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Pablo Mosquera
Sábado, 15 de julio de 2017

Funeral en Ermua

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Sigo recordando aquellos días del verano 1997. Tras el asesinato en Lasarte del concejal de Ermua, las exequias fúnebres tuvieron una escenificación como acto de Estado.


La Presidencia del Príncipe -hoy, Rey de España-. Los ex jefes del Gobierno. La plana mayor del Ejecutivo, presidida por Aznar. Líderes de todos los partidos -si se fijan en la foto, detrás de mí, está Julio Anguita- Autoridades y personalidades de la vida civil. Creo que no faltaba nadie en torno a los vecinos de Ermua, familia de Miguel Ángel Blanco y Mesa de Ajuria Enea.


No recuerdo el papel de la Iglesia. Sí la incorporación del obispo de Bilbao, Blázquez, desde el primer momento en las calles de Euskadi. A Setién -prefiero olvidarme de tal- optó por la "clandestinidad", ya que en todo el tiempo de su mandato había mostrado un perfil pro-nacionalismo y comprensión ante las actividades de aquellos "chicos malos y descarriados" que jugaban a ser gudaris a costa del miedo del pueblo residente en aquella Euskadi.

 

No recuerdo la homilía del funeral. Pero sí recuerdo que el representante de la Jefatura del Estado tuvo dos detalles dignos de ser contados. Evitó que Ana Botella se fuera detrás del féretro a la salida de la Iglesia de Ermua, dando paso prioritario a los familiares del asesinado; se saltó los convencionalismos del recorrido que imponía acompañar al féretro sólo hasta la salida del pueblo, por razones de seguridad. Y así, subimos desde Ermua a su cementerio por un camino de tierra que podía haber sido tiroteado desde el otro lado del recorrido. Creo que todos íbamos pensando lo mismo...


Para los dirigentes políticos vascos, era un funeral más, ya que los asesinatos de ETA siempre concluían con los mismos ritos: condenas, concentraciones, funeral. Incluso, solían tener respuestas del mundo radical. Se ponían frente a nosotros y gritaban aquello de "¡ETA mátalos!". Pero esta vez al PNV y EA se les veía incómodos. Aún hoy, y sin que se les pregunte, comentan cómo las gentes establecieron una relación entre las conductas de la vanguardia asesina y la retaguardia ideológica.

 

Digámoslo alto y claro. ETA fue el instrumento para presionar al Estado con el fin de ampliar el autogobierno y sus competencias. Insisto en dos hechos que contestan a las últimas palabras pronunciadas estos días por Mari Mar Blanco. ¿Por qué se disipó el espíritu de Ermua?. Por el abandono del PNV al Pacto de Ajuria Enea a fin de construir lo que más tarde fue el Pacto de Lizarra. Por la manipulación interesada de los acontecimientos de Ermua, incluso olvidando a las demás víctimas, aquellas con uniforme que salían de los cuarteles por la puerta de atrás sin hacer ruido.       


Ermua marcó un antes y un después. No por parte de los nacionalistas. No por parte de ETA y su mundo. No por parte de los presos que seguían siendo fieles a la lucha armada como instrumento para doblegar al Estado. Sí por parte del pueblo que les perdió el miedo y se enfrentó con sus opresores. Si en aquellos días hubiera sido posible convocar elecciones al Parlamento vasco, los nacionalistas habrían sufrido una estrepitosa derrota.


La derrota de ETA tuvo dos decisivas actuaciones posteriores. El plan del entonces juez Garzón para dejarlos sin estructura recaudadora y fuera de la ley. La colaboración de la comunidad internacional tras los atentados en Nueva York que les colocó en la lista de terroristas a perseguir, capturar y neutralizar en toda Europa y América. Más de una vez me he preguntado: ¿A qué fuerzas ocultas servía ETA en el mapa geopolítico del sur de Europa?.

 

Y es que nada es casual, todo es causal. El mantenimiento de la base del Reino Unido en Gibraltar; la entrega del Sahara a Marruecos; la milonga de las armas de destrucción masiva; el cambio de concepto sobre Saddam Hussein y El Gadafi. A estas horas de la historia seguimos sin saber de quién recibía órdenes ETA, quién le suministraba el material de guerra, dónde entrenaba a sus comandos, cual es la lista de los colaboradores que proporcionaban información y trabajo a los miembros del entramado, especialmente cúpula, comandos, refugiados tras figurar en los anales de los servicios de seguridad del Estado. 

 
Más de una vez y con las perspectiva que nos da el tiempo amén de haber vivido escenario y concha del teatro, tengo argumentos para decir que muchas historias alrededor del conflicto vasco aun no han sido contadas, no sólo de atentados frustrados por la magnífica labor de la Guardia Civil a uno y otro lado de las fronteras. También hubo negocios inconfesables y una cierta conexión con aquellos restos de la Transición del franquismo a la democracia, y no me estoy refiriendo a la guerra sucia del Estado, pienso más en cómo determinados círculos aprovechaban los problemas de seguridad e incertidumbre para ofrecer servicios de toda índole. Recuerdo con estupor la ingente cantidad de mediadores nacionales e internacionales que nos visitaban ofreciéndose para intervenir en el conflicto y como había partidas económicas opacas para este tipo de actividad.


Siempre dije: peor que temer un atentado es tener que ir a la casa de una víctima a contarles lo sucedido a su gente. En tal desgraciada situación me encontré cuando asesinan a Fernando Buesa y su escolta Jorge Díaz Elorza, que estaba de "prestado" con Buesa, ya que era escolta de mi unidad para la seguridad. Así que me tocó visitar a sus padres y darles la noticia, incluso a uno de sus abuelos, sargento retirado de la Guardia Civil. Les aseguro que fue espantoso.   
  

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1 Comentario
Pablo Casais
Fecha: Domingo, 16 de julio de 2017 a las 07:43
Fue muy destacable la reacción de Otegi a la victoria de Donald Trump.

http://www.elmundo.es/espana/2016/12/09/5849bbbce5fdea945c8b4586.html

Le felicitaba y le invitaba a "seguir cooperando" Obviamente hacía referencia al papel que los servicios secretos americanos y el Nuevo Orden Mundial han tenido históricamente en la creación y mantenimiento de la actividad de la eta.
Supongo que lo hacía en parte para infundir ánimos a su gente frente a lo que aparentaba ser una derrota de su ideología en el ámbito internacional. De forma implícita, decía que esa aparente derrota en realidad era una victoria, o era irrelevante, ya que su labor histórica y su razón de ser no tenía tanto que ver con temas ideológicos, como ser parte de una alianza o movimiento internacional de la que todos forman parte; la eta y las élites americanas ya sean estas demócratas o republicanas.
Sin embargo, ese intento de insuflar ánimos a su gente, supone al mismo tiempo el reconocimiento de que no tienen ninguna ideología, de que son simples sicarios al servicio de dichas élites, de que son pura y llanamente asesinos, pero dudo que el rebaño batasuno sea capaz de captar todos estos matices.

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