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Pablo Mosquera
Domingo, 26 de febrero de 2017

Aquellos años en el Parlamento vasco

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[Img #10867]Cinco legislatura en el antiguo Instituto de Enseñanza Media del Parque de la Florida en Vitoria. Con el recuerdo de aquella bronca en la Casa de Juntas de Guernica, cuando el Parlamento vasco de la primera legislatura le montó "el pollo" a S.M. Con el recuerdo del día que un energúmeno de HB roció con cal viva el escaño de mi amigo Ramón Jáuregui. Con mi estreno como voz de Unidad Alavesa coincidiendo con el primer debate sobre el presunto derecho a la autodeterminación. Con la advertencia de que a tal derecho, responderíamos con el derecho foral de la ciudadanía alavesa a decidir cómo una comunidad al margen de Euskadi, a imagen y semejanza de Navarra, y desde luego formando parte de España y de su Estado constitucional de las autonomías.


Cuando repaso los discursos que pronuncié, más allá de la confrontación nacionalismo-constitucionalismo, descubro lo siguiente: por mi condición de médico, profesor de Salud Pública, intensa vida profesional como gestor sanitario, que advierto a sus señorías, incluido el candidato del momento a Lendakari, que los problemas reales de la sociedad del último tercio el siglo XX son: el envejecimiento poblacional, los fenómenos migratorios y la llegada de nuevas epidemias.


Hoy, además de la deuda con los prestamistas de la UE, la falta de empleos estables con salarios dignos, o las guerras a estilo siglo XXI, España tiene un gravísimo problema para atender a las obligaciones del Estado de derecho y social con los pensionistas, entre otras razones por el gravísimo problema demográfico. Supongo que a las instituciones vascas se les habrá quitado de su lista reivindicativa el traspaso de la Seguridad Social.  


Una de mis satisfacciones es que no fue la política quien me abandonó. Fui yo quien dejo la política. Primero dejé Las Juntas Generales de Álava, luego el Parlamento vasco y por fin el Gobierno Foral de Álava, para regresar a mi profesión de médico al servicio de mi Galicia del norte, donde nací. Y a mi regreso llegué a un pacto con las autoridades sanitarias asturianas. Acepté ser director del Hospital Comarcal de Jarrio, con dos condiciones. No permitiría contratos por menos de un año. No derivaría pacientes a las clínicas concertadas, por tanto privadas, sitas en Oviedo.


Viene a cuenta del último rapapolvo al mercado laboral de España, desde Bruselas. Se abusa de los contratos temporales, tanto en el sector público como en el sector privado. Si añadimos la miseria que pagan en muchos casos, se está dando la pobreza con empleo. O sea, a la pobreza vergonzante, de aquellos trabajadores cualificados que han sido despedidos, a la pobreza del que ha perdido su trabajo desde hace años, a la pobreza de las viudas con una pensión incompatible con la carestía de la vida, añado la pobreza del que trabaja por un sueldo miserable en una empresa dónde el patrón gana dinero gracias a la permisividad de la legislación vigente promovida por esta derecha y consentida por esos sindicatos aburguesados.


Mientras, Rajoy anuncia a bombo y platillo que el pasado enero hubo récord de recaudación a la Seguridad Social. Pero el mismo caballero que se proclama exitoso, es el que ha impulsado una subida ridícula-miserable-paupérrima de las pensiones en un 0,25%, cuando en el mismo enero, la carestía de la vida ha subido un 3%. ¿Dónde está la alegría?. Como siempre, a la mesa del patrón.       
En el informe "España 2017", Bruselas señala que padecemos desigualdad, exclusión social y pobreza. Esta última muy por encime de la que se encontró Rajoy cuando llega al gobierno y muy por encima de la media europea. Recuerdo con orgullo cómo a instancias mías el Parlamento vasco hizo debate monográfico sobre la pobreza, sus bolsas y las medidas para evitarla. Y es que no debemos seguir tolerando que se hagan trampas. Una cosa es el crecimiento macroeconómico y otra bien distinta a cuántas personas alcanza en sus derechos ciudadanos. Mientras, uno de cada ocho trabajadores está en riesgo de pobreza. El 28% de la población en riesgo de exclusión social. Uno de cada contrato realizados en el 2016 tuvo una duración de apenas siete días.


Y conste que es la Comunidad Autónoma vasca una de las que se comporta mejor ante estos gravísimos problemas que suponen una devertebración social intolerable, si la comparamos con las ganancias en determinados sectores o en la lista de las fortunas en ciudadanos españoles.


En cualquier caso, los Parlamentos deberían pedir explicaciones y buscar soluciones, sobre un modelo económico en el que unos pocos se forran y otros muchos apenas pueden vivir con dignidad. Sugiero pedir la comparecencia de organizaciones como Cáritas que saben por activa y pasiva la verdad más allá de las cifras oficiales del crecimiento.


Sobre los movimientos migratorios. Cada comunidad debería ejercer la solidaridad con los refugiados. No puede consentir el ser humano situaciones como la de Siria. Máxima cuando es el mundo occidental quien ha provocado la guerra, y detrás el hambre, muerte, enfermedad. Debo recordar cómo en mis tiempos de parlamentario, nos ocupábamos de los campamentos de refugiados del Sahara. O como pusimos en marcha toda suerte de iniciativas solidarias para con Rumanía tras la era Ceaucescu. 

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