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Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco
Viernes, 9 de junio de 2017
El futuro de la democracia española, en juego

Los ciudadanos españoles exigimos al Rey, al Presidente del Gobierno y a la Jefatura de las Fuerzas Armadas que defiendan con firmeza la Constitución y la libertad ante los golpistas catalanes

Noticia clasificada en: Secesionismo en Cataluña

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Si el Gobierno central no hace lo que debe hacer y, por ejemplo, no aplica inmediatemente el artículo 155 de la Constitución para detener el Golpe de Estado que el totalitarismo independentista catalán, en alianza con la extrema izquierda, ha puesto en marcha, la situación de España se hará insostenible. Y será una situación intolerable no solamente por el devenir tortuoso que sufrirá Cataluña, y especialmente las decenas de miles de ciudadanos no nacionalistas que viven y trabajan en esta región, sino, sobre todo, porque las principales instituciones españolas, desde la Monarquía a las Justicia, pasando por el Parlamento y las fuerzas armadas, quedarán ante los ciudadanos como instrumentos inútiles que no pueden salvaguardar lo que nos es más querido y más valioso: la libertad, la convivencia civilizada, el respeto a las leyes, la igualdad entre los ciudadanos y la seguridad para nuestros hijos.

 

Ante el Golpe de Estado declarado en Cataluña, el Gobierno de Mariano Rajoy, la Monarquía de Felipe VI y el Ejército español han de saber que los ciudadanos demócratas españoles les estamos mirando fijamente, con tanta atención como desconfianza. Y que esperamos encarecidamente que defiendan nuestros derechos como hombres y mujeres libres que somos, que esperamos que protejan el futuro de nuestros niños (y su derecho a vivir y estudiar en su país hablando en su lengua materna) y que esperamos que resguarden con fuerza nuestro sistema de convivencia de esa contumaz chusma nacionalista, incendiaria y radical que, malversando los recursos públicos, trata de imponer a todos los españoles sus pesadillas más delirantes y fanáticas.

 

En estos momentos de la historia, los ciudadanos simplemente decentes, quienes pagamos religiosamente nuestros impuestos, quienes tratamos de facilitar la convivencia colectiva, quienes tratamos de transmitir ideales de tolerancia a nuestros descendientes y quienes todavía confíamos y creemos en los valores que se derivan de palabras como patria, tradición, familia, estirpe o historia, nos encontramos excepcionalmente irritados por la absoluta incapacidad y el desinterés de nuestras instituciones para defender nuestros derechos más elementales: sobre todo, a la seguridad física, a la protección normativa, a la garantía de podermos entender en español con nuestros vecinos, a la libertad en cualquier parte del territorio y a la esperanza de un futuro para nuestros hijos.

 

Cada vez tenemos menos cosas, menos certezas, menos seguridades y menos confianza en el Estado. Y cada vez tenemos más rabia y más tentaciones de defendernos por nuestra cuenta. Si uno de los nuestros, todo coraje, acaba de dar su vida para defender la vida de una mujer desconocida a la que estaban atacando algunos de esos terroristas que nuestros Gobiernos han metido en nuestros países y de los que ahora son incapaces de defendernos, imagínense qué puede ocurrir si muchos españoles comienzan a tomar las decisiones necesarias y urgentes que sus instituciones son incapaces de tomar… Los demócratas españoles esperamos que el Rey, el Presidente y la Jefatura del Ejército nos defiendan de la sinrazón y castiguen a los golpistas como marca la Ley. Y habrán de hacerlo así, con contundencia, eficacia y rapidez, porque, en caso contrario, podría darse la situación de que una posible independencia de Cataluña pasase a ser el menor de sus problemas.

 

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