etc. en cuanto tenían alegrías festivas, recurrían a los irrintzis acompañados de ¡Gora ETA o presoak kalera! 


Sólo pasaron miedo cuando el pueblo, harto de estar harto, se lanzó a las calles tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. Por cierto, de tales fechas recuerdo tres hechos personales e intransferibles.
La Mesa de Ajuria Enea reunida creyó que la convocatoria de la manifestación del sábado 12 de julio iba a ser un fracaso. El espíritu de Ermua pudo terminar, a estilo paisano, rompiéndoles la cara a todos los complicados en aquella guerra, ya que el pueblo se lanzó a las calles y quiso tomar "el palacio de invierno".  Un parlamentario de HB -Morcillo- me denunció en sede judicial por haber encabezado disturbios callejeros en Vitoria contra la sede de HB...


Tuve que renunciar a la plaza de profesor asociado de la UPV, cuando tras diez años como interino, gané la oposición para ser titular de Salud Pública, y me hicieron cambiar el campus de Vitoria por el de Donostia, y la guardia civil me advirtió que para dar mis clases, habría que desplazar a una compañía del GAR.


A esos "artesanos de la paz" conviene explicarles cómo era la vida en Euskadi. El infierno que se vivía en las pequeñas poblaciones. El ambiente tipo Belfast que se respiraba muchos fines de semana en los cascos viejos de las poblaciones. La única paz era la romana, es decir jurar los principios fundamentales del régimen y… callar.
 

Por cierto. Menos mal que Aznar en la entrevista de esta semana tuvo la gentileza de reconocer que la liberación de Ortega Lara se la debemos a la iniciativa personal del juez Garzón que mantuvo el operativo fuera del tiempo permitido por ley. También es conveniente recordar cómo les cortó los suministros de las herriko tabernas. Lo que no puedo entender es, que todavía, tal hombre de honor, permanezca represaliado por sus enemigos políticos.  
 

Al menos ETA ha dejado de ser noticia, marcando las agendas, interviniendo en el desarrollo de la autonomía vasca, haciendo creer que la solución del conflicto pasaba por negociar al ritmo que marcaba el PNV.

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress