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Editorial La Tribuna
Miércoles, 26 de octubre de 2016

Cuando la extrema izquierda miserable asuela España

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La chusma de extrema izquierda que, avalada por Podemos, proetarras e independentistas periféricos, impidió ayer en la Universidad Autónoma de Madrid una conferencia de Felipe González y de Juan Luis Cebrián es el mejor ejemplo y la consecuencia más evidente del estrepitoso fracaso que la educación española ha cosechado a lo largo de las últimas décadas.

 

Los estudiantes que ayer “expresaban su protesta”, en palabras de un idiota moral como Pablo Iglesias, coartando la libertad de expresión de los demás, pertenecen al mismo tipo de gentuza ideológica que, hace unos días, apelaba a justificar el apaleamiento de dos guardias civiles en Alsasua y que afirmaba que la lucha policial contra ETA no es una buena estrategia para alcanzar la paz.

 

El hecho de que demasiados profesores y estudiantes afirmen sin sonrojarse que el terrorismo de ETA, “por tener causas políticas”, pueda ser más entendible o más justificable o menos execrable es un claro ejemplo del estercolero ético y de la indigencia intelectual en la que habita buena parte de la izquierda española. Es como si el nazismo, el estalinismo o el islamismo, o tantos otros totalitarismos, por haberse levantado sobre unas determinadas construcciones filosóficas o políticas, fueran más comprensibles, más “respetables” o más aceptables. ¿Qué tiene que ver la política con asesinar a alguien con un tiro en la nuca?, ¿Qué tiene que ver la libertad de expresión propia con coartar la libertad de expresión de los demás?, ¿Cómo puede mantenerse, sin el mínimo sonrojo, que las actuaciones de la Guardia Civil ayudan a la pervivencia de ETA?

 

La extrema izquierda que está azotando a este país con el aval indecente del PSOE en múltiples ayuntamientos y diputaciones, acostumbrada al pesebre económico de los regímenes totalitarios venezolano o iraquí, no duda en argumentar como los miserables que la alimentan. Transmitiendo sutil o mendazmente la idea de que siempre hay una causa “decente” detrás de las bandas terroristas que actúan contra los valores occidentales, se posiciona junto a tantos miserables como abundan en España especializados en aprovecharse de nuestro sistema de libertades, de nuestro estado del bienestar, de nuestras “leyes burguesas” y de nuestro irrenunciable derecho a la libertad de expresión, para tratar de promover una agenda oculta de iniciativas y objetivos que tiene más que ver con la revolución bolivariana y con las revueltas antisistema que con la búsqueda del desarrollo, el progreso y el bienestar para todos los ciudadanos.

 

La izquierda sectaria, excluyente, barriobajera y populista que tan bien representa Pablo Iglesias y corifeos similares no se cansa de exigir guillotinas para todos quienes no rebuznan como ellos. Y lo hace desde un territorio presuntamente impoluto (donde ha sido instalada por algunos de los medios de comunicación más rastreros que hay en Europa) en el que el término diálogo se santifica como una panacea casi mística, en el que el recurso a la “libertad de expresión” sirve para justificar todo tipo de acciones totalitarias, en el que se identifica como “fascista” a todo aquel que se atreve a disentir de su pensamiento único presuntamente progresista y en el que las más inmensas necedades morales e intelectuales, a fuerza de repetirse incesantemente, acaban convirtiéndose en pretendidas verdades colectivas.

 

Quienes amparan a estos miserables han recibido más de cinco millones de votos en las últimas elecciones generales. Y, en el País Vasco, Bildu y Podemos alcanzan casi el 40% del apoyo en las urnas. ¿Qué sociedad puede alumbrarse con esta mugre humana que mezcla proterrorismo militante, ecofascismo, totalitarismo identitario, integrismo ideológico, fanatismo político y una inmunda ideología de género y que, en el fondo, lo único que demuestra es un odio visceral a nuestro sistema de libertades y a los valores éticos que conforman nuestra forma de vida?

 

La respuesta a esta pregunta la proporcionaba Hermann Tertsch en una entrevista publicada en este mismo periódico: “No tengo ninguna expectativa real de ver cambiar las cosas hacia bien. Creo que los dos grandes partidos, por mucho que salven los muebles ahora, son dos entes más que podridos, secos e inanes, lastres inútiles para el desarrollo de España. Por mucho que tengan gentes que inútilmente intenten hacer aun la renovación desde dentro. Otros partidos como Ciudadanos carecen de masa crítica para hacer la gran tarea de la regeneración. Respecto a Podemos y otros grupos extremistas que han surgido, sean éstos separatistas o no, creo que suponen una amenaza totalitaria y que son grupos que, en el poder, inevitablemente degenerarían muy pronto en regímenes criminales. Lo más importante es que en España y en Europa no vuelva a matarse. Y, desde luego, si tuviera dinero para ello, que no es el caso, garantizaría a mi familia y a mis seres queridos si no para esta, sí para las siguientes generaciones, una buena vida… en Estados Unidos”.

 


 

 
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