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Jueves, 11 de mayo de 2017
En 2015, menos del 10% de los cerdos sacrificados como ibéricos eran de raza pura

El Gobierno impulsa mestizajes del cerdo ibérico que están acabando con uno de los productos más exquisitos de la gastronomía española

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Todo comenzó en 2001. Aquel año, el entonces ministro de Agricultura español, Miguel Arias Cañete (PP), dio luz a una normativa (R.D. 1083/2001), que se aprobó sin el dictamen preliminar del Consejo de Estado, y que abriría la puerta a conceder el término de “ibérico” a las diversas progenies híbridas de cerdo concebidas mediante el cruce reproductivo entre sementales de la raza norteamericana duroc y hembras de la autóctona raza ibérica.


Esta decisión crucial impulsó a los principales grupos industriales relacionados con el mundo del cerdo blanco, tanto nacionales como internacionales, a entrar en el nuevo nicho ganadero recién abierto desde el Gobierno de Madrid, ya que la posibilidad de trabajar con razas híbridas cuyos productos podían calificarse como “ibéricos” en el mercado, les facilitaba claramente un importante valor añadido a la hora de competir, dada la buena percepción que este apellido, “ibérico”, tiene en los consumidores españoles.


Así las cosas, decenas de productos derivados de cerdos híbridos (generalmente entre razas ibérica y duroc), alimentados con piensos y engordados en inmensas factorías intensivas, y que muchas veces son sacrificados antes de cumplir los 10 meses de edad requeridos por la ley, llenan los estantes de charcuterías y carnicerías de las grandes superficies, donde conviven con los auténticos productos ibéricos, compitiendo desigualmente con éstos en precio y confundiendo a los consumidores más inexpertos.


En su defensa, el Ejecutivo de Mariano Rajoy, en respuesta a una pregunta del diputado de Ciudadanos Toni Cantó sobre este tema, ha explicado que “es interés prioritario del Gobierno controlar y diferenciar los factores raciales y aportar la información y la trasparencia al consumidor y, por ello, la nueva norma de calidad establece que debe figurar el porcentaje de la raza ibérica en el etiquetado del producto como mención obligatoria”.

 

Pero, tal y como señalan diversos especialistas consultados por este periódico, resulta preocupante que el Gobierno haya desestimado la inclusión y difusión también en el etiquetado del porcentaje de raza duroc, “por no ser relevante” para los consumidores. Dice el Ejecutivo que “el objetivo que persigue la actual norma de calidad del ibérico es precisamente dar a conocer al consumidor el porcentaje de raza ibérica del producto, no el porcentaje de la otra raza que haya intervenido en los cruces (duroc), por haberse constatado que la información de esa otra raza no es relevante, al no haber sido nunca demandada por los consumidores que, por el contrario, sí han manifestado interés en conocer el porcentaje de la raza ibérica”.

 

De este modo, el Gobierno se dedica a decidir por los consumidores sobre la información que éstos demandan como relevante a la hora de comprar productos gastronómicos de primer orden en las cocinas españolas como son todos aquellos relacionados con los “ibéricos”.
 

De cualquier forma, al exigir que todos los productos “ibéricos” incluyan el porcentaje genético de cerdo ibérico del que provienen, el Ejecutivo está reconociendo, indirectamente, que durante más de 15 años los consumidores han sido deliberadamente confundidos, y los ganaderos e industriales del ibérico puro han sido igualmente víctimas de una brutal competencia desleal, por cuanto anteriores normas de calidad no exigían la inclusión de los porcentajes raciales en las piezas cárnicas obtenidas de cerdos que no disponían de la máxima pureza genética ibérica.


El control del sector del cerdo ibérico se encuentra actualmente en manos de dos organizaciones bendecidas y subvencionadas por el Ministerio de Agricultura: la Asociación Interprofesional del Cerdo Ibérico (ASICI), que centraliza el control sobre la industria productora y transformadora, y la Asociación Española de Criadores de Cerdo Ibérico (AECERIBER), que se presenta como  la asociación de raza pura que maneja la rama ganadera, y que tiene trasferida, por expresa delegación del Gobierno, la gestión del Libro Genealógico de la Raza Ibérica.


Varios medios de comunicación han denunciado que estas dos asociaciones, ambas localizadas en Zafra (Badajoz), no sólo figuran hermanadas por su pertenencia al mismo ámbito de intervención, sino que comparten dirigentes.


