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Carlos Roldán López
Jueves, 30 de marzo de 2017

Ahí os quedáis

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Si a cualquier habitante de esta tecnopolis ultramoderna que es Europa le preguntamos qué opina de un sistema político en el que el Parlamento vuelve a ser consultivo en vez de albergar el poder legislativo pensaría automáticamente en un país con un grado de retraso considerable. Si le añadimos que en ese país los ciudadanos no pueden elegir al poder ejecutivo y que las funciones del Ministerio de Economía las realiza un Banco, entonces directamente pensarán en una republica bananera. Si por último les decimos que ese país obliga a recortar en servicios públicos y que colabora con mecanismos de explotación de países ricos en materias primas (Africa) pero fatalmente ahogados en pobreza y que genera la desgracia de la inmigración masiva entonces este ciudadano posmoderno y ultratecnificado pensara en una película de romanos. Un mundo viejo y superado.

 

Pues bien, este mundo viejuno es la Union Europea, con sus esquemas medievales de reparto de poder, con su bipartidismo corrupto sosteniéndole y con los mercados como arquitectos voraces, es la imagen de la vieja tiranía adaptada a los tiempos.

 

Nuestro país llego tarde y dubitativo a un proyecto demasiado moderno para la mentalidad provinciana heredada de la dictadura y que condicionó las pésimas condiciones que Felipe "Pinochet"  González negoció, y ahora se resiste a abandonar un proyecto demasiado viejo y fracasado -además de humanamente injusto-  que lenta e inexorablemente va generando oposición popular en todos aquellos países a los que se les consulta. La patética denuncia del PSOE de que Le Pen y los Verdes habían votado juntos contra el Tratado de Liberalización neoliberal es un signo de que en este momento en vez de preocuparnos por la dirección que tomará el cambio, estamos en una dinámica de alineamiento o resistencia al cambio de los viejunos.

 

Las nuevas formas emergentes de respuesta a la UE a derecha e izquierda son manifestaciones de un agotamiento civilizatorio que es cuestión de tiempo… y que protagonizarán aquellos que lleguen antes. No aprendemos.

 

En nuestro caso,  ademas de despertar de un sueño trufado en pesadilla neofascista en el que se ha convertido la UE a nivel político, resulta urgente la recuperación de la soberanía monetaria y económica. Hay una relación directa entre la imposición de políticas económicas por parte de la medieval Unión Europea con el aumento del paro juvenil y el índice de pobreza. Nuestro país ha caído al nivel 3 ("violaciones regulares de los derechos laborales”) en la consideración de derechos laborales desde 1989 y es objetivo que los fondos necesitados para las pensiones, la educación y la sanidad publicas, la ayuda a los dependientes y el apoyo a las familias exigen decisiones que la UE nunca va a admitir aun cuando fueran mayoritarios los partidos "contestatarios" con la UE… recordemos, las decisiones del Parlamento solo son consultivas y eso es por algo...

 

Esas decisiones requieren a un estado nacional libre de vínculos mafiosos y garante del bienestar de sus gentes y eso es justo lo que la UE impide, incluso pensarlo ("Le Pen y la ultraizquierda han votado juntos “). La economía en territorio UE la dirige un banco. Este estado soberano de nuevo sí puede pensar en federaciones con otros Estados libres (ahora sí podemos hablar de federación con propiedad) pero tenemos que desligarnos de la cosa nostra.

 

El régimen partidocratico erigido por los mercados en 1978 en nuestro país gracias a la traición de la izquierda socialista viejuna nos tiene vinculados a un proyecto suicida económicamente y alineados militarmente con el arma mas mortífera jamas conocida -la OTAN- que nos está haciendo crearnos innecesaria y gratuitamente  enemigos poderosos como Rusia. O empezamos a pensar en términos de cambio civilizatorio y geopolítica a la hora de posicionarnos o vamos dirigidos al desastre. Apocalíptico, sí, pero es que estamos en el apocalipsis. Es necesario un "ahí os quedáis"  y de momento nadie lo está planteando. Pedro Sánchez no lo hará por miedo a no ser sexy.

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