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Francisco López
Miércoles, 7 de junio de 2017

Goytisolo: La muerte del Conde Don Julián

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Con pocas horas de diferencia tenía lugar la última masacre yihadista en Londres y el fallecimiento del escritor Juan Goytisolo Gay. Dos sucesos diferentes, que por aquellas ironías del destino, están unidos simbólicamente al mostrar el fracaso de todo lo que había defendido durante su vida este intelectual.


Probablemente, Juan Goytisolo ha sido el pensador que más influencia ha tenido en la política española de los últimos cincuenta años. Adelantado del multiculturalismo, su Reivindicación del Conde don Julián, publicada en 1970, entronizó en el pensamiento cultural español la imagen romántica de un pasado musulmán lleno de esplendor, cultura y tolerancia, que contrastaría con unos reinos cristianos brutales, analfabetos e intolerantes. Por tanto sólo se podía lamentar la pérdida del Islam en España. A partir de ese momento, de una u otra manera esta visión impregnará la forma de ver el mundo islámico por nuestros responsables políticos y culturales. Este proceso se vio facilitado porque la semilla de Goytisolo cayó en un terreno abonado durante el franquismo. En un proceso que ha pasado desapercibido, la Dictadura paulatinamente fue arrinconando la memoria y orgullo de la Reconquista para no molestar ni obstaculizar a la tradicional e indisoluble amistad hispano-árabe.


No es momento de analizar qué había de verdad o no en sus planteamientos. Sí es momento de recordar que nuestro autor construye su ideario basándose en algunas escuelas sufíes. Partiendo de un reducido núcleo de intelectuales musulmanes que ponían el acento en la espiritualidad, haciendo gala de un espíritu más abierto y tolerante y que siempre fueron minoritarios en el ámbito islámico, construye una imagen idealizada de la teoría y práctica de la religión musulmana. Goytisolo vivía en Marruecos, uno de los pocos países donde la influencia sufí tuvo un amplio eco popular. Una nación donde además hay importantes núcleos bereberes, que han conseguido mantener una cultura propia en donde, por ejemplo, la mujer mantuvo unos niveles de autonomía inimaginables en otros lugares, no solo islámicos. Partiendo de una excepción, generaliza a todo este vasto y diverso mundo.

 

El gran fallo de Goytisolo no fueron tanto sus planteamientos sino su incapacidad de evolucionar y asumir sus errores a medida que la dura realidad se iba imponiendo. Enredado en sus propios argumentos falaces y manipulados hasta el final se aferró al mito que había impulsado, incluso cuando todo se derrumbaba a su alrededor.


El sufismo abierto y tolerante ha sido barrido del mapa en un proceso en el que el acento en la espiritualidad ha terminado reforzando a los yihadistas a los que nadie gana en "espiritualidad": hasta dan su vida por Dios. La arabización a golpe de petrodólar está destruyendo las minorías culturales y religiosas de estos países y entre ellas están los bereberes que tan bien conoció. La mujer marroquí aceleradamente pierde espacios de libertad y, a modo de ejemplo, una realidad desconocida: para bastantes "machos" ceutíes, las aldeas montañosas de la Yebala se han convertido en fuente de matrimonios concertados que les proporcionen buenas musulmanas, sumisas, serviles y que admitan ser disciplinadas como Allah manda. Y un gay militante como él tuvo que ver cómo se acentuaba la presión sobre los homosexuales, de modo que cada vez más voces influyentes reclaman en el Marruecos que tanto amó, a las mismas autoridades que le homenajearon y condecoraron, medidas mucho más contundentes que las actuales detenciones gubernativas y penas de unos meses de prisión.


Todo empezó con la traición del conde Don Julián, gobernador visigodo de Ceuta, y la historia vuelve al punto de partida. Su reivindicador, siguió su senda, inoculando en la intelectualidad y la práctica política española un mito que a la postre está erosionando los valores y principios que trabajosamente nuestra sociedad había ido construyendo desde la Ilustración. La coincidencia de su muerte con los atentados en Londres, la gran capital multicultural de Europa, es un símbolo que nos señala a dónde lleva el camino por el que nos introdujo este nuevo conde Don Julián.

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