Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Pablo Mosquera
Domingo, 14 de mayo de 2017

Los partidos nacionales pierden Álava

Me dediqué a comprobar el mapa municipal de Álava. Lo hice con la nostalgia de aquellos tiempos pasados en los que PP y UA nos disputábamos la supremacía del territorio menos nacionalista. Había cuadrillas como la Rioja Alavesa dónde los alcaldes y corporaciones eran "feudos" constitucionalistas. Debo recordar que en las elecciones municipales y forales de 1991, desde la cuadrilla de Vitoria hasta la inmensa mayoría del territorio Foral de Álava, nos lo disputábamos entre los denominados partidos constitucionalistas y foralistas. En 1991, el Gobierno Foral de Álava tuvo que recurrir a un pacto entre PNV y PSE para evitar que gobernáramos los foralistas de UA. Ganamos en Vitoria.
Curiosamente, en la medida que tanto PSE como PP se ocuparon de Álava y acudieron al discurso de UA, fueron avanzando y achicando el espacio a Unidad Alavesa, No obstante, en julio de 1999 tendría lugar el momento cumbre del cambio político. PP y PSE descubren que Álava debe ser la frontera al nacionalismo y para ello, Buesa-Rabanera-Mosquera llegan a un acuerdo y conforman el primer gobierno constitucionalista del País Vasco, tanto en la Diputación Foral alavesa como en el Ayuntamiento de Vitoria. Ahí comienza la carrera política de Alfonso Alonso Aranegui.  


Aquel Gobierno Foral en Álava y en el ayuntamiento de la capital de Euskadi eran todo un símbolo de conducta política. Si en el resto de la nación las diferencias entre la derecha y la izquierda las marcaban PP y PSOE, en Euskadi la cuestión eran las diferencias en el concepto de democracia. Algo similar a lo que sufren los españoles que actualmente viven en Cataluña. Para el nacionalismo, la democracia estaba en el derecho a decidir y desobedecer la Ley del Estado, con el agravante de la defensa del conflicto por medio de la violencia, de ahí que consideraran a ETA la vanguardia del proceso para la construcción nacional.


Pues bien, hasta que los partidos nacionales no asumieron que la refundación de la democracia en Euskadi precisaba de un gran acuerdo para Álava, que dejaba por primera vez fuera al PNV - ya que quien forma parte del problema nunca puede formar parte de la solución del  mismo-, hasta ese momento,  que da lugar a un pacto para sumar y gobernar en Álava, no comienza -julio de 1999- la conducta política que cambiará la situación institucional en Euskadi. En tal idea y a modo de "bisagra" actuó Unidad Alavesa. Algo parecido a lo que lleva tiempo pretendiendo en España, Ciudadanos, para alcanzar un cambio hacia reformas y regeneración del sistema.


Ramón Rabanera, rpesidente del PP en Álava y veterano político de la derecha, tuvo la feliz idea de constituir un Gobierno con personas que no necesitábamos la política para vivir, de hecho, cobrábamos trienios por venir de altos puestos en la administración pública. A ello se unió una feliz idea: que Álava fuera "la frontera al nacionalismo" y " el punto de encuentro" de todos los que deseábamos terminar con el contencioso de Euskadi con el Estado español. Ese fue el objetivo y ese el gran éxito que tratamos de trasladar a las elecciones autonómicas dónde se enfrentaron Ibarreche y Mayor Oreja. Uno, con el famoso Pacto de Lizarra y el otro, con aquel gran acuerdo con Nicolás Redondo Terreros, para conseguir que en Ajuria Enea se sentara un Lendakari, leal a la Constitución, para defender los derechos fundamentales y sociales de los españoles que residían en Euskadi.


Lamentablemente, todo aquello forma parte del pasado. La generación denominada de Miguel Ángel Blanco, la desaparición de Unidad Alavesa, la sustitución de los políticos socialistas de la talla de Ramón Jáuregui y Fernando Buesa, dieron lugar a políticos incapaces de trasladar a los ciudadanos conciencia de la enorme importancia de Álava en el equilibrio de fuerzas y Territorios. Aún así, con los anteriores ya desaparecidos, se favoreció el acuerdo para que gobernara Patxi López y se terminara definitivamente con los acuerdos directos e indirectos entre PNV y los radicales de Otegui.


Evidentemente hay que comenzar por analizar a los socialistas alaveses, gobernados por Charli Prieto y Patxi Lascoz. Dos individuos sin oficio ni beneficio. Dedicados a las "mañas" de la política, en cuerpo y alma; lograron "despegar social y económicamente" en Vitoria, gracias a sus oportunidades políticas. En el PP, aparece un personaje que todavía se mueve entre las bandolinas del teatro, tanto en Euskadi como en la sede del PP de Madrid. Me refiero a Iñaki Ormazabal, procedente de las juventudes de UCD, luego en la Democracia Cristiana de los Oreja, para finalmente apropiarse de la fontanería del PP en Álava, saltar al Parlamento vasco y desde ahí, gracias al "sistema florentino", llevar y traer, entre Euskadi y Madrid, "apuñalando" a María San Gil y al propio Antonio Basagoiti.

 

Hoy, el atemporal Oyarzabal, con su complejo de Peter Pan, sigue manejando los hilos de la fontanería en Madrid, crecido en cenáculos demasiado importantes para alguien que sólo supo vender camisas, de ciertas marcas, en una boutique en el centro de Vitoria. Resultado. Hoy, Álava ha perdido la conexión entre pueblos, ayuntamientos, juntas administrativas y barrios, con el PP. Está en manos del PNV o de fuerzas emergentes como Bildu o PODEMOS, lo que, con el paso del tiempo, será un grave inconveniente para hacer política leal al Congreso de los Diputados, ya que los constitucionalistas retroceden y los "posibilistas" avanzan.


En aquellos tiempos de finales de los noventa, Álava tuvo a los mejores, por historial profesional, en el Gobierno Foral del Palacio en la plaza de la provincia, con inauguraciones como el Museo Artium, el Congreso Nacional de Museos para las Ciencias Naturales, los más de treinta eventos deportivos -campeonatos de España o Europa que hicieron de Vitoria la ciudad del deporte, con un Alavés en los primeros puestos de futbol nacional y el Taugrés disputando los primeros puestos de las grandes competiciones de la ÑBA, amén de cuidar al mayor número de deportistas olímpicos en relación a número de habitantes en la provincia.
 

Lamentablemente se ha perdido Navarra y Álava vuelve a ser un silente lugar dispuesta a recibir las órdenes del PNV y su, otra vez, socio colaboracionista, el PSE.

 

[Img #11394]

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
1 Comentario
iñigo
Fecha: Viernes, 27 de octubre de 2017 a las 13:42
¡Qué interesantes palabras de Pablo Mosquera! En efecto, hoy el constitucionalismo en Álava sólo se mantiene a duras penas en algunos municipios de la Rioja alavesa. ¡Es intolerable! Cuando se sientan fuertes empezarán a eliminar referencias españolas del callejero de Vitoria. Y después de eso empezará el propio proceso vasco independentista. No lo podemos permitir. Lástima que ya no haya gente como Mosquera en la política vasca, ni se espere que lo haya. Los partidos no nacionalistas están desaparecidos. Impresiona que Mosquera diga que nadie se atrevió a contradecir el peso electoral de Álava. De ninguna manera lo aceptarían hoy... muestra de que Álava ya está conquistada. ¡Hasta Navarra lo está, a pesar de su autonomía!

La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress