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Pablo Mosquera
Domingo, 11 de junio de 2017

Otra vez, Glorioso Deportivo Alavés

Tuve el honor de formar parte en aquel Deportivo Alavés que jugó la final de Dortmund tras una temporada impecable en primera división del fútbol español. Compartía palco y directiva con Antón, restaurador y presidente. Tenía amistad con algunos de aquellos jugadores que compartían vestuario con Jordi Cruiff, con los que hablaba de futbol en un magnífico gimnasio de Vitoria. Por aquellas fechas mi presencia en el deporte estaba ligada a la cartera Foral de Juventud y Deporte 1999-2002 del Gobierno Foral que presidía Rabanera, fruto de un pacto entre PP-PSE-UA, para las instituciones Forales y Municipales de Álava. Pablo era el capitán del equipo, y sólo por culpa de Clemente no llegó a ser internacional con la camiseta de la selección española que dirigía Camacho. Tal cuestión tenía que ver con la presencia del combinado nacional en Mendizorroza, pero Villar no se atrevió cuando el ex seleccionador y miembro del PNV me acusó de provocador con mi iniciativa, para que los vitorianos tuvieran derecho y placer de ver a la selección jugando en Vitoria.


Siempre tuve en la mente que el deporte era un espacio con tres soportes. Buenas noticias para paliar las malas que daba el terrorismo. Fuente de ingresos para la ciudad de Vitoria. Magnífico ejemplo para una juventud adoctrinada por el nacionalismo.
 

Empezando por el final. En un vestuario hay convivencia entre razas, acentos, sensibilidades, culturas y credos. Se trata de ayudar y trabajar juntos. No hay “maketos”, ni “txakurras”, ni “Rh’s”. El deporte en equipo produce amigos para siempre.
 

El programa que tuve el honor de impulsar se llamaba "Vitoria, ciudad del deporte". Me llevó a promover treinta campeonatos de España, en todas las modalidades deportivas. Tuve la suerte de contar con 12 deportistas olímpicos, entre ellos Martín Fíz. Recuerdo y conservo el regalo que me hicieron Maite Zúñiga, Maider Unda, González Galdeano. A este último le ayudé por mi condición de médico para que demostrara su inocencia por un positivo en la prueba ciclista de Llodio. Tuve la visión de proteger y promover la carrera deportiva de la mejor gimnasta española de todos los tiempos, que había sido víctima de malos... en Madrid, me estoy refiriendo a Almudena Cid, a la que ciertos expertos consideraban acabada y que gracias al gimnasio que tuvo en un centro Cívico de Vitoria, recuperó fuerzas, mente y capacidad para competir durante muchos años y con éxito.
 

Dentro de mis recuerdos, uno muy especial para el baloncesto -Taugrés-Vasconia. Me tocó hacer realidad dos copas del Rey en el Buesa Arena. Hubo que adecuarlo. Hubo que correr el riesgo de que fuera utilizado para que "los malos" hicieran una demostración de poder. No lo consiguieron. Aprendí que los israelitas eran unos genios de la seguridad para espacios deportivos. Nos enseñaron, otra vez más, a vivir sin renunciar al espectáculo de masas. Pero hay un equipo al que me tengo que referir para enlazar pasado con presente. Querejeta. Un ex jugador de la élite del baloncesto, que con sus amigos hizo del KAS la semilla para construir una empresa deportiva de alto nivel, capaz de fichar buenos jugadores, cuidar la cantera a través de los colegios de Vitoria -Marinistas-Corazonistas-San Viator- sacar adelante un proyecto sostenible en el tiempo y en la cuenta eficiente de los recursos.
 

La mejor noticia para Álava es que Querejeta, el mejor gestor deportivo que he conocido, se pasará al fútbol sin dejar el baloncesto. Conservo los regalos que me hizo, entre ellos un magnífico libro de fotografías de la época de Sibilio, aquel gran jugador de color que tras estar en el Barcelona se hizo muy querido en Vitoria.
 

La gestión del futbol alavesista ha sido un éxito. Devolver al Glorioso al primer plano del futbol en una liga tan competitiva y con tantas diferencias por presupuesto y población. Hacer del Deportivo Alavés finalista de la Copa del Rey ante el todopoderoso Barcelona de Messi. Recuperar el orgullo albi-azul entre las gentes y sobre todo la juventud alavesa y vitoriana. Conseguir que la plantilla del Alavés fuera una familia, algo que sus jugadores-temporada 2016-17- no olvidarán nunca, de ahí sus encendidos elogios para la ciudad de Vitoria, sus gentes y la competición.

 

Y así llego al primer soporte. Vitoria es la capital de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Una ciudad moderna, con una magnífica planificación urbanística, con un cuidado anillo verde que le ha señalado como ejemplo medio ambiental, con un coqueto campus universitario, dónde tuve la suerte de ser profesor durante más de diez años, con equipamientos y servicios para el ciudadano.
 

Pero quiero parar en dos hechos trascendentales. Por primera vez, y ojalá sirva de ejemplo, la política ha perdido espacio mediático, ante el deporte y la cultura. Una sociedad mucho menos politizada y más ocupada en otros espacios de enorme calado socio-económico. Tuve un sueño que no logré en mi etapa de Diputado Foral. Quise que la Universidad creara en el campus de Vitoria los estudios completos del máster para la moda. Contaba con la ayuda de Modesto Lomba, con el que tenía una buena amistad -pregonero de unas fiestas de San Prudencio- Quise crear un polígono industrial especializado en deporte, desde instalaciones deportivas, imagen, artes plásticas relacionadas, medicina deportiva, moda, mantenimiento, investigación ergonómica y fisiológica del deporte, herramientas… Siempre tuve muy claro que mientras el COI tuviera la capacidad de influencia sólo comparable con el Vaticano, el deporte formaba parte del espacio económico del sector terciario cuyo crecimiento era continuado. No olvidemos que Vitoria, además de instalaciones deportivas, cuanta con el IVEF.     
 

Hoy, Euskadi es lo contrario a Cataluña. Allí además de la crisis que nos tememos puede dar lugar a la intervención, por parte del Estado de Derecho, de la autonomía, sufren el centralismo de Barcelona. Y es que han convertido el deporte en una herramienta más del proceso independentista dirigido por la burguesía, pera impulsado por los anarquistas antisistema. Mientras Euskadi mantiene la convivencia de los equipos deportivos propios en cada territorio y la pequeña Álava disfruta y presume con su Glorioso Deportivo Alavés, el Barca se ha convertido en santo y seña de las antipatías de una España harta del cuento y el victimismo, cuando los que hemos sido damnificados con el trato de Madrid a Cataluña somos otros pueblos de la península Ibérica.    

 

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