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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 15 de mayo de 2017 | Leída 105 veces
Análisis en profundidad

La izquierda necrofílica y un partido sin marco de referencia: C’S

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Lo que voy a decir dará cartuchería a los demagogos de turno para calificarme como franquista. No me preocupa lo más mínimo. Cada uno de nosotros es fruto y efecto de su biografía y la mía tiene componentes claramente liberales y demócratas. Otros no pueden afirmar lo mismo.

 

El último acuerdo de la mayoría  de las Cortes Generales sobre la exhumación de los restos de Franco y de Primo de Rivera me sume en la tristeza y en la desesperanza. Los valores de la Transición democrática que nos posibilitaron superar el enfrentamiento incívico entre los españoles, que cuajó en la Guerra Civil de 1936, han sido ultrajados y violentados con la actitud de los partidos de la mayoría de la Cámara que representa la soberanía nacional. La democracia no lo justifica todo, y este afán de resucitar las dos Españas, de revivir el enfrentamiento entre españoles, de remover a los muertos de sus tumbas, me produce un profundo asco y arcadas. 

 

En 1978, los españoles decidimos superar la dictadura que fue el fruto de aquel enfrentamiento entre españoles y abrir un nuevo recorrido histórico desde la concordia, haciendo borrón y cuenta nueva.

 

Algunos podrán decir  -a mi juicio sin razón- que la sublevación de las fuerzas comandadas por Franco fue un golpe contra un gobierno legítimo, el surgido en las  elecciones de 1936. Yo creo que tan ilegítimo fue aquel golpe militar como la situación producida por el asalto al poder de las izquierdas en abril de 1936 violentando el marco constitucional republicano y suplantando a las urnas, llevando el caos y la violencia a las calles y provocando un proceso revolucionario ajeno a la proyección de la voluntad de los ciudadanos sobre la vida política. El libro “1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular” de Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, de Editorial Espasa, es claramente demostrativo de esta tesis de un proceso de subversión prosoviética que se inició en la revolución de octubre de 1934 y que culminó en ese asalto al poder sin el más mínimo respeto al dictamen de las urnas.

 

Cito algún párrafo de ese libro que contiene datos y documentación irrefutables desde el rigor de las fuentes consultadas y la técnica historiográfica:

 

“Si  los resultados electorales se saldaran con una derrota, el periódico [El Socialista] glosaba las palabras de Caballero en Alicante: los socialistas irían ‘a la guerra civil declarada’. Lo confirmó Manuel Albar en Zaragoza (19 de enero): si ganaban las derechas, repetirían otro movimiento como el de  ‘Octubre’ ‘para obtener el triunfo definitivo del proletariado’ Tras él, Jiménez de Asúa advirtió que los socialistas no volverían ‘a participar jamás en el Gobierno con los republicanos’ Evaluando mejor que el mismo Caballero los déficits de reciprocidad del pacto, Asúa avisaba en sendos actos en Madrid (2 y 5 de febrero) que el ‘apoyo de las masas proletarias’ al Gobierno republicano vendría definido por la forma en que comenzaran a cumplir los compromisos adquiridos. Y aseguró también que las izquierdas no se detendrían en una depuración solo de las fuerzas del orden, sino que ‘echarían a los funcionarios desafectos al régimen, porque esa es la obligación de defensa del régimen’ “

 

“A la situación en ayuntamientos y cárceles se le sumaron las represalias directas, no relacionadas con las anteriores, contra los partidos de centro y derecha. Se repitió entonces un patrón definido en buena parte del país: primero el asalto a sedes y periódicos de las derechas, luego la violencia antirreligiosa o las agresiones a católicos, y, finalmente, los ataques a los domicilios sociales de la patronal o a los círculos agrarios”.

 

Y la manipulación de los resultados electorales fue flagrante como revelan los múltiples casos reflejados en el libro de los cuales pongo a título de ejemplo el siguiente:  “Y es que, ciertamente, el caso de La Coruña fue paradigmático. Su escrutinio fue interrumpido varias veces, y de forma ilegal, a instancias del gobernador interino. Las anormalidades comenzaron el día 20, cuando solo comparecieron tres vocales de la Junta y el gobernador ordenó suspender la reunión hasta el día siguiente. Varios vocales alegaron luego que no habían acudido por no garantizárseles su seguridad. Y es que la reunión coincidió con los graves disturbios de esa jornada en la capital coruñesa. Al día siguiente, después de unas pocas horas de actividad, el gobernador interrumpió el recuento oficial por cuestiones de orden público, y lo mismo haría al anochecer del día siguiente. Los medios conservadores lo acusaron de querer ganar tiempo para sustituir actas y modificar el reparto de escaños que, según sus datos, era contrario al Frente Popular. Más allá de eso, lo que el acta de la sesión confirma es la lentitud en la recepción de los pliegos, muchos de ellos admitidos con la Junta ya constituida y el recuento empezado”.