ASICI está reconocida desde el año 1999, por el Ministerio de Agricultura, como una asociación interprofesional agroalimentaria sin ánimo de lucro, que tiene entre sus objetivos “la representación y la defensa de los intereses comunes de los ganaderos e industriales del sector del cerdo ibérico (…)”. Añadiendo a todo ello, con un enfoque más específico, “la defensa de la raza ibérica pura”, según disponen explícitamente varios artículos de sus estatutos y su declaración de objetivos. Para el cumplimiento y la consecución de estos propósitos, ASICI explica “que promoverá la pureza de la raza ibérica, controlando los cruces a niveles que garanticen la pervivencia de la cabaña ibérica y la especificidad de sus productos”.


Por su parte, la Asociación Española de Criadores de Cerdo Ibérico (AECERIBER) monopoliza desde 1987 el control y la gestión del Libro Genealógico de esta raza porcina mediante una concesión del Ministerio de Agricultura. Este registro censal es el que aúna a los animales que cumplen con los criterios genéticos y de filiación que marca la Unión Europea para ser considerados como ibéricos en grado puro.

 

Solo en la última década, AECERIBER ha recibido 5,78 millones de euros de ayudas de diversas Administraciones del Estado. Este dinero ha salido, fundamentalmente, del Programa Agrícola de Desarrollo Rural, que cofinancia la Unión Europea. Más concretamente, 3,55 millones le han sido otorgados por Agricultura, mientras que la Junta de Andalucía ha otorgado 1,15 millones y la de Extremadura, otros 1,08 millones.


Segun explican diversos especialistas a La Tribuna del País Vasco, el reglamento europeo 702/2014 establece con claridad los requisitos que deben cumplir las empresas y organizaciones que administren Libros Genealógicos para recibir ayudas comunitarias. Define estos archivos censales como “cualquier libro, registro, fichero o registro informático en el que se inscriban o registren los animales reproductores de raza pura de una raza determinada, haciendo mención de sus ascendientes”. De igual modo, deja claro que, “en el caso de que no se cumplan las condiciones de compatibilidad, las ayudas concedidas no quedarán cubiertas por el presente reglamento y constituirán, por consiguiente, ayudas ilegales”.


Un requisito que Aeceriber sí ha cumplido en el caso del registro principal, pero que no lo ha hecho en el caso de la sección aneja. Este archivo auxiliar fue creado en 2008 y ha servido, según las denuncias realizadas recientemente por un grupo de ganaderos al Ministerio de Agricultura, para que se hayan inscrito como ibéricas puras 431.000 falsas madres reproductoras, lo que constituye un 84% del censo total. La propia asociación así lo reconoció en el comunicado con el que contestó a la pregunta formulada a este respecto por el diputado de Ciudadanos, Toni Cantó. “La sección aneja permite la incorporación de hembras con alguna genealogía desconocida o que no fueron registradas en su momento, pero que cumplen el prototipo racial, mientras que la sección principal requiere el conocimiento de la genealogía de dos generaciones de ascendientes como mínimo. Pertenecer como hembra reproductora a la sección aneja del libro genealógico de la raza porcina no garantiza en ningún caso una pureza racial del 100%”, señalaba el comunicado.
 

El presunto engaño tiene dos vertientes. La primera es que se trata de una asociación que recibe dinero, principalmente de los fondos comunitarios, para la gestión de un registro que garantice la pureza de la raza ibérica. Incumplir esa premisa podría conllevar la devolución de esos fondos. La segunda es que los consumidores están comprando, y pagando, jamón como ibérico, cuando muy probablemente puede ser que no lo sea.


Lo que parece claro es que tanto ASICI como AECERIBER, con el amparo del Ministerio de Agricutura, que subvenciona a ambas entidades, están saltándose la normativa que dicen cumplir a rajatabla. Estas asociaciones aseguran “que los jamones ibéricos proceden de porcinos de raza ibérica, única en el mundo, originaria de la península ibérica”, cuando la realidad demuestra que casi el 90% de los jamones agregados a la denominación de raza ibérica durante casi dos décadas han sido obtenidos de animales híbridos.


Según subraya el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España, la raza porcina ibérica figura constituida únicamente por cinco variedades intrarraciales: Retinto, Entrepelado, Torbiscal, Lampiño y Manchado de Jabugo, por lo que el animal resultante de los referidos mestizajes reproductivos entre miembros de la raza ibérica y la duroc no se encuentra formalmente registrado entre las variedades que en su conjunto conforman el exclusivo grupo étnico de esta específica y muy valoradaraza autóctona.


Lo que supone todo esto para la raza ibérica pura se pone de manifiesto en los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Agricultura: durante el ejercicio 2015 (al igual que viene sucediendo durante la última década) se sacrificaron más de 2,5 millones de cerdos cruzados, y tan solo 279.925 cochinos, el 10%, de raza ibérica autóctona.

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