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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 16 de mayo de 2016

Educación: Cuando lo absurdo se convierte en norma

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[Img #8780]Imaginen ustedes que  una inspección técnica de su ayuntamiento detecta una fisura en uno de los pilares de su casa que, tras mediciones sucesivas, se comprueba que va agrandándose. El servicio de arquitectura municipal insta a hacer una evaluación técnica más detenida a efectos de evitar sorpresas desagradables. Reunida la comunidad de vecinos ésta decide no permitir la entrada a los técnicos por si acaso obligan a hacer obras o determinan la demolición preventiva. Es evidente que si aplicamos la razón kantiana diremos que lo lógico es que el Ayuntamiento acuerde la  intervención preventiva para evitar daños a propios y ajenos en caso de derrumbe.

 

Ahora imaginemos que tras una ecografía el médico decida hacer una biopsia de un tumor detectado en el colon de un paciente. Y, antes de hacer la biopsia, la familia, en votación democrática, acuerde que no se realice la prueba no sea que el pronóstico sea desfavorable al enfermo; y así evitarle una operación quirúrgica. Lo lógico sería intentar por todos los medios hacer la biopsia, no sea que el pobre paciente acabe criando margaritas por culpa de la estupidez de su parentela. ¿O no?

 

Pensemos ahora en otra situación. Usted ha contratado un crucero trasatlántico. Y unos días antes de la partida del buque la naviera le notifica que no hay más remedio que aplazar el viaje pues ha surgido un problema grave que podría terminar en naufragio. Sin embargo usted (o yo si se empeña) decidimos que no, que hemos pagado el viaje y que subimos al barco aunque se vaya a una fosa abisal. Seguramente los responsables del barco le contestarán que verdes las han segado. ¿O no?

 

Pues ahora concretemos el caso que está sucediendo en lo que se llama sistema educativo español, que, menos sistema, es todo.  Salvo Castilla y León, Galicia, La Rioja, Ceuta y Melilla, todas las demás comunidades autónomas (entiéndase autónomas en el más puro sentido de la expresión), es decir 12 insumisas comunidades  no gobernadas por el PP, han decidido no aplicar  las pruebas diagnósticas de 6º de Primaria del Ministerio de Educación. Eso sí…, no se niegan a hacer las de PISA y PIRLS, porque éstas no son del llamado Estado español. Con lo cual el Ministerio, que es tanto como decir todos los españoles, nos quedamos sin saber si se cumplen los estándares de calidad educativa en la mayor parte del territorio “nacional” –con perdón-.

 

Podemos discutir la idoneidad técnica de las pruebas, o si su contenido mide o no lo que se quiere evaluar, o si son fiables a efecto de la obtención de las conclusiones; pero no, la negativa no es por razones técnicas sino políticas, porque es el Ministerio de Educación el que con este tipo de evaluaciones obtiene datos de índole estadística sobre la idoneidad o no de lo que se realiza en cada comunidad, y, por tanto, recomiende correcciones o determine que algo falla en el Sistema.

 

Por si acaso la rebelión va a mayores, cosa que no sé como puede ir a más, salvo que se produzca un 2 de mayo en cada comunidad acuchillando a los mamelucos de turno, el ministro sucesor de Wert ha acordado suspender las pruebas de reválida que se contemplan en la LOMCE, y así que haya paz y reine el consenso, que es como si en los tres ejemplos que encabezan este artículo los médicos consensuaran con la familia suspender  la intervención sobre el enfermo; o el arquitecto municipal determinara que no hay que apuntalar el edificio para que no se caiga, pues existe disenso vecinal; o la naviera decidiera que el buque salga de puerto para que no se enfade el pasaje, pese a haber una vía de agua que inunda la sala de máquinas. Con lo que cada vez entiendo más la displicencia tan criticada del anterior ministro de Educación, que provocó su relevo.

 

La educación es un servicio público tan importante como la sanidad o los bomberos. Sin una educación con criterios de excelencia la sociedad se queda en mantillas en el orden cultural, en el técnico, en el humanístico y en el científico. Clara Eugenia Núñez, en su libro “Las fuentes de la riqueza”, demuestra de forma inequívoca  y rigurosamente científica, como desde la instauración de un sistema unitario de educación que combatió desde 1910 el analfabetismo, aunque de forma claramente insuficiente, la riqueza nacional elevó sus estándares, tanto en el orden económico, industrial, como en el social y cultural. Y autoridades en el análisis sistémico educativo, como Manuel Puelles Benítez, aseguran que el nacimiento de los Estados liberales, y, por tanto relativamente democráticos, llegó de la mano de entramados educativos coherentes y unitarios como troncos que los vertebraron; sin los que no existe ni nación ni Estado. Y eso los nacionalistas lo saben bien, y por ello se empeñan de forma pertinaz en montar sus propios tinglados, para crear sociedades a su gusto y manera y así perpetuarse.

 

Yo entiendo a los cacicatos regionales, pues así es su naturaleza, si no, no lo serían. Lo que no comprendo es la estupidez de algunos padres que jalean el incumplimiento de este tipo de evaluaciones que sirven, aunque no lo sepan, para que sus hijos reciban una educación más apolitizada, más excelente y menos manipulada. Pero para que esos padres lo entiendan así deben estar educados ellos mismos. No hay más sordo que el que no quiere oír.

 


 

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