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Carlos X. Blanco
Domingo, 29 de octubre de 2017

La restitución de Las Españas

[Img #12536]En una ocasión tan álgida como la de estos días, voy a hablarles de un libro. La ocasión álgida es que unos delincuentes pretenden hacer merma de la soberanía nacional, violentando leyes, y apropiarse de un territorio y de una identidad. La ocasión grave, dolorosa, la del golpe en Cataluña, es también ocasión propicia para la lectura de libros.

 

Leamos libros y no sólo mensajes fugaces en redes sociales. Hagamos algo más que reaccionar ante memes llenos de burla o de furia como los que hoy, virtualmente, tanto se prodigan. La ocasión creada por los sectarios, cual es atacar la identidad catalana, hispanísima, en nombre de una República fantástica, debe aprovecharse también para dedicar horas a la reflexión y la lectura. Los sectarios han impulsado este golpe, que ellos creían fatal para España, y así seguir recortando y matando los restos de nuestro antiguo Imperio, las Españas. Pero los sectarios no sospechaban, quizá, que de su burlesca escenificación podrían resurgir fuerzas telúricas y muy antiguos ardores patrios. Pueden surgir ante la amenaza separatista; pero, para que surjan en orden y conforme a su ser, primero hay que leer.


De las Españas quería hablarles. Así dicho, en plural. No le tengamos miedo al plural incluso en estas horas álgidas, crueles para con nuestra dignidad, lacerantes para quienes saben –orgullosos- que este Imperio, degradado a la condición "Estado-nación" fue siempre plural en su unidad. De las Españas, plurales, pero en modo alguno autonómicas, sino étnicas, identitarias, verdaderamente hermanadas, quiere hablarles un libro que les recomiendo.

 

El libro se titula La Restitución de las Españas, escrito por Antonio Hernández Pérez. No tengo el honor de conocer al autor. Éste se muestra gran perito en materia heráldica, vexilológica, histórica y etnográfica, y yo deseo desde aquí felicitarle. Es un libro bellamente editado por EAS, y tan rico y luminoso como su contenido escrito, resulta también en su aspecto gráfico: mapas, banderas, escudos... reproducidos a todo color. Debe saberse que a una Patria se la ama también por los ojos, como a la persona amada, y por los ojos nos debería entrar el fluido encandilador de nuestro viejo ethnos: emblemas, estandartes, territorios.

 

España, con las armas en la mano, fue desde siempre una Federación de facto, una hermandad de pueblos diversos, grupos étnicos que históricamente fueron convergiendo y gravitando unos alrededor de y por sobre los otros. La nuestra no fue una Federación como las que estiló el liberalismo, la masonería y la socialdemocracia, hecha con urnas y papelitos, federación sin forjar, sólo por "aprobación" en el presente, con desprecio a los muertos y a los tiempos pasados. No: la nuestra fue una Federación basada en la Reconquista, en la desigual ocupación y recuperación de territorios en tropismo imparable hacia el Meridión y hacia las Américas, en un impulso que, en su límite, es impulso "Universal", pues lo Hispano, más allá de una "nación" alude a un modo de civilizar.


La propuesta de don Antonio Hernández rezuma optimismo y fe en nuestro ethnos. Busca hermanarnos a todos los españoles, por encima de envidias, lejos de separatismos, sí, pero también muy lejos de separadores, esto es, de jacobinos y centralistas. Y el justo medio no se hallará, leyendo el texto, en un necio autonomismo que, como todo lo traído por el Régimen del 78, ya parece periclitado. Nada de eso. El justo medio consistirá en volver "por nuestros fueros", y nunca mejor dicho. Volver a la antigua vertebración en Reinos y demás demarcaciones (Principados, Señoríos, etc.).


Hay en el libro que les comento muchas resonancias del Carlismo. El Carlismo fue, a mi modesto entender, el último intento de seguir articulando una España tradicional (ni liberal, ni colectivista), con raíces bien plantadas en el suelo de su tradición, de su sangre y de sus terruños, el último intento de hacer de la Monarquía el nudo que enlaza paternalmente todo un cúmulo de libertades locales y derechos históricos.

 

El separatismo, ya lo vieron los carlistas, no es sino un jacobinismo despótico actuando en las reducidas dimensiones del territorio a escindir. En cambio, la Monarquía tradicional y la tradición federativa y étnica del Imperio, es de por sí unitiva y plural.


Todos esos políticos que nos han venido con sus majaderías de la "nación de naciones" ignoran gravemente estos conceptos. De haber albergado una ligera idea de lo que fueron Las Españas hasta el advenimiento de la política liberal, habrían evitado esos castillos de humo, humo espeso pero nunca sólido de quien desea no pasar por "franquista" (jacobino) ni separatista. Ofende que nos hablen de las diecisiete taifas como de entidades eternas y ya definitivas, y que se oscurezca, por el contrario, la existencia de un Reino unificado de Castilla (y no de dos engendros autonómicos como ahora), de un Principado con dos provincias (Las Asturias de Oviedo y las Asturias de Santillana), de un Reino de León (que no es Castilla), de una Andalucía de varios reinos, de un Reino Navarro que nunca fue "Euzkadi"… Ofende que nadie se acuerde del Rosellón y del África española…O de un Portugal que podría haberse abrazado a una única Corona Hispana. Ya recordar nuestras soberanías y territorios históricos parece un estrambote, y no lo debería ser, pero estrambote y atentado contra la historia fue el que perpetró la banda del 78 recortando y cosiendo provincias como niños caprichosos o caciques irresponsables.


El libro no es un texto, a lo que se me alcanza, de un "tradicionalista" o carlista nostálgico. Antes bien, se enmarca dentro de una corriente identitaria europea que mira hacia el futuro, no abomina de planteamientos republicanos (a pesar del fuerte componente simbólico que la Monarquía aún conserva entre los pueblos hispanos) y pluralistas, próximos a los de la Nueva Derecha Europea, pero mucho más adaptados al ser de los españoles, y con enfoquesmuy avanzados, ajenos por completo al conservadurismo más trasegado.


Lo dicho. En estos días de vergüenza y dolor ante los sucesos en Cataluña, bien venidas sean las obras que, como ésta, nos permitan LA RESTITUCIÓN DE LAS ESPAÑAS.

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