Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Pablo Mosquera
Lunes, 24 de abril de 2017

Escojan: ser nacionalistas o ser progresistas

[Img #11252]

 

Tengo en mi mente a dos personajes que me distinguieron con su amistad. Vidal de Nicolás y Gregorio San Juan. Ambos intelectuales, escritores, hombres comprometidos con las tres grandes damas: libertad, solidaridad, igualdad de oportunidades. Aquellas conquistas del pueblo a finales del siglo XVIII en París, que trasladadas al Nuevo Mundo, dieron lugar a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Los dos amigos, desaparecidos, tras su periplo por partidos comunista y socialista, se hicieron de Unidad Alavesa.  


Algunos confunden -a sabiendas de que lo hacen- amor a la tierra con un foso oscuro para vivir en la aldea profunda. Es la "historia" de Asterix y Obelix, o más moderno, lo que cuenta mi colega de tertulias en Euskadi, Jon Juaristi en su obra "El linaje de Aitor". Pero si alguno de ustedes no me comprende, les remito de inmediato a las obras de un tal Sabino Arana, que de haber sido analizado clínicamente por el profesor Gregorio Marañón, reunía signos y síntomas para ser diagnosticado como de iluminado.

 

Dicen que el nacionalismo es una parte de aquel romanticismo del siglo XIX. También lo fueron las guerras carlistas que asolaron España. Espero que ningún "erudito" un día llegue a la conclusión que la actual "yihad" islámica es la respuesta romántica tardía, de los fieles comprometidos con Alá y su Profeta, por la historia de las cruzadas para la conquista del reino de Jerusalén.  

 


Yo nunca me había sentido tan incómodo como cuando algunos vascos de ocho apellidos y RH-, me llamaban gallego o maqueto. Mis antecedentes judíos, viajeros por Madrid, Cataluña, Canarias, Castilla, y mis estudios en la Complutense de 1968, frente a la dictadura, habían instalado en mi fuero interno el concepto progresista de ciudadano, como fuente de derechos. Aquella Álava, frontera con la Comunidad Foral de Navarra, con Castilla, con La Rioja de los mejores caldos, dónde se hablaba en "alavés", o sea en el castellano de la Voluntaria Entrega en el siglo XIV, era la marca hispánica al mito de los derechos históricos de Euskal Herria.


Los nuevos ciudadanos alaveses eran mestizos. Consecuencia del desplazamiento de la riqueza o de la desigualdad en el trato a las gentes y tierras de mi España. Incluso, ciertos patricios vitorianos que lucían palmito por la calle Dato -otro gallego importante- de vez en cuando para explicar quién era yo, que les había montado, organizado y desarrollado la moderna asistencia sanitaria con la inauguración del hospital de Txagorritxu, decían: "se trata de un gallego casado con una vasca..."


Y, sin embargo, fue en Álava dónde aprendí dos cuestiones de hermoso progresismo. El fuero alavés era pacto y libertad. En Álava todos sus habitantes eran hidalgos, ya que la hidalguía la daba la tierra. Pero los vecinos vizcaínos se habían creído las soflamas del PNV, lo mismo que adoptaron su bandera como enseña de la Comunidad Autónoma Vasca, y en vez de celebrar el día del Estatuto de Autonomía, siguieron y siguen celebrando el Aberri-Eguna. Se les nota demasiado la escasa romanización. No así en Álava, dónde me encontré con Iruña de Oca, y el puente de Totórica en la romana Laudio (procede del emperador Claudio). Por cierto, tales huellas de Roma siempre han tratado de ocultarlas para escribir algo parecido a otra genial obra de mi amigo Aventado el escritor Amado Gómez Ugarte, "Yo vi llegar gentes".


En aquella Euskadi rica, industrial, con los mejores puertos comerciales, pesqueros y deportivos del Cantábrico, con un proyecto del primer ferrocarril de alta velocidad, con las mejores autopistas, con incentivos fiscales vacacionales y suelo gratis para el asentamiento de factorías, el nacionalismo fundador de la internacional demócrata cristina, se había hecho muy beligerante y mientras los del PNV predicaban la construcción nacional, los chicos descarriados, radicales, salidos de las ikastolas, se hacían de ETA y eran la vanguardia del contencioso con el Estado que, desgraciadamente se saldó con casi 900 muertos.


Y a ello contribuyeron como colaboradores, o tontos útiles acomplejados, los viejos obreros socialistas, que buscaban carta de naturaleza en el proceso. Y así, un día lejano en plena Transición, por la Calle Dato de Vitoria, me escandalicé cuando vi una manifa pro-independencia en la que participaba activamente un tal Txiki Benegas.


Desde aquellos momentos, mi espíritu mariñano inquieto, me llevó a buscar una salida, desde la convicción de que, tal como aprendí de Julián Marías, no bastaba con estar preocupado, había que ocuparse; que no bastaba con predicar con el ejemplo, había que aportar la iniciativa. Y desde esas convicciones, empezó a germinar lo que un día sería aquella rebelde Unidad Alavesa: Foralista-Raformista-Progresista. Llegó un momento en que todos nos odiaban. Pero al mismo tiempo hacían política mirando de reojo a los foralistas alaveses que deseaban salir de la Euskadi con vasquitos y nesquitas, para ser ciudadanos españoles al amparo de la Constitución y el Estatuto de Autonomía.


Y así, tuve el inmenso placer y el inmerecido honor de liderar en las Juntas Generales de Álava -Parlamento Foral del Territorio- al grupo foralista alavés, que dijo alto y claro que no se podía ser nacionalista y progresista al mismo tiempo. aHbía que elegir. Y un día, lo hicieron. Y conseguimos que Álava fuera la frontera al nacionalismo de Sabin-Etxea o de las soflamas de un tal Arzalluz.


Esta historia deberían contársela a los catalanes. Especialmente, a los socialistas catalanes. Ahora que han perdido a Carmen Chacón que, en Álava, seguro que se habría afiliado a Unidad Alavesa.              

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
1 Comentario
Ramiro
Fecha: Lunes, 24 de abril de 2017 a las 13:49
¡Extraordinario artículo, un auténtico y verdadero ensayo!
Espero que su autor, o ustedes mismos, LOS RECOPILEN EN FORMA DE LIBRO, pues merecen los honores de poder ser guardados, subrayados, meditados, estudiados...

La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress