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Javier Salaberria
Domingo, 2 de abril de 2017

La Inquisición española hoy

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Ya no hay autos de fe, ni hogueras, ni potros de tortura corporal. Pero la Inquisición, como algunas instituciones del pasado, lejos de desaparecer, ha mutado. Ha sabido sobrevivir y adaptarse a los tiempos. Ha cambiado de códigos y credos, incluso de metodología y amparo legal. Pero sus víctimas sufren el mismo tormento a través de unos medios que, en lo básico, pretende idéntico fin que su predecesora: eliminar la herejía, juzgando y condenando con escarnio al reo, como advertencia para las masas.

 

Examinemos el poder judicial.

 

¿Quién es juez? ¿Por qué es juez?

 

Si el poder ejecutivo y el legislativo emanan de la voluntad popular -al menos en teoría- el poder judicial emana de la propia estructura del Estado, es decir que se es juez “por la gracia de Dios” (del Estado) ya que nadie elije a sus jueces como nadie elije a sus reyes. Al igual que el monarca, cuyo único mérito para serlo consiste en haber nacido heredero de una corona, el juez es una persona cuyo único mérito es haber cursado una licenciatura de derecho y haber superado unas oposiciones para ser juez. No debe someterse a una evaluación moral, a una simple evaluación psicotécnica, ni debe probar aptitudes respecto a la justicia, la sensibilidad social, o un desarrollo de su formación humana y espiritual. Para nada. 

 

Debe ser un empollón que controle cómo sacarse una plaza en la judicatura y punto. Puede que incluso haga trampas para ello, nunca lo sabremos. Debe conocerse las leyes, aunque no se le pide que comulgue con su espíritu ni con su finalidad ya que no se le evalúa por su calidad humana sino por sus conocimientos técnicos puestos a prueba en una singularidad llamada examen de oposición. Por lo demás puede ser un paranoico, un psicópata, un mentiroso, un maniaco depresivo, un incompetente, un corrupto, un imbécil, un pervertido, una mala madre o un incompetente…Si pasa el examen técnico sobre conocimientos teóricos es juez y el estado le dará lo armará para juzgarnos a todos y nadie le moverá de su cargo ni podrá exigirle nada salvo sus propios colegas del gremio. Si esto no es medieval que baje Dios y lo vea.

 

Algunos de los jueces en activo hoy en día fueron profesores o compañeros de facultad. Les conocí como personas que jugaban al mus, se emborrachaban y fumaban canutos años antes de que vistieran su toga. Y qué quieren que les diga, mi madre tiene más sentido común sin estudiar Derecho.

 

El sistema enseña a medrar en el propio sistema según unas normas endogámicas. La Justicia es algo casi etéreo, espiritual, de otro mundo, y como no podemos medirla la sintetizamos químicamente y la empaquetamos para venderla al por mayor como si fuera comida basura –porque rápida, lo que se dice rápida, no es-. 

 

Por eso dicen que en un juzgado no se hace justicia; y tendrás suerte si se aplica la ley correctamente. Algunas veces, por la carambola del destino, algunos van a la cárcel merecidamente y los inocentes salen contentos del Palacio de Justicia -menuda ironía de nombre-. Es verdad. Incluso a un servidor le ha pasado, puedo dar fe. Pero es como jugar a la lotería. 

 

La mayor parte de las veces sales escaldado. También la Inquisición de vez en cuando mataba a un mal bicho, a un hereje peligroso para la sociedad. Cierto. Uno de cada cien. Su método era parecido al de incendiar un bosque para cazar una ardilla. La ardilla ardía sí, pero no era la única criatura calcinada.

 

Con nuestro sistema judicial pasa lo mismo. Lo de que sea lento y en ocasiones esté colapsado es el menor de los problemas.

 

Además de la calidad humana de los jueces, algo que esta sociedad hace tiempo ha decidido que es intocable, hay otros ingredientes a tener en cuenta.

 

La burocratización hasta el absurdo de los procedimientos y trámites convierte a la administración de justicia en un calvario para el que se enfrenta a ella. Hacienda es más ágil y amable. Con eso queda todo dicho.

 

El acceso a la justicia gratuíta, en principio un beneficio que debería ser universal, como la educación, la vivienda, el trabajo o la sanidad, es doblemente tortuoso. En primer lugar, se exigen tantos requisitos que si no contratas una gestoría puedes volverte loco para obtener el papeleo. Pero como eres un pobre desempleado, por eso solicitas Justicia Gratuíta, lo tendrás que hacer tú mismo y dispones de todo el tiempo del mundo ya que no trabajas. Así te dan un poco de entretenimiento.

