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Pablo Mosquera
Domingo, 30 de abril de 2017 | Leída 54 veces

Corrupción

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Uno ya no sabe cuál es el estado de la epidemia. Temo que sólo estemos ante la punta del iceberg. De ahí que muchos ciudadanos se preguntan: ¿cuántos Bárcena y González puede haber escondidos? ¿Por qué han tardado tanto en aplicar sanciones ejemplares al hereu de los Pujol?. Incluso, cabe preguntarse: ¿la estirpe de los Pujol no recuerda a los Corleone de la película "El Padrino"?. Pero al igual que en la película de Coppola, el patriarca de la saga, ¿a cuántos políticos, altas magistraturas del Estado y hombres de empresa, no tiene "agarrados" como colaboradores necesarios?.


Hay que ser muy ingenuo para creerse que las gigantescas estructuras partidarias PP-PSOE se financiaban con las cuotas de los afiliados. Hay que ser muy simple para mantener que las campañas electorales se pagaban con los ahorros de los partidos, o con los créditos de las entidades financieras, sin participación de sobres entregados como contribución a la "causa", cuyo último fin era apostar a ganador y así llegado el momento recibir dádivas. Algo tan antiguo como comprar voluntades.


En un país de cotillas, no había ciudad con cenáculos en los que no se hablara de este tipo de transacciones entre la clase política y la clase empresarial. Las grandes corporaciones españolas no sólo se beneficiaban de los viajes comerciales del Estado, también contribuían a los ingresos de esas cada vez más importantes empresas para administrar el poder público que eran, son y seguirán siendo, los partidos políticos.


Luchar contra la corrupción requiere un triángulo de tres vértices. Auditar en serio las cuentas de los partidos políticos. Auditar en serio las grandes concesiones de obras públicas y en general de las inversiones públicas. Reformar la ley de los partidos políticos para garantizar la democracia interna y la financiación de sus estructuras y operativos.


Han saltado tres escándalos de "órdago a la grande". El caso Gürtel. El caso 3% de Cataluña. El caso Operación Lezo. Valencia, Barcelona, Madrid. ¿Y en el resto de España, qué...?. Decía un personaje de mi entorno con perfil de pícaro cervantino. "El problema no está en afanar, está en que te cojan". Si a lo que antecede le añadimos los enjuagues en las Cajas de Ahorro, Bankía, Instituto Nos, Comunidad de las Baleares y Eres en Andalucía, hasta los más incautos creyentes tienen razones para sospechar que la corrupción era el ejercicio de una subcultura indecente en la que se daban beneficios, intercambios, fórmulas extendidas de relaciones con el poder.


En estas estábamos cuando UNIDOS-PODEMOS decide presentar una moción de censura contra el Gobierno que preside Rajoy, motivos: el estado de "excepción que se vive en España fruto de la corrupción". De inmediato acudo a la historia. No olvidemos que estamos en el centenario de la revolución rusa de 1917. No tengo por menos que recordar el concepto leninista de "propaganda y agitación".


El partido que lidera Pablo Iglesias sabe lo que quiere. En esta caso no quiere el poder, eso vendrá luego. Quiere ser -definitivamente- la voz de la izquierda, aprovechando la debilidad del socialismo entre primarias y una gestora pasada de tiempo. No importa que no haya suficiencia de escaños para derribar al Gobierno y colocar otro candidato, puede que hasta con generosidad infinita se lo ofrezca al nuevo secretario general del maltrecho PSOE. Pero lo que quieren es hacerse ver, enfrentarse como la voz del pueblo harto de ladrones y corruptos, como la revolución necesaria para cambiar España y a su clase dirigente. No hay duda de la enorme propaganda que, en momentos como el presente, genera un pleno de censura con Iglesias dando mandobles a derecha e izquierda.    
A los que cada vez descoloca más la situación es a Ciudadanos. Obraron bien en Murcia, pero quizá no con la contundencia precisa. Ahora, en Madrid, tenían que haber tomado la iniciativa en la Asamblea de la Comunidad. No basta con ser el azote de los independentistas catalanes. Hay que ser reformistas y regeneradores, más allá de las palabras escritas en papeles que lo aguantan todo o que el PP de viejos truhanes firman para luego interpretarlos según convenga. Están en el peor de los lugares. En el medio. Y eso no es el centro político. Es el descubierto en plena guerra de trincheras.  


Sin embargo o no saben o no quieren. Se puede legislar desde la oposición. Para ello sólo se precisa disponer de mayorías simples en el Congreso de los Diputados, y tal como están los grupos sería la manera de conceder a la Cámara de la soberanía popular una oportunidad histórica para someter al ejecutivo al imperio de la nueva ley. Lo que temo es que Podemos tampoco le concede a la división de poderes la importancia que puede y debe tener. Para Podemos lo primero es conquistar el gobierno, y así seguir con el procedimiento de un Legislativo a las órdenes del Ejecutivo.  


Curiosamente, Rajoy se muestra como un político de perfil bajo, pero con una capacidad de resistencia infinita. Ha descubierto que Don Tancredo era un sabio. Se acostumbró a esperar, y es que alguien, en sus paseos por Galicia del sur, le debió de contar que los problemas que tienen solución se resuelven solos, los otros no se resuelven y tratar de hacerlo es quemarse sin motivos.
 

Pero temo que Unidos-Podemos y los nacionalistas-anarquistas catalanes, lleven su fiebre tan lejos que provoquen el primer gran conflicto del siglo XXI en España.  
   

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