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Susana Antolín
Última actualización Sábado, 9 de diciembre de 2017 00:17
Jueves, 27 de abril de 2017
Afirma que hay un 75% de probabilidades de que se produzcan graves daños en las infraestructuras eléctricas

La NASA alerta de que una erupción solar podría provocar graves apagones eléctricos en la Tierra

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Hace unos días, la NASA advirtió que un gran agujero en la atmósfera del Sol estaba direccionado hacia la Tierra, lo que podría derivar en una enorme tormenta geomagnética. Ahora, la agencia asegura que este fenómeno podría tener influencia en el planeta con la aparición de numerosas auroras y el padecimiento de grandes apagones.


Según indica la NASA, ese agujero enviaría vientos solares que podrían causar auroras que se observarían en el hemisferio norte (Estados Unidos y Reino Unido, además de algunas partes de Noruega, Suecia, Estonia, Letonia y el centro de Rusia). Además, habría tormentas magnéticas, clasificadas como G2, que harían estragos en las redes eléctricas, ya que estarían en condiciones de afectar a los sistemas de radiocomunicación e incluso a las operaciones espaciales, informa la web RT citando al 'Daily Mail'.


"Hemos observado este fenómeno numerosas veces, pero esta fue una de las más claras y extensas secuencias que hemos visto en años", han explicado desde la NASA, a la vez que agregan que los "bucles brillantes son partículas cargadas que giran a lo largo de las líneas del campo magnético", a las que, esta vez, lograron captar "durante unas 20 horas".
 

"El campo magnético del Sol varía en un período de 11 años, pasando de un patrón de barras como un imán, con dos polos, a ser algo muy retorcido para luego voltearse totalmente, por lo que el polo norte magnético se convierte en sur y viceversa", explicó la especialista Melanie Windridge, quien agregó que "a medida que el campo se distorsiona y cambia, se forman los agujeros coronales".


Se espera que este agujero envíe vientos solares en dirección a la Tierra, por lo que los meteorólogos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica detallaron que hay un 75% de probabilidades de que se produzca una importante y peligrosa tormenta magnética.

 

Hace unos meses, y como ya informamos en La Tribuna del País Vasco,  el hoy ex-presidente de Estados Unidos, Barack Obama, firmó una orden ejecutiva dirigida a las autoridades federales para mantenerse en estado de alerta anta la posibilidad de una tormenta solar, evento que pondría en peligro las telecomunicaciones de la nación. Una tormenta o una erupción solar, advertía la orden, tiene la capacidad de desactivar buena parte de la red de energía eléctrica, lo que a su vez pone en riesgo instalaciones estratégicas, medios de transporte y suministro de agua.


Estados Unidos se ha tomado tan en serio esta amenaza que recientemente el Gobierno federal ha procedido a una remodelación sin precedentes de todo el sistema de Protección Civil del país, mientras que la NOAA (Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU) ha reconocido que la propia Casa Blanca estaría tomando serias medidas de autoprotección al respecto, con el fin de garantizar la continuidad de la estructura gubernamental en un escenario de estas características tan dramáticas. De hecho, hace dos años Estados Unidos llevó a cabo, en cooperación con México y Canadá, el mayor simulacro de apagón continental de la historia de su Sistema de Protección Civil, con decenas de miles de participantes y cientos de infraestructuras eléctricas de todo Norteamérica involucradas en el mismo.


Paralelamente, estados como Maine o Arizona, o grandes ayuntamientos como el de Bostón, han aprobado sus propias legislaciones de prevención ante posibles eventos de estas características y han reconocido haber adquirido cajas Faraday y recursos de emergencia para combatirlos. La Agencia Federal de la Energía Eléctrica ha promulgado un mandato (Orden FERC 779) que exige, bajo amenaza de fuertes sanciones económicas, a los poderes públicos, a las principales empresas privadas del país y, sobre todo, a todos los operadores eléctricos, cumplir con su responsabilidad y adoptar obligatoriamente medidas básicas de autoprotección de las instalaciones y redes que gestionan.


El Estado de Arizona es el más avanzado en este ámbito y ha promulgado una ley estatal de recomendaciones de preparación ante el pulso electromagnético que establece el deber de su sistema de Protección Civil de adoptar una planificación específica para este tipo de contingencia y el deber de exigir a la población civil determinadas medidas de autoprotección.


Concretamente, la nueva ley de Arizona sobre este tema establece que las instituciones deben desarrollar recomendaciones concretas en relación al tipo y cantidad de suministros que cada ciudadano debe poseer anticipadamente como preparación ante un pulso electromagnético que pudiese desencadenarse sobre los Estados Unidos de América y especificar tales suministros, que deberán incluir comida, agua y suministros médicos.
 
Es el propio Senado de Estados Unidos el que está tramitando una nueva legislación federal para definir una "estrategia de seguridad nacional ante las amenazas de pulso electromagnético", tanto “por tormenta solar como por ataque terrorista” contra el país. Esta normativa, denominada "CIPA" o "Critical Infraestructure Protection Act", que se presentó el pasado mes de julio, abarca también una extensa serie de medidas preventivas que van desde un nuevo protocolo de "rápido aislamiento" de uno o más sectores de la red eléctrica nacional a modo de compartimentos estanco en caso de evento, a un mayor desarrollo de la Orden Presidencial 7 de Barak Obama para la protección de infraestructuras críticas.


ESPAÑA
 

El Ministerio de Defensa español no es ajeno a la preocupación por este problema. De hecho, acaba de finalizar la construcción del búnker más grande del país, capaz de resistir el impacto de las bombas más potentes y de ataques electromagnéticos. El proyecto, financiado por la OTAN, se levanta en la base militar de Torrejón de Ardoz (Madrid) y tiene una infraestructura de más de 10.000 metros cuadrados que albergan el CAOC (Centro de Operaciones Aéreas Combinadas) de la OTAN (que controla el espacio aéreo entre Azores y Turquía) y el ARS Pegaso (Defensa Aérea Nacional española).


Toda la estructura del búnker está recubierta con una capa de cobre para protegerlo contra los pulsos electromagnéticos.
 

 

 

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