 

En segundo lugar, hay personas que no tienen otra ocupación que arruinar la vida de sus semejantes. El estado amablemente les facilita su ocupación ya que podrán interponer de forma totalmente gratuita e ilimitada las demandas y denuncias que creyeran necesarias para volver loco a alguien. Aunque pierdan todas y cada una de las causas iniciadas, el daño psicológico y económico que van a infligir a la otra parte será brutal. Esta práctica es más habitual de lo que ustedes puedan pensar sobre todo entre divorciados, cuando una de las partes decide vengarse de la otra maquiavélicamente. 

 

Caso a parte merecen los peritos. Si hacerse juez es un acto de insondable esoterismo, ser perito, técnico o forense es sin duda la manifestación angélica de la Gracia Divina.

 

“In dubio pro fidei” (en caso de duda se favorecerá la fe –la fe en el perito-) ese debe ser el verdadero lema de los juzgados y no el famoso pero inaplicado “in dubio pro reo”. La presunción de inocencia es un chiste de mal gusto. Aquí todos somos sospechosos y culpables hasta que un perito demuestre nuestra inocencia. ¿Quién perita a los peritos? ¿Cómo es posible que una psicóloga trabajadora de los Servicios Sociales, con más bajas por depresión que un adolescente con mal de amores, víctima de su propio estrés laboral, emita un informe clave para que un juez determine el desamparo o no de varios menores? Es sólo un ejemplo de muchos. ¿No pudiera ser que ese informe esté plagado de errores, falsedades, apreciaciones subjetivas, proyección de prejucios, y sea lo menos científico que se pueda esperar de un informe técnico? 

 

Ese sólo es un botón de muestra del inmenso y terrorífico poder que hemos depositado en una panda de profesionales, muchos de ellos mediocres, que pueden literalmente quemarnos en la hoguera sin que sufran por ello ni un leve remordimiento.

 

De los abogados y los fiscales mejor hablo otro día o puede que tal como estoy de ánimos hoy la tecla me traicione y me plantan una demanda colectiva. ¡Y luego hablan mal de los periodistas! ¡Por favor, somos unos pardillos comparados con esas pirañas!

 

El sistema probatorio y de testigos…Uf! ¡Con la Iglesia hemos topado! Testigos falsos, sin identidad, chapuceramente reclutados y chapuceramente interrogados… Pruebas obtenidas por una policía desbordada por tanta estupidez que le quita tiempo para dedicarse a lo realmente importante, forenses desbordados por informes kilométricos sobre idioteces mayúsculas, denuncias falsas, falsos testimonios, etc. 

 

En definitiva, salvando, como ocurre en todos lados, a algunos esforzados profesionales que dan todo lo que pueden y más, nuestro querido sistema judicial es una institución antidemocrática, autoritaria, caprichosa, derrochadora, corrupta, ineficaz y enormemente injusta, apoltronada en el más absoluto inmovilismo y en la endogamia gremial. Toda una joya de la corona, y nunca mejor dicho. 

 

Cuando el río suena, agua lleva. ¿Han visto el excelente programa de Cuatro sobre los “desokupas”? ¿Por qué prosperan empresas de matones profesionales que defienden los intereses de propietarios y empresarios? ¿Por qué cada vez más nos vamos hacia una justicia callejera frente a una justicia institucional? ¿Por qué acabaremos todos poseyendo armas como en EE.UU. y volveremos a los duelos de honor clandestinos de antaño?

 

Son sólo preguntas retóricas. 

 

Como dicen los anglosajones cuando alguien reacciona desproporcionadamente ante algún error, fallo o sospecha: “¡I didn´t expect the Spanish Inquisition!” (¡No me esperaba a la Inquisición Española!). Ningún ciudadano español de este siglo la esperara… Hasta que da con ella, de nuevo, en los juzgados y tribunales de nuestro sistema judicial actual.

 

Visto para sentencia.

 

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1 Comentario
Fecha: Domingo, 2 de abril de 2017 a las 12:25
Ramiro
He sido secretario judicial, fiscal y juez, y actualmente soy abogado, y puedo dar fe de que todo lo que dice usted ES LA VERDAD.
Hace años escribí y publiqué un artículo que aún debe de andar colgado en Internet por algún medio, supongo, y cuyo título era muy expresivo: LOTERÍA JUDICIAL ESPAÑOLA.

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