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Teresa Díaz Bada. Psicóloga Clínica. Dirige una consulta privada en San Sebastián.
Lunes, 3 de marzo de 2014

Lecciones de vida

[Img #2651]En una ocasión me contaron que la vida continuamente nos está dando lecciones... el problema suele ser que no estamos atentos, y no sabemos interpretarlas y aplicárnoslas.

Esto me hizo reflexionar y pensar que es cierto que es así, aunque a veces nuestro ritmo de vida y el "ritmo" de nuestros pensamientos nos impidan estar atentos a esas lecciones.

Por ejemplo, cuando nos enteramos que alguien de manera repentina ha fallecido, experimentamos tristeza y pesadumbre, poniéndonos en la situación de que, si eso nos ocurriera a nosotros, sería terrible.

Pero ¿y si la lectura que hacemos es que, siendo algo, indudablemente triste e inevitable, por lo que todos pasaremos algún día, lo interpretásemos como un aviso para vivir el día a día de otra manera?

Por ejemplo: ¿es necesario angustiarse tanto por tal o cual cosa, que no depende de nosotros?; ¿es necesario culparnos y machacarnos por tal o cual error cometido, en vez de asumir la responsabilidad del hecho e intentar modificar nuestro comportamiento?

¿Es necesario anticipar que, como estamos en crisis, hay que "intuir" posibles catástrofes en nuestras finanzas y vivir angustiados todos los días?

Con estos interrogantes, no quiero decir que no haya que ser previsores y precavidos.

Pero lo que generalmente hacemos es pensar en males o catástrofes que todavía no han ocurrido, en vez de disfrutar cada día de lo que tenemos en ese momento.

Conseguimos así cargarnos de malestar, de energía negativa, perdiendo capacidad para reaccionar cuando realmente ocurra algo negativo, porque nos encontraremos desgastados emocionalmente, angustiados y nerviosos.

Por eso, para aprender las lecciones que nos da la vida, reflexionemos: las cosas malas ocurren, efectivamente, pero qué bien que no están sucediendo en este preciso momento.

Al hilo de lo que decimos, es muy importante cada día premiarse con algo. No tienen que ser grandes cosas materiales. Pueden ser, por ejemplo, llegar a casa después de un día agotador de trabajo y ponerse música, leer, pasear, tomarse un café tranquilamente, conversar con los que queremos centrándonos en lo bueno del día, no solamente en las dificultades que hayamos tenido que enfrentar. En fin, todas esas pequeñas cosas cotidianas que alivian nuestro estrés y nos recuerdan que esta vida hay que vivirla, pero que, sobre todo, hay que vivirla bien.


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