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Ernesto Ladrón de Guevara
Domingo, 7 de mayo de 2017

El abrazo de Rajoy con el PNV: ¿Un mal menor o un mal mayor?

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Rajoy y el PNV han convertido la política en un mercado persa. Pero esto no es nuevo, ni bueno.

 

Es cierto que un bloqueo de los presupuestos conlleva problemas muy serios para la economía en España y para la normalidad, que significa tener unos presupuestos que permitan programar actuaciones. Los presupuestos son el instrumento principal de la acción de gobierno. Sin éstos no se pueden poner en marcha políticas proactivas ni programar actuaciones de desarrollo y bienestar. Es una forma de paralización de la vida política y económica pues unos presupuestos prorrogados  no son la herramienta para abocar situaciones novedosas y prevenir riesgos sistémicos futuros.  En ese sentido es una buena noticia que la acción parlamentaria no haya puesto en el dique seco las principales líneas de gasto e ingreso para el ejercicio correspondiente. Eso sin entrar en el contenido concreto de dichos presupuestos que sería objeto de un análisis que no corresponde a este artículo.

 

Pero lo que no puede admitirse es que el principal partido de la oposición, el PSOE, ponga en las manos del nacionalismo la resolución de esta situación, ya que es el cuento de nunca acabar. Siempre, los nacionalistas, con unos pocos escaños en el Congreso de los Diputados, actúan de bisagra y condicionan las políticas presupuestarias, sacando provecho de la necesidad de sus escaños para lograr la mayoría suficiente para aprobarlas.  Prácticamente en todas las legislaturas, salvo aquellas en  las que los principales partidos han sacado una mayoría absoluta, han sido los nacionalistas los que han rebanado la hacienda pública para su provecho, no para dar coherencia a la acción de gobierno o para favorecer al conjunto de los españoles. Al respecto cabe la calificación de chantaje con finalidad de lucro, pues cualquier política ha de tener como horizonte el bien común, y no el particular, aunque sea una comunidad autónoma la beneficiada  de hacer la necesidad virtud.

 

Hace tiempo que el artículo 14 de la Constitución Española ha quedado sin efecto práctico y la igualdad de todos los españoles ante la ley es una mera declaración de intenciones sin valor.  Vivo en el País Vasco, pero la situación de ventaja que provoca el nacionalismo chantajista es injusta de raíz. No es normal que los vascos no contribuyamos al sostenimiento de los servicios comunes. Si Euskadi fuera independiente estaría claramente desfavorecida con respecto a la actual situación de trato de privilegio. Yo no estoy de acuerdo con estas políticas pues rompen la estructura del funcionamiento del Estado, la cohesión territorial y la solidaridad interregional. Una cosa es el sostenimiento del Concierto Económico y otra que no cumplamos nuestras obligaciones con el resto de España.

 

El actual endeudamiento de la hacienda pública es insostenible y el Estado autonómico hace agua por todas las partes porque es una tremenda alcantarilla por donde se va el dinero sin ninguna contención. Estamos más endeudados que antes de la crisis y una vuelta a una hipotética nueva crisis nos llevaría a la total insolvencia para hacer frente a nuestros compromisos crediticios.  Es preciso reducir los aparatos de las administraciones públicas, absolutamente sobredimensionadas e ineficaces, recortar partidas que lastren el crecimiento del PIB y reducir la presión fiscal para favorecer el desarrollo económico y ajustar los ingresos a un Estado redimensionado con criterios de eficiencia y eficacia.  Es decir, en definitiva, tener como parámetros de la acción política el bien común y no el interés y beneficio de los partidos políticos, las corporaciones de todo índole o los grupos de  presión que siempre están a la zaga para llevarse una buena tajada del dinero de nuestros impuestos, como en el caso que comentamos del PNV.

 

Por ejemplo, no tienen ningún sentido gastos despilfarradores como la Y griega vasca para unir capitales que distan cien kilómetros o menos entre sí cuando hay zonas situadas en los vértices de la Península prácticamente aisladas en la red de comunicaciones o con medios de transporte de hace un siglo, nada modernizados, mientras que Cataluña y País Vasco se llevan la parte más sustanciosa de la tajada económica por su poder de presión y de desestabilización. Si desde el principio se hubieran dejado las cosas claras y no haber dado pábulo a lograr beneficios por canales privilegiados en razón a la capacidad de presión, no habríamos llegado a este punto en que nos encontramos y tendríamos las reglas de juego claras. Por esta vía todas las comunidades se  pueden embarcar en dinámicas separatistas y esto se convertirá en algo ingobernable. Es hora de poner orden y pie en pared, cosa que Rajoy no está dispuesto a tenor de las concesiones ilimitadas que está haciendo a Cataluña y ahora al País Vasco, abundando sobre situaciones de privilegio que la propia Unión Europea ha advertido que son una anomalía a corregir.

 

Es hora de demandar tanto al PP como al PSOE visión de Estado y exigirles que acuerden políticas para el bien común de todos los españoles, y por ello es el PSOE el que debería haber evitado esta situación sin provocar ni la devolución de los presupuestos ni la puesta de la llave para avanzar en los presupuestos generales del Estado en las manos del nacionalismo.

 

Y también viene siendo hora de modificar la ley electoral para impedir que los nacionalistas tengan siempre la última palabra, representando tan solo a una mínima parte del electorado español. Esta situación sería inaudita en otros países de la Unión Europea; luego, por tanto, hay que corregir un problema que venimos arrastrando desde el inicio del actual periodo constitucional.

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