Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Giulio Meotti
Lunes, 10 de abril de 2017 | Leída 96 veces

"Liberalismo duro" holandés para luchar contra la intolerancia

Artículo publicado inicialmente en la web del Gatestone Institute

 

[Img #11180]

 

Las elecciones generales en los Países Bajos ya han terminado, pero ahora empieza una campaña mucho mayor: ¿Quién defenderá las libertades de los holandeses?

 

Sólo en los Países Bajos se puede concebir que un político como Geert Wilders, un valiente disidente que durante 13 años, 24 horas y un día haya vivido bajo protección policial, dado mítines llevando un chaleco antibalas, mudado de un lugar secreto a otro y sido escoltado como si fuese un potentado asiático. En el país ya se habían producido dos asesinatos políticos relacionados con el islam: el del político Pim Fortuyn y el del cineasta Theo Van Gogh. Otra diputada holandesa de la época, Ayaan Hirsi Ali –cuyo nombre, junto al de Wilders, era el siguiente en la lista adosada con un cuchillo al cadáver de Van Gogh– acabó huyendo a Estados Unidos. Sólo la protección de Wilders, generalmente proporcionada por el Gobierno holandés, ha evitado hasta ahora un tercer asesinato político.

 

En los Países Bajos, el filósofo Baruch Spinoza se convirtió en el profeta de la tolerancia, Karl Marx investigó el capitalismo y John Locke escribió su Carta sobre la tolerancia. Los grandes medios han dicho que el ascenso de Wilders y el nuevo giro "populista" del primer ministro, Mark Rutte (quien, en enero, le dijo a los inmigrantes que se comportaran "con normalidad o se marcharan"), ha sido una traición a esa tolerancia holandesa. Es exactamente al revés.

 

Es esa tolerancia la que inspira al "liberalismo duro" holandés para luchar contra la intolerancia. Tolerar al intolerante no parece la manera de preservar la tolerancia. Así es como los multiculturalistas holandeses pusieron patas arriba su gran legado. Los propios holandeses se consideran "fundamentalistas de la Ilustración", sosteniendo los valores de la Ilustración, también en el mundo islámico.

 

Ahora, la pregunta es: ¿defenderán los holandeses esas libertades, o las irán desmantelando poco a poco? El ministro de Justicia holandés, Piet Donner, sugirió hace poco introducir la ley islámica de la sharia en los Países Bajos por vías democráticas.

 

La fuerte tradición progresista holandesa se remonta a Pim Fortuyn, un homosexual orgulloso de la "supuesta" decadencia de su país, su tolerancia y las libertades que ofrece. Como escribió el difunto periodista británico Alexander Chancellor:

 

Los fanáticos musulmanes reprochan a Occidente su decadencia, y muchos occidentales con sentimiento de culpa coinciden en que no les falta razón, pero Fortuyn no pensaba así. Él hizo una cruzada en defensa de lo que muchos considerarían decadencia, y estaba muy preocupado por su supervivencia.

 

Fortuyn consideraba que la permisividad estaba en el corazón de la cultura occidental. Era un "liberal duro", que militó en defensa de los valores judeocristianos y occidentales tras el 11-S contra la intolerancia islámica, como intentaron hacer Oriana Fallaci, Bat Ye'or, Michel Houellebecq y Geert Wilders.

 

Tras las últimas elecciones holandesas, ha llegado el momento de que los neerlandeses redescubran el legado y las ideas de Pim Fortuyn. Fortuyn, un extravagante homosexual que llevaba la cabeza rapada y era profesor de Sociología, llevaba elegantes trajes italianos, vivía en una casa palaciega en Rotterdam y había escrito un gran libro titulado Contra la islamización de nuestra cultura. Prometió resistir contra el islam, "una guerra fría contra el islam", como la llamó en una entrevista en el Rotterdams Dagblad.

 

"Usted ha dicho –afirmaba el periódico Volkskrant en una entrevista– que los extranjeros manosean a todas nuestras mujeres rubias, y después se giran y las llaman 'zorras'". "No – corrigió calmadamente Fortuyn–. He dicho que los islámicos hacen eso. Eso es muy distinto, disculpe, de los 'extranjeros'". Entonces, en un momento que iba a ser decisivo en la vida de Pim Fortuyn, el Volkskrant le preguntó: "¿Por qué, entonces, ese odio hacia el islam?" "Yo no odio el islam –dijo Fortuyn–. Lo considero una cultura atrasada. He viajado mucho por el mundo, y allí donde gobierna el islam, es desolador".

 

Los supremacistas islámicos de los Países Bajos se consideran unos "redentores" que están rescatando a Occidente de la "decadencia" de Fortuyn: drogas, prostitución, vida homosexual y prensa blasfema. ¿Será capaz el establishment holandés de defender esas libertades?

