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Ernesto Ladrón de Guevara
Martes, 11 de julio de 2017

Hispanohablantes

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El pasado lunes participé en la creación de un movimiento para la libertad. Aunque se trata de la libertad del idioma, para la defensa de la lengua de todos los españoles y contra la opresión lingüística, fue para la libertad, porque de eso se trata, de la libertad de las personas, y, por tanto, de proteger sus derechos. El binomio libertad-derechos es indisoluble. Si no hay libertad no hay derechos, y si no hay derechos no hay libertad. Uno y otro están ligados, son inseparables. Y los derechos son individuales, nunca colectivos. Los derechos no los tienen las cosas ni los colectivos, los derechos son de las personas que son las que en su genuina naturaleza son sujetos de dignidad a proteger. Los derechos colectivos no existen, son la excusa perfecta para atacar a las personas, a los individuos como detentadores de la libertad, de la dignidad como personas y de su individualidad diferenciada.

 

Los gays, las lesbianas, los heterosexuales, los vascohablantes, los catalanohablantes, los negros, los blancos, las mujeres, los hombres, los niños, las niñas… detentan derechos no por ser de un colectivo sino por ser personas. Cada uno de ellos son un bien a proteger. Por eso las lenguas no tienen derechos, no deben ser objetos a proteger como tales, sino los hablantes, las personas que las hablan.

 

Esa era la finalidad de ese consorcio de asociaciones que se ha articulado en torno a una asociación que va a empezar su andadura. Se va a llamar “HispanoHablantes” y tiene como objeto la defensa de los castellanohablantes en España y blindar sus derechos mediante una proposición de ley que se pretende llevar al Parlamento español para que sus señorías, los diputados, representantes de la soberanía nacional, la tomen en consideración. No se trata de ir contra las lenguas autonómicas, que son una riqueza en sí mismas, ni ir contra los padres y madres que eligen como lengua de enseñanza/aprendizaje las que son de naturaleza regional. Se trata de que, con la misma consideración del derecho que tienen a elegir esas lenguas, se proteja el mismo derecho de quienes quieran hacerlo en la lengua común de todos los españoles. Y esto es concordante con lo que estipula la Constitución Española que claramente contempla que es deber de todos los españoles conocer el castellano y tienen el derecho a hablarlo, mientras que las lenguas regionales son un derecho y no un deber. Lo mismo establecía la II República en la Constitución de 1931 que recogía en su artículo cuarto que a nadie se le podía obligar a ni al conocimiento ni al uso de una lengua regional, o en su artículo cincuenta  que la lengua castellana era obligatoria en todo el territorio nacional y se usaría como instrumento de enseñanza en todos los centros de instrucción primaria y secundaria. Es conveniente recordarlo ahora que pululan por ahí tantos republicanos que al parecer desconocen lo que era su matriz de referencia.

 

En definitiva, se trata de defender los derechos del conjunto de los ciudadanos en las comunidades autónomas y del conjunto de España de la que forman parte. No va contra nadie.

 

¿Pero no les parece a ustedes que a esta altura de nuestra historia reciente es un contrasentido y un absurdo que un grupo de ciudadanos lleve a la sede de la soberanía la defensa de su lengua nacional que es la más vigorosa junto al inglés en su extensión por el mundo? Esa tarea la deberían adoptar los representantes de los españoles, o, si no, ¿a quién representan?  Es como si los franceses no pudieran hablar el francés, o los ingleses no lo hicieran con el inglés, etc.  Este sinsentido no tiene parangón en ninguna parte del mundo. En todos los países civilizados los ciudadanos pueden elegir la lengua en la que quieren educar a sus hijos, o la lengua en la que desean hablar si hay alguien que les entienda. Es decir, prima la libertad.

 

Pues para esto tan simple ha nacido esta asociación, con el objetivo de convencer a sus señorías, los representantes de los españoles, que han de proteger derechos, es decir han de proteger a los ciudadanos a los que se supone que han de representar y defender. ¿O si no, para qué les hemos elegido?

 

En fin, queridos lectores. Yo me animo a pedirles a ustedes una ayudita personal. No económica, que también lo necesitamos, sino colaborativa en el propósito de difundir la idea de que unos ciudadanos se han mojado, por fin, para reivindicar algo tan lógico como que en España se hable, se aprenda, y se pueda relacionar con otras gentes en su lengua, el español, o si lo prefieren en castellano. A mí particularmente me gusta más el término español porque es la lengua de todos los españoles. Si se llama así en Argentina, en Venezuela, en Chile y en otros muchos países, ¿qué sentido tiene que aquí no le demos esa denominación?  

 

Para que lean y difundan….  www.hispanohablantes.es     Echen un vistazo a esta página. Merece la pena. Y apúntense en “contacto”. Les necesitamos. Es una empresa muy ambiciosa, y, sobre todo, fundamental.  Ya está bien de que los nacionalistas de izquierdas o de derechas utilicen a los niños, los adoctrinen y usen la lengua para la formación del espíritu nacionalista. Yo acabé hasta sálvese la  parte de la formación del espíritu nacional en tiempos de Franco, y ya es hora de que dejemos a la gente en paz, que hable en la lengua que quiera y piense como le dé la gana, sin comeduras de “tarro” sin formación del espíritu nacional, ya sea éste catalán, vasco, gallego, valenciano o congoleño.  Que nos dejen en paz de una vez.

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