 

O esta cita, por abundar en los numerosos atropellos a lo largo de la geografía española:  “Tan palmario como el anterior fue el fraude en Cáceres. Como se vio, el recuento oficioso había otorgado el triunfo al centro-derecha. La tumultuosa sustitución del gobernador conllevó, la noche del 19, la inmediata del presidente de la Diputación, relevado por el socialista Santiago Sánchez Mora. El secretario de este organismo puso sobre aviso al candidato monárquico, Honorio Maura, de que esa noche Sánchez Mora y el candidato de UR, Faustino Valentín, le requirieron la entrega de la documentación electoral que custodiaba. Como el funcionario se negó, Sánchez Mora lo relevó ‘por enfermedad’ sustituyéndolo, interina e ilegalmente por cuanto no reunía los requisitos para el cargo, por un militante socialista, José Herrera Quiroga, que quedó al cargo,  de las actas electorales. El cambio en la secretaría tuvo el efecto buscado, como pudo comprobarse la mañana del 20, cuando se constituyó la Junta. El ambiente era tenso: la Audiencia estaba literalmente tomada, dentro y fuera del edificio, por militantes y simpatizantes del PSOE. Los que accedieron a la sala no dudaron en interrumpir el escrutinio e intimidar a la Junta y a los candidatos conservadores presentes con gritos e insultos. Estos, Víctor Berjano y Teodoro Pascual, advirtieron el cambio de secretario y protestaron la capacidad e Herrera para ocupar el puesto. Sus denuncias subieron de tono cuando se apercibieron de que la documentación electoral de siete municipios venía con el lacrado roto y los sobres abiertos. En cinco mesas había desaparecido el acta de votación,  mientras el resto otorgaba al Frente Popular 5.621 votos por 1.021 de sus rivales. Estos datos entraban en contradicción con las certificaciones que poseían los candidatos conservadores, iguales además a los datos publicados por el Gobierno Civil los días previos: a falta de dos mesas, el centro-derecha había obtenido en esos pueblos 5.872 votos por 2.375 del Frente Popular, proporción que concordaba con el resultado de 1933. Significativamente, los resultados  de estos pueblos, que habían comenzado a publicarse en el Boletín Oficial de la Provincia como era preceptivo, dejaron de hacerlo con el cambio de autoridades […]”.

 

Aquel gobierno del Frente Popular tomó al asalto sus cargos sin esperar a la confirmación del escrutinio y con la violencia en las calles. Fruto de aquella violencia murió asesinado más tarde José Antonio Primo de Rivera, al que ahora se intenta exhumar junto a los restos de Franco, cuando no pudo formar parte de la sublevación militar ni de la posterior dictadura porque estaba muerto. Y ahora se le trata de hacer víctima por doble partida. Primero le asesinan y ahora le intentan retirar sus restos del lugar donde reposan.

 

El libro citado es suficientemente expresivo y demostrativo, a lo largo de sus seiscientas páginas y fuentes analizadas, de la violencia y subversión del orden republicano en aquel maldito año de 1936 que abrió las puertas a la sublevación franquista. En consecuencia, la memoria histórica, si se abre, habrá que hacerlo al completo y aprender de los errores para no repetirlos, cosa que se está haciendo ahora con este intento de sacar a los muertos de sus tumbas, reviviendo el enfrentamiento entre las dos Españas.

 

Milité en el Partido Socialista durante 18 años, ejerciendo cargos de responsabilidad orgánica e institucional durante una década. Me incorporé en 1982 en aquel proyecto porque aquel Partido Socialista dio carpetazo a las viejas inquinas y apostó por la convivencia, por la paz, y por el orden constitucional. Hoy, desgraciadamente, el Partido Socialista está volviendo a un pasado que nunca se tenía que haber producido, reproduciendo el espíritu de revancha. Zapatero y Sánchez son los principales responsables de ello, aunque no se ve un liderazgo que contrarreste este espíritu desvertebrador para buscar la ecuanimidad y el equilibrio. A la izquierda del PSOE hoy se revive el espíritu representado por Largo Caballero, en contraposición al de Besteiro, que trataba de reconstruir los puentes de la convivencia. Estamos condenados siempre a la polarización que subsume a nuestra patria en las tendencias cainitas y destructivas.

 

Y lo más paradógico es que una fuerza política centrista y liberal como Ciudadanos sigue sin encontrar su espacio para liderar una nueva idea ilusionante de regeneración política  y de construcción de espacios de convivencia, y se suma a los tics de adolescencia política, mientras que la derecha se doblega a la tendencia dominante con sus complejos endémicos. Su abstención no se entiende.

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