 

La "decadencia" puede ser letal para un país cuando se convierte en hedonismo, desmoralización, declive educativo y pérdida de memoria histórica. Pero por "decadencia", los supremacistas parecen referirse a todas las libertades occidentales, no sólo la permisividad holandesa. Pero son de esas libertades de las que deberíamos enorgullecernos. Y son por las que debemos estar dispuestos a luchar para proteger. Fortuyn lo hizo, y pagó el precio final: su propia vida. Theo Van Gogh también lo hizo con su película sobre la sumisión de las mujeres bajo el islam. Inmediatamente después de que Van Gogh fuese asesinado por Mohamed Buyeri, la película dejó de exhibirse públicamente.

 

La izquierda holandesa también necesita redescubrir sus raíces. El debate en los Países Bajos sobre la integración no lo pusieron en marcha los partidos de derechas "xenófobos", sino Paul Scheffer, un respetado académico y miembro del Partido Laborista, que en 2000 escribió un ensayo titulado Het multiculturele drama (El desastre multicultural), antes de que Fortuyn y Wilders hubiesen siquiera entrado en escena. Scheffer escribió sobre los tolerantes holandeses cuyas políticas multiculturales no habían promovido la cultura holandesa en las comunidades de inmigrantes. Por desgracia, la izquierda holandesa tomó el camino opuesto y por eso ha sido duramente derrotada en estas últimas elecciones.

 

El partido de Mark Rutte también tiene mucho que aprender de este liberalismo duro. Fueron los liberales quienes pusieron en práctica muchas de las ideas de Fortuyn: la prohibición del burka, que según muchos musulmanes es una forma de "proteger" a sus mujeres, pero que a otros les parece un símbolo de dominación de la mujer. La reacción del primer ministro Rutte contra las injerencias de la república turca en la vida holandesa sería impensable en otros países europeos: Rutte, temiendo el ascenso de Wilders, defendió la independencia de su país pero se negó a ceder a la presión islamista y permitir que los ministros del presidente Erodgan dieran un mitin en Rotterdam.

 

En Francia, de hecho, las autoridades permitieron mítines turcos, demostrando así una mentalidad sumisa al islam político. Rutte y los holandeses harían bien en seguir por su camino, que es lo que permitió a Rutte mantenerse en el gobierno. El conservadurismo económico puede ser importante, pero los valores occidentales también lo son.

 

Tras el asesinato de Fortuyn, Wilders se presentó como "el defensor del liberalismo": en igualdad de género, separación entre Iglesia y Estado y autonomía personal. Sin embargo, a diferencia de muchos liberales en Estados Unidos y Canadá, Wilders no está dispuesto a claudicar estas libertades a favor del islam. Los liberales y feministas de Estados Unidos se niegan a defender los derechos de las mujeres en el mundo musulmán. Jamás plantean la cuestión de la separación entre Mezquita y Estado. En vez de eso, culparon de la matanza sufrida por la revista satírica Charlie Hebdo en 2015 a la libertad de expresión.

 

¿Pensaron siquiera alguna vez los "liberales duros" holandeses en la brava batalla de Ayaan Hirsi Ali en defensa de los derechos de la mujer bajo el islam, en Theo Van Gogh y otros periodistas holandeses, o la cruzada que ha encabezado Wilders para proteger al país de la intolerancia islamista?

 

¿Por qué los militantes LGBT no están condenando los crímenes del islam, como hacía Pim Fortuyn? El director de una revista de temática LGTB en Bangladesh acaba de ser asesinado a machetazos por islamistas. ¿Cómo es que nadie de la comunidad LGBT en Occidente lo ha condenado o hablado de ello? ¿Por qué los activistas gais guardan silencio sobre los homosexuales que están siendo asesinados por islamistas después de que en Florida un terrorista musulmán asesinara a 50 de ellos?

 

Se puede ser gay, decadente o estar dispuesto a luchar por tu libertad. Si sólo eres gay y decadente, estás condenado.

 

Han ten Broeke, candidato a ministro de Exteriores en el gobierno de Rutte, justificó hace poco el veto holandés a los ministros turcos señalando que los erasmus iban a los Países Bajos "porque era un paraíso para la libertad de expresión". Esta tolerancia erasmiana sigue teniendo mucha fuerza en el alma de la identidad holandesa, pero la presencia entre ellos de musulmanes no europeos y antiliberales sigue poniendo a prueba sus límites. Los libertinos y libertarios holandeses en sintonía con Fortuyn y Wilders no parecen estar dispuestos a suicidarse, a diferencia de los liberales del Middlebury College de EEUU, que parecen muy ocupados tratando de linchar a cualquier conservador que pase por su campus.

 

Los holandeses y los europeos deberían estar orgullosos de lo que los fundamentalistas islámicos llaman "decadencia"; pero también deben estar dispuestos a luchar para defenderla. No bastan los "lugares seguros". El mundo no los ofrece. De lo contrario, acabarán todos en una de las "casas seguras" en que han obligado a vivir a Geert Wilders sus puritanos verdugos. "Yo estoy en una cárcel", dijo. "Y ellos van por ahí libremente".

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress